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 Amor de verano. Prólogo

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luzoasis

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MensajeTema: Amor de verano. Prólogo   Jue Mar 28, 2013 4:15 pm

Hola!! Aquí iré publicando un libro por capítulos que también tengo en mi blog. Espero que les gusten, pueden comentar, ya saben (ovbiamente) I love you

PROLOGO


Hasta ahora no había comprendido todo lo que habían cambiado las cosas durante aquel tiempo. Todo era muy distinto ahora, y eso podía comprenderlo con tan solo mirar el ligero rastro de su camino.
Lo miró con detenimiento.
Él la observó entrar y ella no pudo evitar bajar la mirada azorada, mientras hacía que no le prestaba atención. Antes de darse cuenta, ya estaba delante del mostrador, y él se encontraba ante ella interrogante.
Lo miró nerviosa.
Se dijo a sí misma que solo tenía que pedirle lo que necesitaba, pagarlo e irse. Pero aquel lugar era su sitio favorito, y no podía dejar de ir solo porque ahora él trabajase allí.
Después de unos eternos segundos, cogió aire y abrió la boca para hablar.
-Necesito unos lápices muy blandos. Los más blandos que haya.
Él asintió y se giró para buscar lo que le había pedido.
Suspiró y se giró para echarle un vistazo a la librería con más calma, esperando a que su madre pagara los lápices y así no tendría que acercarse más al mostrador.
Volvió a sumirse en sus pensamientos.
Un año había sido suficiente para volver a poner su vida patas arriba. Con que facilidad inaudita había perdido todo lo que había querido.
Y por eso ahora se encontraba demasiado sola. Toda la gente que le importaba había terminado alejándose de ella. O ella de ellos.
Además, los planes de su futuro también se habían complicado radicalmente.
Acarició la esquina de un libro. Antes de darse cuenta, se daba la vuelta para caminar de nuevo hacia el mostrador y quedarse allí quieta, al lado de su madre.
¿Me habrá reconocido? Pensó.
Hacía varios años que lo conocía de vista. La primera vez que lo vio ella tenía alrededor de diez años. Desde aquella, cada verano se lo encontraba en cualquier parte como por arte de magia, llamando su atención. Y cada final de verano, él desaparecía de nuevo.
Hubo veces en que llegó a creer que era cosa del destino que los dos se encontraran todos los veranos, pero desechó la idea por ser demasiado fantasiosa y estúpida.
Mientras envolvía los lápices, se fijó una vez más en él.
También había cambiado a las últimas veces que lo había visto. Al parecer cada verano se lo encontraba con un aspecto diferente al verano pasado.
Esta vez él tenía gafas, unas gafas que le daban un toque interesante y profundo, muy distinto al del año pasado, en el cual llevaba una larga melena, ni en el anterior, en que llevaba unas gafas de aviador como si de un chulo se tratase. Ahora parecía más serio y maduro, aunque bien sabía que el aspecto jamás se correspondía con el interior de la conciencia de cada uno.
No estaba segura de si sentía algo por él. En cierto modo lo dudaba, ya que jamás se había enamorado de alguien por su aspecto, y a él no lo conocía de nada. Pero algo le atraía. Y eso no podía evitarlo.
Les dio los lápices mientras su madre le pagaba. Se dio la vuelta rápidamente murmurando un gracias y un adiós apenas audible para nadie.
Salió por la puerta pensando en que le esperaba un verano demasiado largo.
Pero que demasiado largo.

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Jue Mar 28, 2013 6:03 pm

Me encanta! Sabes cual DEBES subir? (si, es que debes, mujer) Saga Nexo. Estoy enamorada (? habia que darle uso al emoticon, eh) de esa saga.
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luzoasis

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Jue Mar 28, 2013 6:20 pm

jajajajaja leiste el que tengo en el blog actual? o invesigaste en el viejo? Very Happy jajjajaja enga, pues también lo subiré a medida que lo vaya reescribiendo ^^ me alegro mazo de que e guste! Very Happy
Siiii

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Jue Mar 28, 2013 6:23 pm

EN el de Un oasis de historias ^^
De verdad, ese me gusto mucho
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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Jue Mar 28, 2013 6:33 pm

jjajajaj leyendo solo prólogo y capítulo 1??? Shocked entonces es que será best-seller (?) jajajjaaj
Me alegro de que te gustase Very Happy tiene más años... uffs, no te preocupes que tendrás Saga Nexo para rato q cinco libros dan para mucho Razz
Ya subo los dos que tengo en un momentito Smile)))

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Jue Mar 28, 2013 6:39 pm

Te lo juro, desde que la chica se mato y fue a parar a la casa de Erik, me enamore
LO he leído, mujer, sera uno de esos best-sellers inolvidables ...
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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Jue Mar 28, 2013 6:44 pm

jajajajaj ojala mujer ojala Razz
Pues ya verás porque los cambios de los libros (es decir, del primero al segundo, y asi seguido), cambia muchisimo todo xD es una historia maaas rara!(ya lo verás Razz )

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Vie Mar 29, 2013 1:05 pm

Leído *w*. Parece bueno, aunque lo romance no son lo mío ewe. Esperaré hasta el próximo capítulo.
¡Saludos!

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luzoasis

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MensajeTema: Capítulo 1   Vie Mar 29, 2013 3:21 pm

CAPITULO 1




-Menudo día… - exclamó asomándome a la ventana de su cuarto.
En el exterior diluviaba, algo muy común por los parajes de Dinamarca. Karen vive en el centro de su capital, con su madre en un piso sencillo y cómodo. En su infancia, vivió en Odense, pero tras la muerte de su padre en un accidente de coche, se mudaron hasta aquí por motivos de trabajo.
Su madre, que estaba barriendo el pasillo, dejó de hacerlo y se quedó mirándola a ella y al frío exterior.
-Ya dejará de llover. ¿Por qué no sales de paseo? Te aburrirás aquí encerrada en casa. Sal con tus amigas.
Karen y su madre, Victoria, tenían una buena relación. Tras la muerte de su padre, el carácter de su madre remitió, provocando un endulzamiento exagerado, por lo que no tenía problemas para salir o para hacer algo.
-Con este tiempo no apetece salir. Además, todas mis amigas están ocupadas.
-¿Y no sabes dar un paseo tú sola? – exclamó su madre.
-¿Con este tiempo? – repitió.
-No llueve tanto, ha llovido mucho más. Te coges un paraguas y un abrigo, y te paras en un bar. Así de paso conoces gente.
-¿Me quieres echar? – le preguntó alzando las cejas.
Su madre alzó la cabeza y la miró.
-Si así sales, sí, te estoy echando. Me desespera verte en el sofá sin hacer nada.
Suspiró mientras se levantaba para prepararse para salir.
Se sentía sin vida, y posiblemente se debía a la lluvia, ya que solía entristecerla y debilitarla. Y vivir en Copenhagen con ese defecto no era un plus en su vida.
Agarró unos vaqueros y una camiseta negra, y luego cogió un jersey para abrigarse del frío del exterior. Antes de salir en busca del paraguas se miró en el espejo.
Su melena era negra y bastante ondulada. Sus ojos eran oscuros, y su piel de un moreno apagado. Era delgada y no muy alta.
Allí, delante del espejo, se sentía normal.
Resignada, agarró por el camino su paraguas.
-Ya me voy, ¿contenta?
-¡Sí! – gritó desde la cocina su madre.
Se sintió con pocas fuerzas para discutir. Su madre terminaba con toda su energía vital. Para cualquier de los chavales de la ciudad sería la madre perfecta, pero ella no era igual que los demás. Era una mezcla entre tranquila, impulsiva y directa. Una madre como la suya era terriblemente agotadora.
Bajó las escaleras y una vez llegó a la calle se paró ante la estampa de la calle herida por miles de gotas de fría lluvia. Estuvo a punto de subir de nuevo a refugiarse a su cálido piso, pero su madre aguaba ese bonito pensamiento. Con todo, abrió el paraguas y salió a la calle sin una dirección fija.
Por el camino se entretuvo mirando a la gente y los comercios que poblaban toda la calle. Tiendas de ropa, joyerías, cafeterías, zapaterías, librerías…
Librerías.
Sus pensamientos de pronto rodaron hacia Axel, el chico de la librería. Su librería favorita.
Como siempre, se preguntó como podía haber parado él en su librería preferida, la única a la que iba casi siempre.
¿Simple coincidencia?
Le encantaba el aspecto de este verano. Con sus gafas, con su seriedad. La verdad es que le gustaban todos sus aspectos cada verano.
Se preguntó si vivía en otro lugar y pasaba allí el verano, ahí la explicación a que su chico de los veranos apareciese solo en esa época.
O quizás no encontrárselo el resto del año era simple mala suerte.
Que se compensaba apareciendo en lugares como aquel.
Sin darse cuenta, sus pasos la llevaron hacía su librería.
Se quedó allí parada, observando la entrada en su mundo. ¿Entraba? No tenía suficiente para comprar un libro así que si entraba era por simple capricho, y ella no quería que el chico pensase mal de su insistentes visitas a la librería. Cierto que era su lugar preferido, pero eso él no lo sabía.
Agarró fuerte el mango del paraguas y siguió avanzando dejando la librería atrás.
Decidió parar en la cafetería de su mejor amigo y así darle una visita. A aquellas horas estaría a punto de salir y así lo acompañaba a casa o cualquiera otra cosa que le ocupara tiempo.
Se resguardó en su interior agitando el paraguas en el exterior para no mojar el suelo. Dejó el paraguas en el paragüero y se sentó en una de las múltiples mesas del enorme local.
Igual que en su casa, observó la lluvia tras la ventana, totalmente hipnotizada.
-¡Karen! – oyó una voz masculina no muy lejos.
Karen giró la cabeza para observar acercarse a un chico de unos diecinueve años, alto, delgado, de ojos verdes profundos y con la cabeza rapada. Llevaba una camisa blanca y unos pantalones negros, el uniforme propio de su trabajo. En la camisa llevaba una placa con su nombre.
Se llamaba Edgar.
-Menuda sorpresa verte aquí. ¿A qué se debe tu visita? ¿Vienes a visitarme a mí o al local? – dijo alzando una ceja vacilón.
-La verdad es que vine a visitarte a ti – Karen le guiñó un ojo – mi madre se puso pesada para que saliese, no tenía a donde ir, vi la cafetería y decidí entrar a darte una visita.
-Mi turno terminará dentro de poco. Si quieres, cuando acabe podemos ir a algún sitio a ocupar ese tiempo libre que tienes – Edgar le sonrió.
-Me parece bien – asintió Karen.
Quince minutos después, Edgar salía sin su uniforme, vestido con unos sencillos vaqueros y una camisa negra.
-Bueno, ¿y a dónde quieres ir? – le preguntó Edgar.
Karen se asomó por a puerta aunque ya sabía que continuaba lloviendo.
-Con este tiempo no hay muchas opciones – sentenció, indicándole que no sabía a dónde.
-¿Y si vamos a la zona de los conciertos que está al lado del gran parque? Allí estaremos tapados.
-Siempre que no haya nadie, me vale.
Edgar y Karen comenzaron a caminar hasta que llegaron a su destino medio corriendo.
-Odio este viento. Así no sirve ni el paraguas – exclamó frustrada mientras se sentaba apoyándose en la pared que daba al enorme parque que se hallaba en frente.
-Te noto más pensativa de lo normal. ¿Qué te pasa? – le preguntó Edgar mirándola fijamente, una vez se hubo sentado.
-No me pasa nada, tranquilo.
Edgar suspiró.
-¿Estás pensando en él? ¿El chico de la librería?
-Axel.
-Sí, ese.
-Puede.
De pronto la conversación se puso tensa y ninguno de los dos supo el por qué.
-¿Por qué no le dices nada? Invítalo a algo.
-Ni de coña. No me atrevería, él es… demasiado guapo para mí.
Edgar se la quedó mirando como si las palabras que habían salido de su boca no hubieran tenido sentido. Y quizás no las tenían en absoluto, pero para Karen significaban mucho.
-No sé por qué te lamentas entonces.
-No me lamento. No estoy por ahí lloriqueando como todas.
-Que eres distinta ya lo sé. Pero si no vas a hacer nada olvídate de él.
Las palabras chocaron con Karen. ¿Olvidarse de él? ¿Olvidarse del chico que aparecía todos los veranos ocupando toda su mente? Aquello era imposible.
Karen se quedó mirando a Edgar. Lo conocía desde que tenían seis años. Desde aquella siempre habían sido buenos amigos, se lo contaban todo y se apoyaban el uno al otro. Por un momento, se sentía feliz de tenerlo a su lado.
-¿Y tú no piensas en ninguna chica? – se atrevió a preguntarle.
-Puede que en alguna – Edgar sonrió maliciosamente para sí mismo.
-¿Ah, sí? ¿Quién? ¡Cuenta! ¡Cuenta! ¡Cuenta! – exclamó emocionada.
-No te pienso decir quién es, pero sí que llevo muchos años colado por ella.
-¿Por qué no me lo vas a decir? ¡Siempre nos lo contamos todo! – se quejó.
-No te lo cuento porque a veces te dan ataques de maruja, y eres un peligro andante. Además de que la conoces y me da vergüenza que lo sepas.
Karen frunció los labios mientras cruzaba los brazos.
-Vale. No me lo digas.
Y no dijo nada más.
Edgar se la quedó mirando seriamente y al ver que ella se hacía la enfadada, sonrió y le dio una colleja.
-¡Eh!
-Lo siento, te la merecías, por mala amiga.
-Sí, aún por encima arregla las cosas – dijo estupefacta, mientras se frotaba el cocorote dolorido.
Edgar sonrió hacia sí mismo y no dijo nada más, mirando seriamente el parque.
-¿Entonces no piensas hacer nada? – preguntó de repente.
-No lo sé. No sé si tendré fuerzas para decirle algo. Cuando estoy cerca me siento demasiado cohibida.
-Extraño en ti, tú que eres tan directa – le dijo mirándola de soslayo.
-Ya, bueno, con él es distinto.
-Claro, ¡Es tu amor del verano! ¡Tu ángel pasajero! ¡Tu chico misterioso! – exclamó teatralmente intentando imitarla, lo que la enfureció más.
-Yo no hago eso.
-Poco te falta – y se echó a reír.
-Vale, tengo unas terribles ganas de volver con mi madre, adiós.
-¡Vale! ¡Vale! – Gritó agarrándola del brazo – estaba de broma, tranquila… Ya paro.
Karen lo miró entrecerrando los ojos y se volvió a sentar de nuevo.
-No creo que haga nada. Pasará el tiempo y me acostumbraré a verle en la librería. Llegará un momento en que comenzará a formar parte de la librería.
Edgar sonrió.
-¿Cómo una columna más? ¿O cómo un libro más? Mira que a ti te gusta leer – y a continuación se echó a reír.
Ante el comentario de Edgar, Karen no pudo hacer más que reírse con él. En cierto modo había tenido gracia.




Cuando Karen volvió a casa, ya eran alrededor de las diez y media. Edgar la acompañó hasta el portal, y pronto se perdió en el fondo de la oscura calle.
Cuando abrió la puerta de su casa, oyó risas en su interior. Al parecer, tenían visita.
-¿Mamá? – preguntó cerrando la puerta tras ella.
-¡Karen! ¿Ya has llegado? Entra, entra…
Karen se asomó al salón. Con su madre, había un hombre no muy alto, quizás de su altura, muy delgado y quizás musculoso. Debía tener alrededor de treinta años.
-Karen, este es Henrik, un amigo mío. Henrik, esta es mi hija, Karen.
Henrik sonrió y se levantó para darse dos besos con Karen.
-Encantado.
-Encantada.
Los dos se sentaron.
-Nos conocemos desde hace muchos años. Hoy nos encontramos por casualidad y lo invité a tomar un café. Está soltero y es un chico muy majo ¿verdad Henrik?
Henrik sonrió avergonzado.
-Sí, más o menos.
-Bueno, ¿y en qué trabajas? – le preguntó Karen por curiosidad.
Henrik se la quedó mirando y sonrió.
-Soy mecánico de coches.
-Ah, un trabajo interesante, la verdad – exclamó su madre.
-Bueno, si te gustan los coches sí. ¿Cuántos años tienes? Estarás estudiando ¿no? – le preguntó de repente a Karen.
-Sí, tengo diecisiete, dentro de unos meses ya seré mayor de edad. Ya terminé el bachillerato.
-¿Y qué vas a estudiar?
-No lo tengo aún muy claro. Aún tengo que pensármelo bien.
-En cuanto se acabe el verano ya tendrás que tener una decisión. ¿Piensas ir a la universidad?
-No lo creo. Es algo demasiado complicado. Prefiero algo más sencillo. Ya pensaré lo que voy a hacer.
Los dos se sonrieron.
-Bueno, Henrik, ¿Quieres algo? Un whisky, vino… - exclamó su madre de repente.
Henrik que estaba escuchando con atención a Karen giró la cabeza.
-Ah, bueno, vale, una copa pequeña de whisky, no mucho que luego tengo que conducir – y sonrió girando la cabeza para terminar la frase mirando a Karen.
La madre, a las espaldas de Henrik, le hizo gestos a su hija para que se fuera.
Karen pronto comprendió que lo que su madre pretendía era ligárselo, y se levantó rápidamente.
-Bueno, me voy a dormir que estoy muy cansada. Que os lo paséis bien.
-¿Ya te vas? – preguntó Henrik apenado.
-Eh… sí, lo siento. Bueno, otro día nos veremos.
Henrik se apresuró a levantarse para despedirse de Karen con otros dos besos.
Karen se apresuró a entrar en su habitación y cerró la puerta con llave. Se apoyó en la puerta pensativa.
No sabía si se sentía contenta o no. Su madre necesitaba dar un nuevo paso. Desde que su padre murió, hace muchísimos años, ella siempre ha estado sola, reacia a buscar un nuevo hombre en su vida, y eso que ella era joven aún. Henrik podía sacarla de esa pesadilla y montar de nuevo su vida hecha añicos. A su madre debería gustarle de verdad para arriesgar de esa manera.
Pero por otro lado, no sabía si entristecerse de que su madre quisiera buscar otro posible padre que reemplazar. ¿Sería capaz de sustituir al verdadero? ¿Ella sería capaz de aceptarlo?
Ni siquiera se molestó en encender las luces. A oscuras dejó su bolso sobre su escritorio y se asomó a su ventana, que tenía un minúsculo balcón que le permitía sentarse en él para observar toda la ciudad.
Se sentó y se abrazó las piernas observando y escuchando como la lluvia continuaba golpeando la calle y los edificios.
Había pasado una buena tarde con su mejor amigo Edgar, y había pensado mucho gracias a él en lo que podría hacer con Axel. Quizás era hora de cortar por lo sano aquella rutina cada verano. ¿Y si le decía algo? ¿Y si se lanzaba? Ella siempre había sido tranquila, pero directa e intuitiva, y siempre hacía las cosas sin importarle nada más. Carecía de vergüenza, ¿Por qué con Axel tenía que ser distinto?
Y entonces pensó en Henrik de nuevo. ¿No le prestaba demasiada atención? Supongo que era normal que la atosigara a preguntas simples como su edad y sus estudios. Aunque la atención que le daba era extraña, incluso la cohibía un poco que estuviera siempre mirando hacia ella.
Agitó la cabeza para borrar todas las ideas y miró hacia el interior de su cuarto.
Mañana era un nuevo día, y no tenía muy claro que iba a hacer. Cada vez se veía con menos ganas de salir de paseo, y no tenía muchas amigas con las que quedar.
Sin contar que hacía alrededor de año y medio que ella y su mejor amiga habían dejado de serlo. Y aún le dolía todo aquello.
Suspiró y se metió en su cuarto tras cerrar la ventana. Quizás mañana decida ir a la librería a comprar un libro.




-Ya lo he decidido, gracias a ti tengo valor para lanzarme – dijo toda emocionada Karen.
Edgar se la quedó mirando dudando sobre lo qué decir.
-Aunque, la verdad, podría estar equivocado, Karen, ¿y si te rechaza? No sabes como es, quizás sea un chulito de esos que nada más verte te ponen mala cara.
-No creo que sea de ese tipo, Edgar…
Edgar se alejó un momento para atender a un cliente. Al cabo de unos minutos volvió.
-No quiero que te haga daño Karen. No quiero que te vuelvan a hacer daño. Solo me preocupo por ti. ¿No crees que es mejor no decirle nada? Cuando termine el verano desaparecerá, y luego puede que no lo vuelvas a ver.
-Pero eso no era lo que me decías ayer – le reprendió Karen.
-Bueno, es que ayer no… - se quedó callado durante un rato, como pensativo -, ayer no había hablado con él.
Karen lo miró con los ojos muy abiertos, sin saber si debía tener miedo o estar contenta.
-¿Hablaste con él? ¿Qué di….?
-¿Karen? – Karen cortó la pregunta al oír que la llamaban, y se giró para ver quien era.
Era Henrik.
-¡Ah, Henrik! – Se levantó medio sonriente para darle dos besos en la mejilla - ¿Qué haces por aquí?
-Nada, venía a tomar algo y te vi y dije: ¿Esa no es la hija de Vitoria? Y mira tú que sí lo eras – sonrió.
-Karen, ¿No me presentas a tu amigo? – dijo Edgar mirándolos a los dos.
-Ah, sí, perdona. Edgar, este es Henrik, un… amigo de mi madre. Henrik, este es Edgar, un buen amigo mío.
Los dos se dieron la mano.
-¿Trabajas aquí? Es un bar bonito.
-Sí, llevo un año y medio ya trabajando aquí. Nunca te he visto.
-Sí, bueno, es que no estoy casi nunca en Copenhagen, vengo solo a pasar el verano.
-Ah, interesante…
Los dos se quedaron mirando durante un rato.
-¿Quieres que te invite a algo? – preguntó de repente Karen.
Henrik la miró al instante y sonrió.
-¡Claro!
-Edgar, nos traes… ¿Qué quieres tomar, Henrik?
-Una cerveza, si tal.
-Bien, una cerveza y para mí un agua, como siempre.
-Ya veo que bebes sano…
-Sí, no me gusta beber mucho las bebidas con gas…
Henrik y Karen se fueron alejando del mostrador dejando a Edgar con la palabra en la boca. Ni siquiera le había terminado de decir aquello a Karen, y posiblemente ella ya se haya olvidado en cuanto apareció aquel tipo.
¿Quién era? Parecía que tenía treinta años. Era ya muy mayor.
¿Y si por su culpa no le decía lo que tenía que decirle a Karen? ¿Y si ella iba a hablar con Axel? ¿Qué iba a hacer?
Resignado, cogió un vaso grande y lo fue llenando de cerveza.




-Sí, si ya me lo imaginaba. A veces uno se mete cada golpe que parece que no te levantarás. Pensaba que era un patoso y el único que resbalaba… - Henrik y Karen se reían animadamente en una de las mesas del bar bajo la atenta y curiosa mirada de Edgar.
-Pues no. Es un lugar peligroso. Aquí llueve bastante así que la calle se pone muy resbaladiza. A veces mis amigos y yo nos sentábamos allí a ver como se caía la gente. Era muy divertido… - Karen se echó a reír.
-Pues sí la verdad. Yo solo me reía con solo verme caer a mí.
-Me hubiera gustado estar allí, la verdad… Bueno, ¿Y que te gusta de aquí?
-Pues… todo es muy bonito… Hay muchas tiendas, y a mí que me gusta leer, pues las librerías de aquí son perfectas, enormes, y preciosas…
La mente de Karen se vio en un lugar muy lejano, quizás se había ido a su librería favorita donde ahora trabajaba su Axel.
-¿Karen? – preguntó Henrik al ver que la chica estaba en otro mundo.
Karen lo miró como una tonta. Se había olvidado de Axel por un momento. Hace un rato Edgar le iba a decir algo importante sobre Axel pero Henrik le había interrumpido y la había echo olvidar lo que quería hacer.
Por un acto reflejo miró a la barra buscando a su mejor amigo, pero se dio cuenta de que hace poco que su turno se había acabado.
Ya no estaba allí.
¿Cuánto tiempo había estado allí con Henrik?
-Lo siento, Henrik, tengo unos recados que hacer y casi se me olvidan. Tengo que irme.
-Si quieres te acompaño – se ofreció levantándose a toda prisa al mismo tiempo que ella.
-¡No! Digo… necesito… hablar con unos amigos, y luego he quedado con alguien. Si tal otro día te pasas por casa y nos das una visita ¿vale? Me lo he pasado bien, hasta otra.
Y salió corriendo del bar.
En el exterior había dejado de llover. ¿Dónde estaría Edgar? ¿Estaría en su casa? A aquellas alturas ella tenía previsto ir a la librería. Aún tenía el dinero para su libro guardado en el bolsillo. ¿Sería capaz de ir sin saber aún lo que Edgar había hablado con Axel?
Después de pensárselo, corrió hacia la casa de Edgar con la esperanza de que él estuviera allí.
El cielo amenazaba con volver a descargar su furia sobre Copenhagen, y ella no llevaba paraguas.
¿Cómo se había entretenido tanto con Henrik? No lo comprendía.
Al fondo, vio el edificio donde vivía Edgar. Con rapidez, se acercó a la puerta y todo el botón de la puerta de su mejor amigo.
-¿Sí? – se oyó una voz femenina.
-Soy Karen, ¿Está Edgar?
-Sí, espera…. – se oyó un ruido – Que quieres… - se oyó de repente la voz de Edgar.
-Edgar, antes me tenías que decir algo importante. ¿Puede bajar? Quiero hablar contigo.
Edgar suspiró al otro lado. Se hizo el silencio, y Karen no tardó en verlo en el interior del edificio en dirección a ella.
-Me dijiste que habías hablado con él… ¿Qué… dijo?
Edgar puso cara seria, y aquello le asustó.
-No hablé mucho con él. Entré en la librería por curiosidad, y me acerqué a él y le pregunté si tenía novia. Me miró con mala cara, y me dijo que no le iban los tíos. Le dije que a mí tampoco, y que si tenía novia. Me dijo que sí. Le dije si no le llamaba la atención alguna danesa de aquí, y me dijo que no, que todas eran feas…
Karen lo escuchó con mucha atención, intentando no derrumbarse. ¿Axel tenía novia? Era normal, porque él era demasiado guapo. Su mundo comenzó a derrumbarse.
-¿Ninguna? – preguntó a media voz.
-Ninguna… - sentenció él, como si pretendiese decir que ella estaba incluida en el grupo.
Karen se llevó las manos a la cara intentado no echarse a llorar. Odiaba llorar, pero aquello le afectaba.
Y era estúpida, Edgar tenía razón, era mejor que se hubiera olvidado de Axel. Él estaba a otro nivel. Ella creía que no lo quería, pero el dolor era tan grande que comprendió que lo amaba. Lo amaba demasiado.
Había cometido el error de soñar con una oportunidad, pero ella nunca la había tenido con nadie. ¿Por qué con Axel iba a ser distinto?
Sintió los brazos de Edgar rodeándola. Ella se echó a llorar en su pecho.
-Tenías razón, soy una estúpida…
-Olvídate de él. No merece la pena.
¿Sería capaz de olvidarse del chico que había ocupado su corazón durante tanto tiempo?
Él trabajaba en su librería preferida.
Tenía que asumirlo.



Cuando llegó a casa eran alrededor de las once de la noche. El cielo había sido bueno y había retenido sus balas durante todo el trayecto desde la casa de Edgar.
Se sentía sin fuerzas, y subió las escaleras como una muerta viviente.
-Hola cariño. Qué tarde llegas hoy, raro en ti… - le dijo su madre desde la cocina cuando la oyó entrar.
-Sí, me entretuve, lo siento.
-No pasa nada cariño. ¿Quieres cenar?
-No tengo hambre. Estoy cansada, me voy a dormir.
-¿Estás bien? Últimamente estás muy apagada.
-Sí, estoy bien. Oye… ¿Ayer ocurrió algo con Henrik?
-No. Bebimos unas copas pero luego se marchó muy deprisa – dijo su madre apenada.
-Vaya… Buenas noches – terminó diciendo mientras abría la puerta de su habitación y entraba suspirando.
Pronto se dio cuenta de que la pantalla de su portátil estaba encendida. Alguien le había hablado.
Se acercó y se sentó en su silla abriendo el mensaje.
“Seguro que aún estás enfadada. Quiero demostrarte que he cambiado. Te hecho de menos”
Todo se quedó en silencio, y apenas ella podía respirar.
Hacía muchos meses, demasiados quizá, que su mejor amiga y ella no se volvían a hablar. Karen quería olvidarlo todo e incluso a ella si así era más feliz.
¿Por qué tenía que ser tan terca? ¿Por qué?
Karen en aquel momento no pudo hacer otra cosa que volver a derrumbarse ante todo. No podía echar de menos algo que no tenía, porque no tenía nada que echar de menos, así que solo pudo pensar que no había nada perfecto en su vida.
Pensó en Axel, pensó en Edgar y pensó en Henrik. Y pensó en su amiga Hanne.
O quizás no tan amiga.

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Última edición por luzoasis el Vie Mar 29, 2013 6:41 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Vie Mar 29, 2013 3:22 pm

Gracias! Me alegro de que te guste Very Happy

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Vie Mar 29, 2013 3:47 pm

¡Yeeeeiiiiiii!! Yo visité tu blog, porque me sonaba el nombre *-* x'D. Yo me había dicho "Pues, luego lo lees, ahora tienes que leer este fic, luego este, luego estos otros de acá, y los de esta página...".
Sí, yo me leo todo ;3. Y nunca dejo pasar una oportunidad, aunque tarde mil años en que toque a ese escrito de la lista leer xD. Te tenía en mi lista, claro, de lectura, pero me sería más fácil si publicas tus escritos aquí y los leo enseguida Smile. Yo te apoyo, Luz.
Buen capítulo, aunque no tengo la menor idea del por qué apareció todo junto y no separado -párrafos, diálogos, etc-. Igual sé que quizás sea por el foro, o por un descuido, sé que tú lo separas todo así que no hay problema ^^.
¡Saludos!

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Vie Mar 29, 2013 6:24 pm

Jaajajja es que lo subi desde una tablet, luego me di cuenta, lo arreglo ahora, espera Very Happy
Ayy gracias :$ pues tranquila que los subire aqui Very Happy

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Vie Mar 29, 2013 6:57 pm

CAPITULO 2




“No sé si quiero perdonarte. No sé si has madurado. Y no sé si quiero saberlo”
Era una buena respuesta que lo decía absolutamente todo.
Hanne y Karen habían sido unas enormes amigas. Pero Hanne siempre había sido una imprudente y la mayoría de las veces una inmadura, pero una buena amiga lo soporta todo.
Karen casi siempre lloraba a causa de Hanne y de sus locuras. Ella se estaba quedando sola al defenderla y estaba cansada de sus ataques de ira.
Un día, quizás uno de los peores de su vida, a Hanne se le había ocurrido que sería gracioso salir por la noche y meterse con la gente y liarse con algunos chicos.
De aquella, Karen estaba terriblemente enamorada de Anders, un chico de su curso.
Aquella noche, Hanne dijo que era mejor si se separaban. Karen se perdió, y las copas de más le impidieron saber cómo volver a casa. Edgar se la encontró en aquel estado y la llevó a un banco para que no se tambaleara.
-Has bebido demasiado – le reprendió Edgar, que siempre había sido muy cuidadoso para aquellas cosas.
-Sí, lo siento. Hanne decidió que nos separásemos para poder ligarnos los chicos con más facilidad, pero yo me perdí.
-No sé que estará haciendo Hanne, pero nada bueno Karen. He oído cosas.
Karen miró a Edgar sin comprender.
-¿Cosas? ¿Qué cosas? No entiendo…
-He visto a Hanne hablando con Anders – dijo seriamente – y luego he oído que Hanne y Anders se han liado.
Se han liado... se han liado… se han liado…
El eco de una frase un poco estúpida, la verdad.
A Karen aquello le había servido de sobra para decir basta a la situación y cortar su amistad con Hanne, la que le suplicó que la perdonara sin haberlo conseguido.
“Tenías todo el derecho de hacer lo que hiciste. Yo no pinté nunca nada allí. Y él puede hacer lo que le de la gana, ya no me importa”
Con cuidado, cerró el portátil. Sabía que Hanne estaría atenta y que no tardaría demasiado en responderle, pero Karen no sabía si estaba preparada para volver a mantener una conversación con ella.
Y se sentía en baja forma emocional.
-¡Karen! Me voy de compras, ¿Te vienes? – Gritó Victoria, su madre.
-¡Vale! ¡Voy, espera!
La luz del portátil comenzó a parpadear. Karen hizo casi omiso y salió a toda prisa poniéndose una chaqueta de cuero que la resguardara del frío de Copenhagen.
La madre y Karen fueron al supermercado a hacer unas compras, y luego decidieron ir a dar una vuelta por las tiendas por si encontraban algo que les gustase.
-Mira, Karen, ¿no te parece bonita esa camisa? – le dijo señalando la camisa desde el exterior.
-No es de mi estilo, mamá. Te pega más a ti. Si te gusta cómprala.
La madre se mordió el labio sonriendo, y decidió entrar en la tienda. La camisa que había señalado era bastante provocativa. ¿Querría comprarla para ponérsela delante de Henrik?
Karen se preguntó si a Henrik le gustaba su madre. En los últimos días, había estado ella más que su madre con él, cosa que le extrañaba bastante.
Un rato después, la madre salía de la tienda con la camisa en su poder.
-Estarás contenta ¿no?
-Más o menos. Tendré que invitar a Henrik un día y así estrenarla.
Lo que me imaginaba, pensó Karen.
-¿Vamos a la librería? – preguntó su madre de repente.
-¿Qué? ¿Dónde? ¿A la librería? – preguntó Karen nerviosa.
-Sí. Te viene bien un libro, que últimamente te noto aburrida. Un libro siempre te viene bien. Vamos.
Su madre comenzó a caminar a toda prisa.
-¡Pero mamá! ¡No quiero ir! – exclamó.
Su madre se giró para mirarla incrédula.
-¿Por qué?
Karen no supo que responder. Nunca le había dicho a su madre que estaba enamorada en secreto del chico de la librería, y que Edgar le había dicho como era en realidad Axel y ahora no quería verle.
-Por… nada… - no supo qué decir.
-Pues vamos – sentenció su madre volviendo a caminar a toda prisa. Karen, resignada, la siguió.
Al llegar a la entrada de la librería, Karen no supo si entrar. Alguna extraña fuerza le decía que era mejor mantenerse fuera.
-¡Victoria! ¡Karen! – alguien gritó al otro lado de la calle.
Era Henrik.
Últimamente estaba por todas partes, pensó Karen, que lo miró entrecerrando los ojos. Hasta en la sopa.
-Toma – le dijo de repente su madre dándole dinero – entra y cómprate el libro que quieras.
Y aún por encima, tenía que entrar sola. Genial.
Henrik cruzó la calle mientras le sonreía, ignorando por completo a su madre, lo que provocó que Karen se diera media vuelta y decidiera entrar sola en la librería sin discutir.
Múltiples de libros hicieron todo más agradable. Se acercó a una estantería y pasó la mano por los lomos de los libros en busca de uno que le suplicara que se lo llevase con ella.
Al final, se decidió por uno bastante ancho que le llamó la atención. Sonrió y se giró.
Casi siempre que lo miraba a la cara el mundo parecía frenarse y los segundos dejaban de pasar.
Sin duda lo amaba con toda, y le dolía reconocerlo.
Se acercó al mostrador temblando.
Y entonces Axel, que la esperaba con su libro en la mano, le sonrió.
Aquello a Karen le pareció lo más bello del mundo, pero también la devolvió a la realidad.
La realidad que Edgar le había mostrado.
Intentó ponerse seria y ser indiferente, y se acercó al mostrador y le dio el libro.
-Buenas tardes… - le dijo Axel sonriente.
Era la primera vez que le hablaba, incluso para decir algo tan banal como “buenas tardes”.
Por un ligero momento, se dejó llevar.
-Buenas tardes… - le respondió confundida.
Axel giró el libro con curiosidad.
-Ya veo que te gusta leer – y volvió a mirarla con una sonrisa.
-Eh… sí.
Karen no sabía qué decir. ¿Por qué Axel le estaba hablando? Axel, su chico de la librería, su amor secreto, su Axel del verano.
Las palabras de Edgar volvieron a su mente. Que Axel tuviera novia no era difícil de creer, aunque sí dolía. Pero Axel no parecía una mala persona. Parecía todo lo contrario.
Pero Edgar no le mentiría. No tenía razones para hacerlo.
Debía olvidarse de Axel.
-Karen, no pagues aún… - oyó a su madre a sus espaldas -, voy a buscar algo, espera.
A sus espaldas, apareció Henrik. ¿Aún no se había ido?
-¿Comprando un libro? – le preguntó a Karen sonriente.
-Eh… sí - repitió por segunda vez. Axel soltó una risilla que indicaba que se había dado cuenta.
Henrik miró la portada del libro en las manos de Axel.
Karen aprovechó que los dos chicos estaban centrados en el libro que había escogido para escabullirse e irse tras su madre, que se encontraba en una esquina de la librería buscando entre la multitud de rollos de papel adhesivo.
-Mamá… ¿Qué estas buscando? – le preguntó en bajito.
-Estoy buscando un papel para pegar en unos cajones del dormitorio.
-¿Y que estás buscando exactamente? – en aquel lugar había un montón de esos rollos de papel adhesivo. Era normal que su madre estuviera tardando tanto.
-Buscaba uno que pegase con el color de la madera de la mesilla, pero no quiero uno de un color uniforme.
-Oye, busco yo por ti, y tú te vas por ahí de paseo con Henrik, ¿Qué te parece? – las dos se quedaron mirando.
Karen quería librarse cuanto antes de Henrik. Se sentía agobiada teniéndolo por todas partes. A veces, llegaba pensar que estaba interesado por ella, lo que le provocaba un escalofrío de miedo, ya que entre los dos había una buena diferencia de edad.
-Pero… - replicó su madre.
-Ve… seguro que él quiere que estéis a solas – no lo creía en absoluto. Le guiñó el ojo para hacerlo más creíble.
Al final, vio como su madre y Henrik salían por la puerta, produciéndole un alivio enorme.
Suspiró mientras observaba la enorme estantería donde se encontraban lo que buscaba su madre. Se agachó y se puso a rebuscar con tristeza. Allí se encontraba, en la librería donde prefería no estar.
Eran las palabras de Edgar lo que le reconcomía la cabeza. Nada de aquello le convenía. Axel no le convenía. Él estaba a otro nivel.
¿Qué narices le pasaba a Henrik? ¿Por qué ese interés en ella? Le angustiaba encontrárselo por todas partes. ¿No podría dejarla en paz?
-¿Te ayudo? - oyó una voz tras ella que la sobresaltó. Karen se levantó y chocó con un estante sobresaliente que se encontraba sobre ella. Rápidamente se llevó la mano a la cabeza para frotársela con insistencia. - ¡Lo siento! No pretendía asustarte… - dijo Axel inclinándose preocupado - ¿Te has hecho daño?
Karen se lo quedó mirando como una idiota. ¿Se preocupaba? ¿Por qué le había ofrecido su ayuda? ¿A qué estaba jugando?
-No, no pasa nada, estoy bien… - dijo dubitativa.
Axel le sonrió dulcemente. Aquello casi rompió todas sus barreras.
-Bueno, ¿Te ayudo o no? - le volvió a preguntar.
-No hace falta, gracias - dijo girándose de nuevo sumergiéndose en su búsqueda.
-No me es una molestia, y no hay nadie y me aburro, así que…
Karen cesó su búsqueda y se giró para verlo inclinado sonriente a espera de una respuesta satisfactoria. Le encantaba ese chico.
-Bueno, vale, ayúdame si quieres… - respondió finalmente intentando usar un tono de voz neutro.
Axel se agachó a su lado. Karen pudo notar como su corazón se aceleraba al notarlo tan cerca.
-¿Qué es lo que buscas exactamente?
-Busco un tono que se parezca al ocre de la mesilla. Mi madre no quiere algo uniforme.
Axel frunció los labios hacia un lado. Aquel gesto ocupó toda la atención de Karen, que intentó girar la mirada.
-¿Qué te parece este? - preguntó echándose hacia delante para agarrar un rollo que se mantenía oculto en una caja más lejana. Era de un tono ocre y marrón, como si la madera fuese quemada.
Karen visualizó el mueble. ¿Le gustaría a su madre?
Axel esperó a que ella le respondiera. Se sentía extraño, aquella chica era bastante indecisa, o eso era lo que le parecía cada vez que la veía por allí. No la conocía de mucho, pero sabía que le gustaba leer y que se llamaba Karen.
-Sí, me llevaré ese, me valdrá… - dijo ella de repente sobresaltándolo.
Karen quería marcharse de allí cuanto antes. Decidió decirle que sí para escoger uno y listo. Si a su madre no le gustaba bien podía volver ella a por otro.
-Ah genial… - dijo Axel sonriendo y levantándose hacia el mostrador. Las otras dos trabajadoras se los quedaron mirando - ¿Cuánto quieres?
-Dame dos metros, seguro que le llega de sobra.
Axel asintió y midió el papel para luego cortarlo con precisión.
Karen necesitaba irse de allí. Y además necesitaba hablar con Edgar.
Axel le sonrió mientras esperaba que le pagase. Aquella chica le resultaba un misterio. Se comportaba de una forma extraña, y no estaba seguro de si era cuando entraba en la librería o si ella era así de verdad.
¿Quién era aquel hombre que se había presentado antes? ¿Su padre? Axel lo dudó, no lo parecía. Cuando Karen se alejó junto a su madre, aquel hombre le había dirigido una mirada asesina. Vio un extraño matiz en sus ojos cuando miraba a Karen. ¿Estaba enamorado de ella? ¿No era demasiado mayor? Lo que sí sabía era que Karen no parecía muy a gusto en su presencia.
Ya sabía un poco más de ella, al parecer, sabía que a ella no le agradaba aquel hombre. Al parecer, este año iba a ser diferente de los demás.
Este verano iba a conocerla mejor que los veranos pasados.

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Vie Mar 29, 2013 9:25 pm

Wow, me encanta. Cada vez me llama más la atención tu historia, Luz *-*. Y sabes, fue raro saludarte en el otro foro xD. Tenía que decirlo (?.
En fin, ya quiero saber más y más qué sucede. Y Henrik me da muy mala espina, más cuando justo hoy terminé de leer un libro policíaco ¬o¬.
¡Saludos! :3.

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Sáb Mar 30, 2013 11:28 am

Jajajajaja ya veras Very Happy a mi Henrik me cae mal (?) Jajajajaja Razz

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Sáb Mar 30, 2013 2:32 pm

CAPÍTULO 3




Edgar conocía de vista al famoso Axel. Había oído su nombre en la boca de Karen desde hacía años. Y había pasado por la librería de camino a su casa miles de veces, y siempre se asomaba para ver a aquel chico que tan enamorada la tenía.
Era bastante guapo, había pensado. Era atractivo y de cuerpo no estaba mal, y sus gafas le daban un toque interesante. Edgar sólo era un chaval con aspecto de matón que difícilmente llamaba la atención. Los dos tenían un atractivo distinto.
¿Y aquel hombre que había conocido en el bar? Había irrumpido de repente su conversación con Karen, algo que le molestó ligeramente. Y lo peor es que ella se había dejado llevar y se había olvidado de él.
Edgar suspiró mientras se arreglaba su uniforme de trabajo, preparado para comenzar otra jornada más.
¿Karen habría hablado con Axel? Después de lo que le dijo lo dudaba, ella no se arriesgaría. Pero sabía que no habría desistido.
Cerró su taquilla y abrió la puerta para dirigirse a la barra. Se llevó una buena sorpresa cuando se encontró con Henrik sentado en una mesa. ¿Qué hacía allí?
Torció la cabeza y se dirigió hacía él.
-¡Hola! Henrik ¿no? - le saludó intentando ser amistoso - ¿Qué quieres tomar?
-¡Hola! Pues un café me vendría bien, gracias.
Edgar asintió y se giró para prepararle el café con una mueca escondida de desagrado.
¿Qué hacía allí? Se volvió a preguntar. Había multitud de bares, pero tenía que ir precisamente allí.
Agitó la cabeza borrando ideas extrañas. Le habrá gustado el bar.
Con la taza en la mano, se dirigió hacía él.
-Toma.
-Gracias Edgar. ¿Te importaría sentarte? Aún no hay nadie y me gustaría charlar contigo.
Edgar frunció el ceño mirando hacia los lados en busca de alguien que lo salvara de aquello, pero como Henrik decía, estaba todo vacío. Suspiró y se sentó.
-¿Hablar de qué? - preguntó receloso.
-De Karen.
Aquella sorpresa no le impresionó. Las extrañas ideas no parecían tan locas, al parecer.
-¿Y que quieres hablar de ella? - entrecerró los ojos.
-Me gusta - dijo sin más mientras levantaba la taza de café para tomar un sorbo.
-Sí, bueno, eso ya me lo imaginaba.
-¿Sí? - no pareció sorprendido. Al parecer ese día nadie iba a llevarse una sorpresa -, pero a ella le gusta otro.
Edgar sintió un escalofrío por su espalda y se puso tenso.
-¿Te lo ha dicho ella? - preguntó.
-No, lo vi por mis propios ojos. El chico trabaja en una librería, la observé conversar con él, y lo pude notar en ella.
Edgar sintió como todo se quedaba en silencio y un nuevo escalofrío le recorrió el cuerpo poniéndole la carne de gallina. Al parecer se había equivocado y Karen había decidido ir a hablar con Axel. ¿Acaso lo que le había contado no había sido suficiente? La había subestimado.
-Vosotros sois muy buenos amigos, supongo que lo sabrás ¿no?
-Sí, lo sabía. ¿Y que quieres decirme con eso? - dijo de forma borde.
-Me gustaría que me ayudaras. Que intentaras que ella lo odie y así se olvide de él - dijo dejando la taza sobre la mesa totalmente vacía.
-¿Para qué? ¿Para que te quedes con ella? Eres demasiado mayor. ¿A dónde vas tú con una cría de diecisiete años? Ni siquiera sabes si le gustas - las palabras salieron de sus labios sin él haber querido. Se sintió aliviado al decirle todo lo que pensaba, pero luego se arrepintió. ¿Había hecho bien?
Henrik lo miró con una mirada seria.
-¿La edad importa? Dentro de poco cumplirá dieciocho, será mayor de edad, y además, ella puede decidir salir con quien quiera. Y referente a si no sé si le gusto, tanto me da. La enamoraré si hace falta, me gusta mucho y pienso conseguirla. Y si no me ayudas te arrepentirás.
Axel tensó la mandíbula.
-¿Qué me vas a hacer si no acepto? - le preguntó desafiante.
-Alejarla de ti - respondió secamente mientras se levantaba y dejaba caer unas monedas encima de la mesa - toma, quédate con el cambio - y se alejó para salir del bar.




Aquel día parecía dar una tregua. Karen se frotó la frente mientras observaba el cielo ciertamente despejado que dejaba que el sol iluminase las calles de Dinamarca. Abrió la ventana y disfrutó del cálido sol por un momento.
Un pitido la sacó de su relajación. Con desgana se alejó de la ventana y se acercó a su ordenador.
Ayer había salido de la librería nerviosa, y se había dirigido a casa con una terrible rapidez, sin ni siquiera plantearse hablar con Edgar. Se sentía extraña. Axel parecía un cúmulo de contradicciones. Algo fallaba en todo aquello.
Además tenía que responderle el mensaje de Hanne tarde o temprano.
“Lo que no se sabe se puede aprender”. Eso fue lo que le respondió impidiéndole dar una respuesta convincente.
“Puedo perdonarte, pero el perdón solo lo puede decidir el corazón de lo que no soy dueña. Muchas cosas habrán cambiado. Nada jamás volverá a ser como antes” le respondió después de darle vueltas a la cabeza, Aún que esa frase resonándole en la cabeza se había dormido y se había despertado.
“Dame una oportunidad. Me contentaré con lo que me ofrezcas”
¿Ofrecer? Sin duda Hanne siempre decía las cosas de una extraña forma, lo que la hizo sonreír durante una milésima de segundo. Hanne seguía igual en muchos aspectos, pero Karen había cambiado en absolutamente en todo.
“¿Y si no soy capaz de ofrecerte nada?” Eso era lo que se preguntaba, quizás había sido una buena respuesta.
Necesitaba hablar con Edgar y contarle lo que estaba pasando. No entendía nada, y lo de ayer giraba y giraba en su cabeza como un remolino de viento. Con decisión se levantó y agarró su chaqueta. Iba a ir al bar a buscarlo.
-¿A dónde vas? - preguntó su madre.
-Voy al bar de Edgar, volveré antes de comer.
-Vale, no te retrases - y le sonrió.
Bajó las escaleras con rapidez y una vez en la calle aceleró el paso. ¿Qué le diría? O más bien… ¿Qué le preguntaría? ¿Tenía sentido lo que le había pasado con lo que él le había contado? Por más que buscaba no existía relación entre las dos cosas.
Cuando le faltaba poco para llegar a su destino, se encontró con Henrik.
-¡Karen! Que sorpresa ¿no? - exclamó sonriente.
-Eh… la verdad es que sí - dijo nerviosa. Comenzaba a creer que lo hacía aposta y no por casualidad.
-¿A dónde vas con tanta prisa? - preguntó.
-Voy al bar de mi amigo.
-¿Si? Yo vengo de allí, justamente - respondió feliz.
-¿De allí? ¿Del bar? - exclamó Karen sorprendida.
-Sí, me gusta ese lugar. Bueno, no te retengo más, ya nos veremos en otra ocasión… - dijo mientras se despedía con la mano y se alejaba dejándola en un estado de confusión.
Era la primera vez que era él el que se despedía. Mejor dicho, aquello le pareció extraño de por sí.
Karen se quedó un rato de pie, como una tonta, hasta que decidió dejarlo pasar y corrió hacia el bar. Con rapidez abrió la puerta y entró buscando a Edgar con la mirada, lo encontró al fondo, sentado en una mesa. Corrió hacia él y se deslizó en el asiento de enfrente.
-¡Edgar! - dijo casi al grito - ¡menos mal que te encuentro, tengo que hablar contigo!
Edgar se sobresaltó cuando Karen apareció como un relámpago delante de él. Era la última persona que se esperaba ver después de lo que le había pasado. Aún se sentía pensativo después de que Henrik hubiera salido por la puerta con esa cara.
-Lo has hecho… - dijo sin pensar, observando su rostro apenado.
Karen lo miró sin comprender.
-¿He hecho qué? - preguntó confusa.
-Has ido a hablar con él - le recriminó - pensé que lo que te había dicho era suficiente, pensé que me creerías… ¡No lo comprendes! - explotó.
-Edgar, no te comprendo. ¿De que estás hablando? ¡Yo no fui a hablar con él! - contestó molesta.
-¡Si lo has hecho! ¡Henrik me lo ha dicho!
-¿Qué? ¿Qué Henrik te ha dicho qué? ¿Qué sabe Henrik de todo esto? - Karen comenzaba a enfadarse también.
-Sabe que te gusta ese idiota. Lo vio en ti cuando fuiste ayer a hablar con él. Me vino a decir que te alejara de Axel porque está colado por ti y me amenazó con alejarte de mí si no le ayudaba - gritó.
Karen se quedó en silencio, por un momento sin saber qué decir. Sus sospechas se confirmaban, Henrik estaba colado por ella. Pero… ¿Cómo? ¿Y como se atrevía obligarle a su mejor amigo a alejarla de Axel? ¿Por qué Edgar estaba tan enfadado? ¡Ella no había ido a hablar con él! ¡Estaba equivocado!
Repasó con urgencia la conversación entera, intentando encontrar algún elemento que explicase lo que estaba pasando.
-Pero… ¡Te digo que no fui a hablar con él!
-¿Y que hacías ayer en al librería? - preguntó acusador.
-¡Me obligó mi madre! No quería ir pero no me quedó otro remedio… ¿Y sabes qué? No me trató mal sino todo lo contrario… ¡Hay algo aquí que no me cuadra Edgar, y quiero saber el qué! - Él le había dicho que pensaba que todo lo que le había contado que sería suficiente, que pensaba que le creería… - ¿Me has mentido? - preguntó sin llegar a creérselo - ¿Me has mentido, Edgar?
Edgar la miró con la culpa en la mirada. Karen abrió la boca sin llegar a creérselo.
-¡Como has podido mentirme en algo tan importante! ¿Cómo te atreves? ¡Pensaba que eras mi amigo! ¿Cómo has podido jugar conmigo? ¿Cómo has podido mentirme? ¿Por qué lo has hecho? - se sentía disgustada. ¿Cómo Edgar podía haberle hecho eso? Él sabía todo lo que ella sentía por Axel, y sabía que la haría daño, ¿Por qué jugar con sus sentimientos? Comenzó a pensar que no conocía de nada a su mejor amigo. Quizás le había traicionado igual que lo había hecho Hanne. Quizás, los verdaderos amigos no existían - ¿Por qué? ¿Por qué? - le gritó.
-¡¡¡Porque me gustas!!! ¡¡¡Siempre me gustaste!!!
Edgar explotó ante los gritos de Karen. No podía verla enfadada, no podía verla ni triste. Le angustiaba mentirle, pero más le angustiaba perderla por una tontería como aquella. La cabeza le daba vueltas. ¿Ganaba algo con decirlo? ¿Perdía algo con decirlo?
Se frotó los ojos y se sintió cansado. No podía más. Todo aquello lo mataba. Se levantó y se dirigió al almacén.
Karen abrió mucho los ojos cuando cada palabra en forma de grito salió de la boca de su mejor amigo. Por un momento creyó haber oído mal, pero era improbable.
Edgar estaba enamorado de ella.




Henrik caminó sin prisas. Estaba convencido de que aquel chico lo ayudaría. No se lo había dicho, pero él sabía que Edgar amaba en secreto a Karen. Siempre había sido un profesional en desvelar secretos sin que se lo contasen. No había nada que él no pudiera saber.
Ya podía sentir en la lengua el sabor de la victoria. Tenía treinta años y estaba soltero, pero no era precisamente porque no tuviera éxito y nadie le quisiese. Simplemente no había encontrado a la mujer de su vida.
Hasta ahora. Y no la iba a dejar escapar.
Nunca había sido tan egoísta en su vida, observó. Siempre había tratado bien a la gente, y era la primera vez que amenazaba a alguien.
Con parsimonia entró en la librería. El chico que tanto le gustaba a Karen estaba atendiendo a una pareja delante de varias estanterías. Axel lo vio entrar y le dirigió una mirada curiosa.
-La ley del más fuerte… - se dijo a sí mismo.
El hombre a veces se veía cometiendo locuras sin razón aparente. A veces, a todos se nos cruzaban los cables. Henrik pensó esto mientras caminaba hacia Axel y echaba el brazo hacia atrás para propinarle un puñetazo que él no pudo esquivar. La pareja se echó hacia un lado asustada mientras Axel se llevaba la mano a la cara y caía al suelo al perder el equilibrio.
Axel se retorció de dolor. Las gafas se habían roto y supo que un trozo de cristal le había arañado e incluso cortado. ¿Pero que narices le pasaba a ese tío? ¿Por qué le había pegado? Abrió el ojo bueno aunque solo vio el cristal roto. Intentó levantarse y se situó no muy lejos de él. ¿Buscaba pelea?
-¿Tú de que vas? - le preguntó Axel enfadado. Si buscaba pelea, se iba a llevar una decepción.
Pero no respondió, se limitó a sonreír.
-Me caes gordo, nada más.
-Que te jodan, imbécil - dijo. Sin pensárselo dos veces dio un paso y le propinó una patada en la entrepierna. Henrik se dobló del dolor -, que sepas que ella nunca te querrá. Pero eres tan idiota que no ves sus indirectas.
Henrik lo miró estupefacto. Una de las dependientas se acercó a él y le preguntó si estaba bien. Los dos salieron de la librería.
¿Qué sabía él de todo aquello? ¿Es que Karen lo sabía y se lo había dicho? ¿Habría sido la mirada asesina del otro día?
Quizás conseguirla no iba a ser tan fácil como pensaba.




De nuevo lluvia.
-¡Karen! ¡Es Edgar otra vez! - gritó su madre desde el salón.
-¡Dile lo mismo! ¡Que no estoy! - le gritó.
-¡No se lo cree! - le contestó después de un rato.
-¡Pues dile que no quiero hablar con él, y si se vuelve pesado cuélgale!
Karen llevaba tres días encerrada en su casa sin salir para nada. La conversación con Edgar el otro día le había impresionado demasiado. Se sentía confusa, no sabía qué hacer.
Saber que su mejor amigo estaba enamorado de ella desde la infancia, y que le había mentido en algo tan importante hasta hacerle daño solo por egoísmo le enfurecía. Y más aún saber que Henrik había ido a hablar con él para que la hiciera olvidarse de Axel mucho más. Los dos eran unos imbéciles y unos egoístas, y no quería saber nada más de ellos. No piensas en ella, nadie piensa en ella, la gente solo pensaba en sí misma.
Hacia tres días además que no volvía a la librería a ver a Axel. Ahora ya sabía que él no era en realidad como lo había pintado Edgar.
Con furia, agarró una almohada y la tiró a la pared.
-Karen… - dijo de repente su madre abriendo la puerta -, me quieres explicar qué es lo que te pasa con Edgar. ¿No erais inseparables?
-No te preocupes mamá, son cosas nuestras…
Su madre se mantuvo en pie observando a su hija.
-Puedes contármelo, lo sabes - le aseguró.
-Pero no quiero contarlo ¿vale?
La madre caminó hacía ella y se sentó en la cama a su lado. Las dos se quedaron en silencio, y la madre observó la habitación.
-¿Por qué no quieres compartir nada conmigo? Pensaba que nos llevábamos bien.
-No nos llevamos mal - dijo cansada.
La madre suspiró y se levantó.
-Yo salgo, te quedas sola entonces - dijo saliendo por la puerta.
Karen esperó a que los pasos de su madre se alejaran más, y cuando escuchó el sonido de la puerta de la entrada cerrarse, recogió la almohada que había tirado y empezó a golpear la cama y las paredes con furia.
Se pasó media hora golpeando la pared, descansando, y volviendo a golpear. Luego sollozó hasta que solo gimoteaba sin ton ni son.
Justo cuando caía al suelo agotada, volvía a sonar el teléfono de nuevo. Suspiró frustrada y se levantó para ver el número esperando encontrarse con el de Edgar una vez más. Pero se equivocó, no conocía aquel número.
-¿Diga? - contestó aliviada.
-¿Karen? ¿Eres tú? - preguntó una voz masculina al otro lado.
-¿Quién es?
-Soy Henrik… - Karen puso los ojos en blanco arrepintiéndose de haber cogido el teléfono.
-Victoria no está - lo interrumpió, aunque ella ya sabía que Henrik no buscaba a su madre.
-¿Ah, no? ¿Y cuando volverá? - aquellas preguntas la dejaron en blanco. ¿Qué? ¿Ahora buscaba a su madre? O es que…
Karen murmuró una maldición por lo bajini para que Henrik no le escuchara. Edgar la había vuelto a mentir. Seguro que también sentía celos de Henrik y por eso le había dicho eso, para que se enfadara con él.
-Pues no sé… Oye Henrik, ¿ayer cuando fuiste al bar hablaste con Edgar? - se atrevió a preguntarle.
-¿Ayer?... déjame que piense… entré pero no hablamos ¿por?
Henrik no parecía mentir, así que Edgar se la había jugado de nuevo.
-Por nada, bueno, quizás vuelva más tarde. Le digo que te llame si tal.
-Ah vale, gracias. Adiós.
-Adiós.
Karen colgó pensativa. ¿Qué iba a hacer con Edgar? ¿Tendrían que dejar de ser amigos? Se dejó caer en el sofá mientras sopesaba esa idea. Entonces se quedaría sola, ya que perdió a Hanne. ¿Qué sería de su vida? Edgar era todo lo que le quedaba, y él también le había fallado.
Se llevó las manos a la cabeza con angustia. Menos mal que no se le había ocurrido contarle lo de Henrik, hubiera quedado fatal.
Se abrazó tristemente. Se sentía sola.
Pensó en Axel. Increíblemente, era el único que aún no le había mentido, el único que no era egoísta.
Pero daba la casualidad de que él no la quería.
El teléfono volvió a sonar. Se acercó, era el número de Edgar. Otra vez. ¿Por qué era tan pesado? Y posiblemente estaría así toda el día.
Karen fue a su habitación y se vistió para salir. Cogió su bolso justo cuando el teléfono dejaba de sonar. No iba a dejar que le diera dolor de cabeza con tanta llamada.




Edgar colgó una vez más al otro lado de la línea. Hacía tiempo que había perdido la cuenta de las veces que había llamado a Karen. Las primeras su madre le decía que ella no estaba, pero terminó comprendiendo que era una mentira. ¿Por qué no quería hablar con él? No estaba seguro de qué pensar. Quizás era porque le había mentido, y eso a Karen sabía que no le había hecho gracia. ¿Pero y si era porque le había confesado su amor? ¿Y si por eso ya no quería saber nada más de él?
Se llevó las manos angustiado. ¿Habría cometido un error? Le había salido del alma. Aunque no tendría que haberle salido si no hubiera inventado esa idiotez. Se dejó llevar por los celos y temía perderla, aunque nunca la hubiese tenido.
Aunque quisiera echarle las culpas a alguien, no podía esta vez. Quizás así Karen podría centrarse en lo que en realidad quería.
Guardó el móvil y miró el cielo. El verano comenzaba lluvioso, aunque la lluvia ya era una rutina. Se subió la capucha de su chaqueta y echó a andar. ¿Quién era él para alejar a Karen de Axel? Henrik era un estúpido.
En esa calle estaba la librería en la que trabajaba Axel. Aunque pasaba por allí todos los días de camino a su casa, nunca había entrado. Por un momento sintió curiosidad. ¿Y si lo miraba de más cerca? Metió la mano en el bolsillo y contó si tenía suficiente dinero como para un libro. Él no era muy lector, pero no iba a entrar y salir como si nada.
El cartel de la librería se asomó nada más girar una esquina. Aceleró el paso y entró. Aquel sitio era muy amplio y había libros por todas partes. Con rapidez buscó el mostrador, pero estaba vacío. Quizás estaban en otra parte, pensó. Se acercó a una estantería apartada de libros y buscó uno que fuese fino para por lo menos leerlo fácil. Rápidamente desistió, en aquella estantería no había ningún libro fino.
Con rapidez se metió entre unas estanterías y se acercó a una donde parecía que había libros más finos. Entonces lo vio. Estaba en la parte trasera del mostrador que se podía ver desde allí, donde había un pequeño almacén. Estaba de espaldas, y Edgar solo pudo verle la espalda y de vez en cuando la cara cuando se giraba. Pudo notar que no llevaba gafas y se extraño. ¿Es que miraba bien sin ellas?
En ese momento se oyó a alguien abrir la puerta y entrar en la librería, por lo que Axel se giró rápidamente para dirigirse al mostrador. ¿No lo había oído a él?
Poco antes, Karen salía de su piso ciertamente enfadada. Le comenzaba a doler la cabeza con tanta llamada. Caminó sin un rumbo fijo. Que verano tan extraño y movidito estaba teniendo. ¿Y ahora qué hacía? No tenía a nadie. Edgar también la había fallado. Estaba sola.
El móvil le comenzó a sonar. Lo sacó del bolsillo suplicando para que Edgar no decidiera acosarla también vaya a donde vaya. Después de leer el número y otra vez, se dio por vencida, no lo conocía.
-¿Sí?
-¿Karen? - Aquella voz le resultaba demasiado familiar -, soy Hanne.
-¿Qué quieres? ¿Por qué me llamas? - las voz le salió borde y cortante, pero no lo pudo evitar.
-Quería… simplemente hablar. Sé que no me has perdonado, pero te hecho mucho de menos, en serio…
-Hanne, ya te dije como estaban las cosas. Yo no sé si quiero perdonarte. Y sinceramente, no creo que quiera.
-Espera, por favor, déjame hablar. Reconozco que fui una inmadura e insensata, y me arrepiento de muchas cosas de las que hice y de cómo te traté. Ahora que te perdí comprendí que te necesitaba. Aquella noche no sé que me pasó, cometí un grave error, y sé que no me perdonarás… He hablado con Anders… le he pedido que quedéis.
-¿¡Qué!? - gritó escandalizada Karen provocando que todos se la quedaran mirando -, adiós… - y colgó.
Se frotó la mente intentando mantener la calma. Aquellas cosas no le solían pasar a menudo, y se estaba estresando de tal forma que llegaba incluso al enfado. Volvió a caminar y sintió como el móvil le volvía a vibrar en el bolsillo. ¿Por qué todos eran tan pesados? Se paró, cogió el móvil y lo apagó para que no la volvieran a molestar.
Volvió a caminar, pero se volvió a parar cuando se dio cuenta de que estaba en frente de la librería. Se quedó un buen rato delante de la misma, pensando si era el destino que la conducía allí una y otra vez, igual que hacía que ellos se vieran todos los veranos.
No, el destino no existía, se dijo a si misma mientras agitaba la cabeza.
Se decidió a entrar, como si una fuerza la empujara siempre a hacerlo. Y esa fuerza quizás era Axel.
Al principio no vio a nadie. Tanto la librería como el mostrador estaban vacíos, algo que le resultó extraño… ¿Dónde estaba todo el mundo?
De pronto alguien se asomó al mostrador y Karen pudo ver que era Axel. Frenó en seco y abrió la boca sin poder llegar a evitarlo. Axel no llevaba gafas. Y tenía un ojo totalmente morado y lleno de cortes.
-OH dios mío… - las palabras salieron sin más. Sintió un escalofrío de temor. ¿Qué le había pasado?
Axel se apoyó en el mostrador con aire de ironía. Justo en ese momento alguien salía de entre las estanterías. Karen se giró y vio a Edgar.
-OH dios mío… - volvió a repetir. ¿Qué hacía él allí? ¿Pero qué estaba pasando aquel día…?
Edgar le dirigió una mirada irritada a Axel, pero pronto adoptó el mismo gesto que Karen. ¿Qué le había pasado en el ojo? ¿Le habían pegado?
-Buenos días… - dijo Axel mirándolos a ambos. ¿Quién era aquel chico? ¿Karen lo conocía?
-Eh… buenos días. ¿Qué te ha pasado? - se atrevió a preguntar Karen. Edgar se mantuvo al margen. Él también sentía curiosidad.
Axel sonrió de lado, gesto que derritió por completo a Karen, y le indicó con el dedo que se acercara. Karen, temblequeando imperceptiblemente, se acercó a él. Al ver que seguía moviendo el dedo, se agachó hasta ponerse a su altura.
Axel estiró el cuello para acercar sus labios a los oídos de ella. Con delicadeza le susurró:
-Me ha pegado tu admirador secreto.
Axel volvió a alejar el rostro y sonrió amargamente esperando una reacción en ella.
Pero Karen no sabía que decir. ¿Le habían pegado? ¿Su admirador secreto? ¿Quién…?
Por acto reflejo se giró para echarle una mirada asesina a Edgar. ¿Había sido él?
-No… - dijo de pronto Axel cuando comprendió que acusaba al otro chico. ¿Es que ella creía que era su admirador secreto? ¿Estaba él enamorado de ella? -, el otro, uno que tiene treinta años.
Karen se quedó inmovilizada. No se lo podía creer. ¿Henrik? ¿Henrik le había hecho eso a Axel? ¿A su Axel?
Edgar decía la verdad, no la había mentido, al contrario que Henrik, que debía de estar pensando en jugar con ella para conseguirla, confundirla, y como Edgar decía, hacerla olvidar a Axel.
Edgar también se sorprendió. ¿Por qué Henrik lo había hecho? ¿A tanto había llegado por Karen? Aquello sobrepasaba la estupidez. Le echó una ojeada a Karen. Ella también estaba sorprendida, quizás mucho más que él.
-¿Por qué? - preguntó ella de pronto.
-No lo sé - reconoció él -, sé que está enamorado de ti, se le nota, pero no sé que tengo yo que ver en todo esto. ¿Lo sabes tú?
Karen sintió como un nuevo escalofrío le recorría el cuerpo. Sintió pánico. Aquello sobrepasaba lo estúpido. Estaba hablando con Axel como si nada, y porque el imbécil de Henrik, celoso, le había pegado. ¿Y si se entera de que lo había hecho porque se sentía celoso de que ella estuviera enamorada de él? ¿Qué sería de su vida?
-No, no tengo ni idea de por qué te ha pegado. Y… lo siento mucho, en serio.
Karen apretó los puños. En aquel momento quería dejarle el ojo a Henrik tan mal como este se lo había dejado a Axel. ¿Cómo se atrevía?
-Oye Karen, ¿Puedo hablar contigo, por favor?
Edgar aprovechó esa extraña escena para lanzarse. Le daba igual que Axel estuviese allí, solo quería arreglar las cosas, solo quería que Karen siguiera siendo su amiga.
-Yo… - Karen no sabía que responder. Eran demasiadas emociones en un solo día -. Axel, arreglaré las cuentas con el que te pegó, no te preocupes.
-No hace falta que te metas en un lío, no vaya a ser que te haga algo - respondió este rápidamente. ¿Y si ese loco le pegaba también a ella?
-No me hará nada, tranquilo. Y lo siento…
Karen no sabía donde meterse, así que se dio la vuelta ignorando a Edgar por completo y salió rápidamente de la librería.
-¡Karen! - gritó este saliendo a toda prisa tras ella. Le agarró del brazo para que frenara, pero ella quiso deshacerse de su mano - ¡Por favor!
-¡¿Por qué no me puedes dejar en paz!? - le gritó enfurecida, sorprendiéndolo por completo. Ya era la segunda vez que gritaba en la calle.
-¡Solo quiero hablar contigo y arreglar las cosas! ¿Por qué no puedes dejar de evitarme y escucharme?
Karen respiró profundamente. No quería montar espectáculos, y Edgar seguía siendo su mejor amigo. Hablar no hacía daño a nadie.
-Habla.
Edgar la soltó y suspiró también. Por fin le hacía caso.
-Mira, no sé si me evitas por lo que hice, o porque sabes… - sintió un nudo en la garganta - que me gustas… pero quiero que sepas que me arrepiento mucho de lo que hice, que fui un estúpido y no pensé en lo que hacía. Ojala me perdones…
Karen lo miró los ojos y sintió como le dolía el pecho. Conocía bien a Edgar y sabía que él no era mala persona, sino todo lo contrario. En vez de enfadarse debería haberse sorprendido. Edgar raras veces se comportaba de esa forma, y se sentía de verdad arrepentido.
-O quizás… no quieras hablarme ni saber nada de mí por el simple hecho de que ahora tu mejor amigo te ha dicho… que estaba enamorado de ti desde siempre…
Tenía la mirada triste. Edgar no soportaría que aquello fuese por el simple hecho de amarla.
-No… no es por eso… - dijo ella a media voz -, no te hablaba porque estaba confusa, y porque estaba enfadada porque me habías mentido - Edgar suspiró y Karen parpadeó varias veces para retener las lágrimas. No podía con todo aquello - Henrik me llamó y le pregunté si había hablado contigo y me dijo que no, y creí que también me habías mentido en eso, pero ya veo que no… - apretó los puños con fuerza - ¿Cómo se atreve?
Era capaz de buscarlo y pegarle hasta desfigurarle la cara. ¿Cómo tenía derecho a tomarlas con él? ¿Esa era su manera de conseguirla?
De pronto sintió los brazos de Edgar rodeándola. Se dejó acunar porque era lo único que le quedaba. Amaba a Axel, su mejor amigo la amaba a ella, el que amaba su madre también, y su mejor amiga no la dejaba en paz.
Terminaría explotando.




Henrik cerró la tapa de su móvil terminando la llamada. Había dejado la duda en Karen, y ese había sido un propósito que había salido a la perfección. Ahora ella estará preguntándose por qué él preguntaba de repente por su madre. Necesita infundirle celos.
Pero algo había salido mal, algo que no tenía previsto. No sólo Edgar se lo había contado haciendo las cosas más difíciles, y obligándole a mentir sobre lo del otro día para que ella no se enfadara, sino que había tenido una visita inesperada.
-¿Qué haces? - escuchó una voz femenina a sus espaldas.
-Nada, me habían llamado de la compañía de móviles - respondió. ¿Por qué lo había hecho? Era algo que ni él comprendía, no entendía por qué había actuado así
Victoria sonrió.
-Anda, vuelve a la cama y terminemos lo que estábamos haciendo… - se acercó a él y le agarró por el cuello presionando sus mutuos labios.

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Sáb Mar 30, 2013 3:03 pm

Diosito querido, yo no podría vivir sabiendo que el novio de mi mamá gusta de mí. Sería horroroso o.o.
¡Me encanta! :3. Gracias por publicar el cap. ¡Te amo, Luz! @o@.

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Sáb Mar 30, 2013 3:08 pm

jajajajaj yaaa D: que mal. Por el momento los iré publicando deprisa porque estos ya están escritos jajajaj hasta el capitulo 11 están escritos, y para la próxima semana escribiré más capítulos (haber que hago que no sé hasta cuando no tengo internet :/). Esta noche posiblemente suba otro! Very Happy jajajaja : can1:

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Sáb Mar 30, 2013 3:30 pm

Wow, eso es rápido *-*. Entonces ve escribiendo el otro capi ewe.
Como me encanta tu historia :B. No la dejes de subir *u*.

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Sáb Mar 30, 2013 3:32 pm

jajajajaj si tanto te gusta mejor lo publico ahora, qué te parece?? jajajjaa

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Sáb Mar 30, 2013 4:12 pm

Como quieras x3. Igualmente ahora estoy haciendo unas cosillas, así que mejor luego, porque sino no me levantaré nunca de la silla ewe.
Wiiiiii x'D.

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Sáb Mar 30, 2013 4:52 pm

Lo publicaré un poco más tarde entonces ^^

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Sáb Mar 30, 2013 5:39 pm

CAPÍTULO 4




Edgar no tenía fuerzas para absolutamente nada. Aunque había hecho las paces con Karen, no podía estar contento porque ella no lo estaba. Su amiga lo estaba pasando realmente mal.
Karen se había alejado por su camino decaída, entristecida al saber que Henrik le había pegado a Axel, quien no tenía la culpa de absolutamente nada.
Aquella noche dos personas volvían a sus casas completamente rotas, y a una de ellas les esperaba algo peor.
-¡Mamá! Ya estoy en casa… - Karen entró en casa sin mucha emoción. Se había hecho un día demasiado largo y lleno de disgustos, y no tenía fuerzas para nada.
-Te noto apagada… - dice Victoria girándose y mirando fijamente a su hija.
-Nada mamá, solamente estoy cansada. Por cierto, te ha llamado Henrik.
Victoria se quedó sin saber qué decir.
-¿Henrik? ¿Cuándo? - preguntó confusa.
-Algo más de media hora después de que te fueras. Preguntó por ti. - A Karen le salió un tono de reproche. Si su madre no se lo hubiera presentado nada de aquello hubiera pasado. Henrik no debía estar en su vida.
-Karen… - su madre parecía seria -, eso es imposible, le fui a dar una visita. Estaba conmigo cuando dices que llamó.
-Pues no sé, yo solo te digo lo que pasó - Karen dejó con enfado el bolso sobre la mesa. Henrik era un mentiroso y la enfurecía.
-Mira Karen, no mientas. Diciendo mentiras no ganas nada.
-¿Qué? ¿Qué yo digo mentiras? ¿Me estás llamando mentirosa? - Karen no se lo podía creer.
-¡Si no te gusta te aguantas! ¡Por fin he encontrado a alguien y tú no vas a impedirme que sea feliz! ¡Si no te gusta la opción de que sea tu padre admítelo y madura! - Su madre explotó y Karen dio un paso atrás sin entender lo que estaba sucediendo. Aquel era un comportamiento extraño en su madre, y le preocupaba. ¿Es que acaso no la conocía como para deducir que esta equivocada?
-Yo no he dicho nada de eso. Deja de alucinar, mamá.
-¡Intento pasar página! ¡Porque no puedes dejarme ser feliz!
Su madre se había vuelto loca, fue lo que pensó Karen.
-No sabes lo que dices, te has vuelto loca, paso de hablar contigo.
-¡A mí no me hables en ese tono! - le volvió a gritar.
Karen caminó de forma rápida a su habitación tras recoger su bolso y echó el pestillo después de cerrar con fuerza. ¿Qué estaba ocurriendo en su vida? Todo parecía ir en contra de ella. Seguramente Henrik ha hecho algo para poner a su madre en su contra. ¿Pero creía que iba a conseguir algo haciendo todo eso?
Sintió como las lágrimas volvían a aflorar de sus ojos. Vio una lucecita en el portátil que le indicaba que alguien le había dejado un mensaje. Estuvo un rato tirada en el suelo, desahogándose, hasta que luego se levantó para abrir el portátil.
“Confía en mí…”
Hanne otra vez.
Karen quiso coger todo lo electrónico que la mantenía en contacto con el mundo y tirarlo al infierno mismo.
Por primera vez, quería mandarlos a todos a la mierda, incluso a su madre, a Edgar, y a Axel.




Por fin había dejado de llover. Las nubes de forma lenta iban dejando al descubierto un precioso amanecer soleado que presentaba un buen día sin lluvia.
Cuando Kate abrió los ojos, aún estaba agotada. La noche había sido complicada y apenas había dormido. Ni siquiera había podido tener pesadillas de lo poco que había dormido.
Su madre no la había despertado y no daba señales de vida. ¿Seguiría enfadada? ¿Y por qué supuestamente lo estaba? ¿Por creer que ella tenía algo en contra de algo que ni siquiera existía?
Se frotó los ojos intentando despejarse la mente sin mucho éxito. Estuvo un buen rato en cama pensando en si se quedaba en casa o salía, al final decidió por plantarle cara a Henrik y reprocharle todo lo que hizo.
La furia acudió a ella. ¿Sería solamente Henrik el que lo estaba poniendo todo patas arriba? ¿Una sola persona?
Se destapó con fuerzas y se vistió rápidamente. El portátil de una vez más comenzó a parpadear, así que lo ignoró. Agarró su móvil y lo encendió. En su pantalla aparecieron un montón de llamadas perdidas, todas de Hanne.
Chasqueó la lengua. Como siguiera acosándola de esa manera iba a tener que arreglar las cosas de mala manera para que la dejase en paz.
Abrió la puerta. Su madre estaba en el sofá tomándose un café mientras miraba la televisión. Victoria, en cuanto escuchó la puerta abrirse, se giró para echarle una ojeada a Karen.
-¿Ya sales? - preguntó.
-Sí, voy a arreglar unos problemas.
-¿Qué problemas?
-Unos que no son tus problemas.
Su madre le echó una ojeada envenenada. Algo estaba cambiando en ella, y Karen ya se había dado cuenta ayer. Pronto comenzaría a prohibirle cosas.
Salió con rapidez para no tener que seguir discutiendo. Iba con cierta ventaja en algunas cuestiones, como que Henrik no presentía que ella supiese lo de Axel.
Cuando salió por fin sacó el móvil y buscó el número de Henrik. El día en que se lo encontró en el bar de Edgar hablaron mucho y de muchas cosas, incluso le dio su teléfono móvil. ¿Por qué lo había echo? ¿Por qué había tenido que aparecer él y complicarlo todo de aquella manera?
Al cabo de un rato alguien respondió al otro lado.
-¡Hola Karen! - exclamó.
-Henrik, ¿podemos quedar? Quiero hablar contigo.
-Pues… claro, dime donde y cuando.
-Ahora, en la entrada de mi piso.
-Claro, voy ahora mismo… - la voz de Henrik sonó entre confusa y emocionada.
Cuando Karen colgó, Henrik se lanzó hacia el armario para prepararse. ¿Qué quería? Una serie de sentimientos contradictorios se almacenaban en su corazón en ese momento. No sabía si quería hablar con él por algo malo o por algo bueno. ¿Qué debía pensar? Estaba nervioso, una extraña sensación. ¿Victoria estaría en casa? No querría que lo viese hablar con Karen. Y mucho menos después de lo que había sucedido el día anterior. ¿Por qué lo había echo? Se había entregado a su madre como un idiota. Había cometido una estupidez, y esperaba que eso no afectara a su plan.
El cielo había decidido traer una tregua, y Henrik quiso tomarlo como una buena señal, así que salió del piso con una sonrisa en dirección a la casa de Karen, con cierta prisa para llegar lo antes posible. ¿Cómo vería Victoria su relación con Karen el día en que consiga conquistarla? Aquello le hizo torcer la boca. Después de lo sucedido, Victoria no vería nada bien aquello, y más si ella es tan joven y él tan viejo. Pero cuando Karen cumpla dieciocho nada podrá obligarla. Y espera que ese día llegue pronto, y Karen será totalmente suya.
No tardó mucho en llegar. Se peinó y deceleró el paso, y con una sonrisa caminó hacía ella. No era tanta la diferencia de edad entre ellos, pensó, porque en el amor la edad nunca importaba.
-¡Karen! - exclamó al comprobar que no lo veía llegar. Karen giró el rostro mientras él se acercaba con una sonrisa, pero el ambiente se enfrió vertiginosamente y aquello desconcertó a Henrik que se tropezó y casi se cayó.
Cuando, cerca de Karen, consiguió recuperar el equilibrio, vio algo demasiado rápido como para seguirlo y pronto sintió un fuerte dolor en su cara. Se llevó la mano dolorido, y de pronto sintió un dolor en la entrepierna que lo dejó sin aire.
Por un momento lo primero que pensó era que Karen, allí mismo, lo iba a matar.
Mientras Henrik se doblaba de dolor, Karen desahogaba todo lo malo que le había hecho con cada golpe. Ni siquiera había esperado a alejarse de casa. Algunos viandantes vieron la escena con horror, pero a ella le daba igual. Solo quería que todo volviera a ser como antes, que Axel no tuviese un ojo negro y Henrik no existiese en su vida.
Sintió un fuerte dolor en la mano, y supo que algo se había roto en ella, así que dio un paso atrás quejándose y cesando los golpes que de momento solo habían podido impactar en sus brazos que protegían su cabeza.
Henrik intentó volver a respirar con normalidad sin mucho éxito, le dolía todo el cuerpo, sobretodo el fuerte golpe de la cara, que seguramente le había roto la nariz y fastidiado el ojo derecho.
Cuando Karen dejó de golpearlo, este apartó con cuidado los brazos que también le dolían con violencia, y le echó una ojeada para ver si Karen seguía allí.
Ella estaba de pie, sujetándose la mano, que posiblemente se la había roto al tanto golpearle. Además estaba llorando.
-¡Eres un hijo de puta! - gritó con una furia que nunca había visto en ella - ¿Cómo te atreves a pegarle a Axel? ¿Cómo te atreves a ponerle una mano encima? ¡Eres un imbécil que se cree el rey del mundo y que piensa que puede hacer lo que salga en gana! Te odio ¿Lo sabes? ¡No te vuelvas a acercar a mí ni a Axel y mucho menos a mi madre! Por tu culpa hemos discutido… ¡Me estás jodiendo la vida! ¡Y quiero que desaparezcas de ella!
Karen salió corriendo sin soltar la mano dolorida. Pero lo que más le dolía en aquel momento era el corazón. Dejó a Henrik en el suelo dolorido mientras ella se alejaba sin saber muy bien a donde ir. En aquel momento la única persona que podía consolarla era Edgar. Él era el único buen amigo que le quedaba.
Corrió entonces hasta su casa con la esperanza de encontrarlo. ¿Trabajaría hoy? No quería entrar en aquel estado en la cafetería.
La gente la miraba pasar con curiosidad, pero ella hizo caso omiso de todas ellas. Cuando llegó a la casa de Edgar, tocó el timbre de su piso una y otra vez hasta que oyó una voz irritada al otro lado.
-¿Qué quiere? - Karen sintió un gran alivió al ver que era Edgar el que respondía.
-Déjame entrar por favor, déjame entrar… - le suplicó explotando de nuevo.
Hubo un silencio al otro lado, y la puerta se abrió con un sonido eléctrico. Karen se abalanzó sobre ella y entró corriendo por las escaleras hasta que vio la puerta del piso de Edgar. Esta se abrió, y Edgar se asomó al pasillo preocupado.
Karen se lanzó a él sollozando, y Edgar casi pierde el equilibrio por la sorpresa. Al ver su estado la abrazó, y mirando el pasillo vacío apenado, entraron los dos en casa cerrando la puerta tras ellos.




Henrik vio de reojo como Karen se alejaba corriendo. ¿A dónde iba? ¿A junto de aquel Axel? Aquella chica le había dado una buena paliza, y por una vez en su vida, se arrepintió de todo lo que le había echo y supo que se lo tenía merecido. Y eso no era algo que le solía pasar.
-¡Henrik! - Victoria salió del piso corriendo en dirección a él - ¿Estás bien? Oí un alboroto y al asomarme te vi tirado en el suelo. ¿Qué ha pasado?
-No ha pasado nada, tranquila.
-¿Qué no ha pasado nada? ¿Tú te has mirado? ¡Te han metido una paliza! ¿Quién te ha pegado?
Sus miradas se cruzaron.
-Nadie, un idiota… - dijo Henrik intentando levantarse. Se estaba comportando de una forma extraña, y él lo sabía muy bien. Estaba mintiendo para proteger a Karen de su madre.
-Ven, sube que te curaré. Y llamaremos a la policía.
-No llames, por favor, ya llamaré yo en mi casa. No te preocupes. Me voy al médico.
-Vale, espera que te acompaño - exclamó Victoria.
-No, quiero ir solo - Henrik se soltó con brusquedad del brazo de Victoria confundiéndola por completo. ¿Por qué había cometido la estupidez de acostarse con ella? ¿En qué estaba pensando? No estaba de humor. Además, el cielo le había mentido.
Y con esto, se alejó de Victoria exclamando interiormente que se pusiera a llover de una maldita vez.




-Bueno… ¿Y qué tal anda el ojo? - preguntó Lena.
-Pues bastante bien, ya se está curando, apenas me duele ya.
-Me alegro, la verdad es que lo tenías fatal. Llegué a creer que te ibas a quedar ciego. ¿Sabes quién era el que te pegó y por qué lo hizo?
Axel miró fijamente una de las estanterías de la librería como si estuviera en otro universo diferente.
-Un gilipollas, nada más.
-¿Pero lo conocías?
-No, sólo lo vi una vez.
-¿Qué? ¿Y por qué te pegó? - preguntó Lena sin comprender.
-La verdad, es que no lo sé…
Axel se dio cuenta de que no sabía el verdadero motivo por el que lo había pegado. Alguien entró en la librería y Axel se levantó para atender al cliente.
Era una joven más o menos de su edad, supuso él. Era morena, de estatura media, y llevaba un vestido algo provocativo. La muchacha se acercó hacia él y lo miró fijamente.
-¿Qué busca? - le preguntó Axel.
-Busco un libro en especial… - dijo sonriente -, ¿Qué te ha pasado en el ojo?
-Nada importante. ¿Qué libro? - Axel esquivó la pregunta.
-¿Nada importante? Un ojo morado no es nada importante, claro - la chica lo miró con sorna.
Axel torció la cabeza y la miró fijamente.
-¿Qué libro quiere? - le preguntó con sarcasmo, al ver que aquella chica estaba más interesada en su ojo que en el libro.
-Pues… se titula ¿Qué te ha pasado en el ojo?
Zas. Axel no pudo evitar sonreír.
-¿Autor?
-No sé. ¿Cómo te llamas?
-¿Por qué tanta curiosidad sobre mi ojo? Me han pegado una leche, nada más. Y seguro que tú ya sabes por qué tengo el ojo así.
La muchacha se rió.
-Sí, me lo imaginaba - lo miró frunciendo una sonrisa.
Hubo un momento de silencio que Axel notó extraño. ¿Le diría en algún momento de su larga vida el título del libro que buscaba?
-Me llamo Axel… - terminó diciendo alargando la mano, abatido.
La chica sonrió al ver que había conseguido su propósito, y alargó la mano con rapidez para estrechársela a Axel.
-Yo me llamo Hanne, encantada.

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MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Sáb Mar 30, 2013 6:10 pm

¡¡WTF!! ¡¡Esa ~#~€#@#~1!!! o.o.
¡¡Me comeré entera a esa rata!!
Náh, yo no como ratas ewe.
¡¡Pero igual!!

Me dejaste con la boca abierta :0. ¡Eres increíble!
Te quiero TTwTT. Aunque me traiciones algunas veces y nos conozcamos hace como un día, te quiero igual TTwTT.

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Humor : siempre de buenas aunque esté de malas

MensajeTema: Re: Amor de verano. Prólogo   Sáb Mar 30, 2013 6:13 pm

jajajajajjaaja *w* me quieres :ilove: jajajaja pues las cosas aún se van a liar más xDDD

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