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 Publicación de las historias del tercer concurso

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PrisAlvS

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MensajeTema: Publicación de las historias del tercer concurso   Dom Jun 16, 2013 8:19 pm

Escribir una historia con unos personajes y un escenario dados (idea de Joelizz)


Personajes:
1. Dafne: muchacha de 19 años, un "alma libre" como dicen, odia las reglas y que le impongan qué hacer, abandonó la escuela y escapó de casa.
2. Seth: de apariencia dulce, manipulador, le gusta ganar y el poder, tiene 23 años, trabaja para una empresa internacional.
3. Nicole: es la jefa de Seth, amiga de Dafne, tiene 25 años, es muy inocente, tanto que hasta puede resultar tonta, odia a Seth con todo su ser.

Participantes:
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MensajeTema: Re: Publicación de las historias del tercer concurso   Mar Jun 18, 2013 7:46 pm

Sólo tú.
Autor: Mary Jane
El idiota me engañó, y yo pensando que me amaba, y que lo amaba. Ugh, cerdo como era posible. Estaba hablando de Max, mi novio, EX novio, quien me había estado utilizando para agradar a sus padres mientras él salía con otra.
Aunque me había dado cuenta de que no lo quería, me había sentido una estúpida. Tenía todo planeado, iba a su departamento a sorprenderlo y vaya sorpresa me encontré con una morena exuberante sentada en su regazo. Luego de eso había salido furiosa  a pesar de sus suplicas de perdón, no había contestado sus llamadas, correos, nada, hasta que finalmente  se dio cuenta de que yo no iba a ceder.
Ahora sentada recordando lo ciega que había sido por haber confiado en él, pero bueno eso era el pasado y…
El timbre del teléfono me distrajo de mis pensamientos. Lo saqué de mi bolsillo y contesté.
—¿Hola?
—Dafne. Necesito tu ayuda mi asistente está enferma y mi oficina es un desastre —dijo Nicole, mi jefa.
—Bieeeeen, pero me debes una.
—Gracias, te debo la vida, adiós.
—Adiós.
Colgué y rápidamente me metí a la ducha y comencé a pensar en mi pasado, en todas las cosas que había hecho y de las que no me arrepentía, cuando tenía diecisiete había dejado mi casa y la escuela, porque no soportaba a mis mamá, siempre estaba ebria y con un hombre diferente, mi padre había muerto en un accidente, y unos meses después mi madre comenzó a salir más de casa y llegaba oliendo a alcohol, dejó el trabajo y la pasaba de bar en bar. Así que un día decidí que no la iba a aguantar más ni a ella ni a sus amantes y cogí mis ahorros y me fui. Afortunadamente había conseguido una pasantía en una empresa de una ciudad cercana, no era un trabajo fácil pero pagaban bien. Me llevaba bien con la jefa a quien había conocido de casualidad en una cafetería luego de tropezar con ella charlamos unos momentos le conté mi situación y me ofreció su ayuda. Y el dinero que recibía me ayudaba a estudiar, luego de unos meses lo dejé pero seguía ayudando a Nicole cuando no estaba ocupada con los estudios.
Cerré la ducha y agarré una toalla y de inmediato busqué mi ropa. Me puse algo de maquillaje recogí mi bolso y salí de mi departamento. El día estaba demasiado caluroso para mis gusto, caminaba mirando todo distraídamente en un momento estaba mirando el cielo y luego, me encontraba sobre mi trasero. Y no, no de una forma glamurosa. Me había tropezado con algo. Levantando la mirada vi que el algo resultaba ser alguien, que me miraba con una expresión entre frustración y enojo. Y me quedé atontada por sus ojos. Dios mío, eran hermosos, de un color dorado incomparable, no sabría cómo describirlo. Parecía un dios caído del cielo, llevaba un traje gris que parecía hecho sólo para él. Pero el encanto se rompió en cuanto abrió la boca.
—¿¡Estás loca!? ¿Cómo se te ocurre caminar así? No deberían dejarte salir eres una…
—Si hubiera estado mirando hacia adelante no hubieras chocado conmigo, idiota —le grité de regreso y el me miró incrédulo. Pobre, creía que me iba dejar insultar.
—¿Piensas quedarte en el suelo mirándome embobada?
—¡Dios! ¿A dónde se ha ido la caballerosidad? —dije indignada y luego me levanté.
Empecé a girar cuando me agarró del brazo y me haló frente a él.
—¿A dónde crees que vas?
—¿Perdón? —dije aturdida.
—Me has ensuciado el traje, tendrás que pagar la tintorería.
—¿Estás loco? Yo no he tenido la culpa —le grité. ¿Quién se creía para venir a darme órdenes?
—Oh, si esto es tú culpa deberías prestar atención cuando caminas.
—Tu pedazo de arroga….
No pude terminar, al instante su boca estuvo sobre la mía y durante unos segundos no pude reaccionar, luego simplemente me dejé llevar disfrutándolo e inmediatamente se separó dejándome aturdida.
—Considera tu deuda saldada —dijo con una sonrisa triunfal.
Pero ¿qué demonios? que hombre más confuso, primero me grita luego me besa. Argh, pero no tuve tiempo de responder porque ya se había dado la vuelta y comenzaba a caminar. Yo en cambio me quedé mirándolo caminar. Lindo trasero.
Pero ¿de donde había salido ese pensamiento?, seguramente el calor me estaba afectando. Me di la vuelta aun confundida y empecé a caminar hacia el paradero. Luego de unos instantes pasó un bus, me subí y cuando encontré un asiento libre fui hacia él y me senté con el rostro hacia la ventana. Me gustaba ver los autos pasar mientras pensaba en lo que haría cuando llegara a la oficina de Nicole, era muy desorganizada y no podría sobrevivir un día sin asistente
Cuando llegué a mi destino, me bajé y empecé a caminar hacia el edificio donde trabajaba Nicole, el cual era uno de los más grandes de la ciudad, así de prestigiosa era la empresa.
Cuando entré inmediatamente vi a Diana, la recepcionista quien me dio un guiño y asintió hacia el ascensor. Yo le devolví la sonrisa y me dirigí al ascensor y al hacerlo me encontré con los mismos ojos dorados que había visto más temprano. Me quedé sin aire y él me dio una sonrisa que hizo que mi corazón saltara. Pero, ¿qué hacía aquí? sacudiendo la cabeza para despejar mis pensamientos entré en el ascensor y me paré en la esquina más alejada del él. No daba crédito a lo que veían mis ojos, que suerte la mía.
Cuando llegamos al piso de Nicole rogué para que no se bajara, pero él salió antes que yo y al instante quise regresar a mi departamento.
Nicole estaba fuera de su oficina hablando con uno de los socios que había conocido antes, al notarme lo despidió con una sonrisa. Era encantadora y no se daba cuenta de eso y siempre tenía la mala suerte de encontrar hombres equivocados. Tú también tienes esa mala suerte. Me dijo una vocecilla y al instante recordé al traidor de Max. Debí de haber tenido una expresión extraña porque Nicole me preguntó:
—¿Mal día?
—No tienes idea —le respondí y dirigí la mirada hacia el chico de ojos ámbar, debería de tener unos buenos veinticinco años, tal vez menos.
Y a juzgar por la mirada sugerente y la sonrisa pícara, debía ser todo un gigoló, así que tenía que sacármelo de la mente, no necesitaba una traición más. Nicole siguió mi mirada y frunció el ceño. Oh no, conocía esa mirada. Esa mirada se la daba a las personas que la irritaban. Entonces debía conocerlo.
—¿Lo conoces? —le pregunté, cruzando los dedos mentalmente para que no fuera así.
—Desafortunadamente —respondió entre dientes—. Es Seth Clark el nuevo socio, su padre le cedió las acciones porque ya está muy enfermo para lidiar con esto.
—¿Qué te hizo? —le susurré, porque seguía mirándolo con furia asesina mientras él miraba a cualquier lugar menos a nosotras.
—Nada, solo es un idiota al que le gusta dar órdenes y creerse irresistible.
—Se te ha insinuado —dije asumiéndolo.
—¡No! Pero su fama lo precede. Es un mujeriego total. Y te está comiendo con los ojos —me dio una mirada interrogativa.
—Oh, vamos no soy idiota además no quiero otro idiota traicionándome con cada zorra que encuentre.
Abrió muchos los ojos y me interrogó.
—Oh, no. ¿Qué te hizo ese idiota?
—Te lo cuento más tarde cuando estemos almorzando, ¿ok?
Asintió y se fue a hablar con Seth. Yo ya estaba familiarizada con mi puesto así que rápidamente puse todo en orden. Y sí que estaba hecho un desastre, Dafne se metió en la sala de juntas con Seth detrás de ella, él me dio un guiño y yo le fruncí el ceño. No sabía que pretendía. Pero podía deducir lo que era y no iba a darle oportunidad.
Estaba tan concentrada en mi tarea que no me di cuenta que ya habían salido y me sorprendí cuando él colocó su mano frente a mi rostro y yo levanté la mirada para encontrarme con sus hipnotizantes ojos.
Me dio esa sonrisa otra vez y me sonrojé sin saber por qué. Nadie. Jamás. Me ha hecho sonrojar él lo notó y su sonrisa se ensanchó.
—¿Entonces a dónde vas a la hora del almuerzo? —preguntó con voz dulce.
Rodé los ojos ante su tono.
—No te importa —dije, antes de poder darme cuenta. Su expresión era sorprendida. Sí, yo también lo estoy. Mordí mi labrio y sus ojos fueron a mi boca. Cuando los levantó pude jurar que eran más cálidos que antes. Y eso me hizo sonrojar de nuevo. Por Dios. Parecía una chiquilla. Eres una chiquilla pensé. Tal vez eso es lo que llamó su atención, piensa que soy una niña inocente.
—Creo que esa no es la actitud de un buen empleado.
—Sólo estoy aquí ayudando a Nicole hasta que su asistente se recupere —le dije entre dientes.
—Lastima, esperaba verte algún tiempo. —Y así, sin más se dio la vuelta y fue hacia al ascensor antes de que las puertas se cerraran me miró, y mi corazón enloqueció, esa mirada era puro deseo. Sacudí la cabeza mentalmente. Debo estar alucinando.
Más tarde cuando todo estaba listo y Nicole pasó de estar enfadada a alabar mis aptitudes de organización. Y yo rodé los ojos ante su comentario.
—Bueno, lamento no haber podido almorzar contigo así que te invito la cena.
—Bien, pero vamos al restaurante de enfrente.
Asintió con una sonrisa y cuando llegamos ahí ordenamos nuestra comida. Cuando la camarera se va Nicole me miró, esperando y yo le conté todo lo de Max, y sin querer suelto los encuentros con Seth. Ante esto ella abrió muchos los ojos, tanto que pensé que está sufriendo un ataque.
—¿Qué? —casi gritó.
—No te apresures —la tranquilicé—, él no sabía quién era y por lo que me has dicho es un mujeriego así que no debería preocuparme. Y tampoco estoy muy interesada en otro mujeriego.
Díselo a tu cuerpo traidor.
—Ten cuidado con él, cuando quiere algo, lo consigue —me dijo con tal convicción que me dio un poquito de miedo. Así que solo asentí.
El resto de nuestra cena la pasamos entre chismes y risas. Le encantaba ver la vida de los demás pero solo me lo contaba  a mí. Cuando terminamos pagó la cuenta y yo me fui a tomar el autobús. Debería comprarme un auto, pensé. Si, así no tendría que preocuparme por…
Por segunda vez en el día choqué con algo, pero me agarró antes de caer y al levantar la mirada me encontré con sus dorados ojos.
—Otra vez en las nubes —dijo con una sonrisa de lado.
Suspiré, tratando de alejarme del calor de su cuerpo pero no me lo permitió.
—Tengo cosas en las que preocuparme.
—¿Estás sugiriendo que yo no?
—Tú tienes la vida solucionada.
—Eso no es cierto. Aun me falta algo —dijo mirándome intensamente.
—¿Y que podría ser eso?
En vez de responderme unió nuestros labios y mi cuerpo entero se calentó, respondí a su beso con una pasión que no sabía que tenía, porque este curioso hombre me confundía y me encendía. Simplemente me dejaba sin palabras, cuando se separó, me susurró sin aliento.
—Tu, Dafne. Sólo tú.

Y al mirar sus ojos sentí que me decía la verdad y estaba segura de algo, este hombre iba a cambiar mi mundo.
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