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 Saga Nexo (Libro primero: NEXO)

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luzoasis

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MensajeTema: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Jue Mar 28, 2013 6:37 pm

Por petición de Ire, subiré Saga Nexo Very Happy espero que a vosotros también os guste!


Estos son dos poemas principales (que se me olvidó mencionar). El primero lo hice yo y son como una especie de resumen del libro. Todos tienen un poema así. Luego pongo otro poema.

Al causante de mi aspecto de ansia, a ti.
Para el laxo nexo que nos rodea,
Dañando la fragancia de tus carnosos labios.
Incorrecto, afligido con intensidad,
En el mar de mareas de plata y fuego,
Oculto en el verso, esconde la poetisa,
La secuela de la sed de mirada,
Mezclada en menta sobre la medialuna.
Como castigo, insulto a vos, silueta,
Veros yacer poseído por el poniente.
En exhibición al lenguaje, quedo,
Con la intención de posarme sobre las rosaledas,
A merced de tus manos, aún siendo un sueño.
Ángel pétreo, lobezno amargo, de aspecto sobrio…
Cierra el lánguido cauce, y enséñame tus garras.
Poseído yo te reclamo, ¡Muérdeme!
Deja correr mi sangre, sobre las sonrosadas
Sobre las rosaledas de sol…
Por naturaleza yo te suplico mil y una cosas…
Mírame y calma mi sed,
Muérdeme y calma mi ansia,
Que tus manos hagan fuerte el nexo que nos rodea.
Para que en mis sueños, seas tú y no él el que aparezca,
Y cumplas la apasionante alegría en la claridad
De tu dulce dulzura sobre el fuego.
Dómine, divinidad, realeza…
Erik, abre la jaula,
Corre antes de que nos atrapen…
¡Libérame!


Asomaba a sus ojos una lágrima
Y a mi labio una frase de perdón;
Habló el orgullo y se enjugó el llanto,
Y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;
Pero al pensar en nuestro mutuo amor,
Yo digo aún: « ¿Por qué callé aquel día? »
Y ella diría: « ¿Por qué no lloré yo? »

Gustavo Adolfo Bécquer

PRÓLOGO

Final y principio



Iba a estallar. Había acumulado tanto dolor en mi pecho que ya no podía más, así que cerré los ojos, aguanté la respiración durante un segundo y me eché a llorar soltándolo todo, dejándome al llanto.
Quién me diría que todo lo que tenía pensado hacer, se debía a un chico. Quise reírme a carcajadas, pero con el llanto solo conseguí que el hipo viniera a mí.
Tener que verlo cada día acababa conmigo, y lo tenía como una especie de maldición que la vida me había encomendado por enamorarme de él. Una cosa estaba bien clara, ese sería el último día en el que lloraría.
Agarré con fuerza y determinación el cuchillo que anteriormente había raptado de la cocina y que se hallaba en el suelo a la espera de ser usado. Luego me remangué la muñeca, y sin pestañear, clavé el cuchillo lo suficientemente fuerte para que llegase a las venas, provocándome un gesto de dolor mientras la sangre comenzaba a fluir. Empecé a respirar con dificultad esperando la muerte.
Por una vez no tenía miedo.
Pero no tenía ni idea de que aquello no era el final de una historia, sino el principio de otra que se alargaría demasiado para mi gusto.
Sentí una gran presión que me empujaba hacia un abismo oscuro que abracé sin dudarlo.
Me mareé, perdí el conocimiento y mentalmente, le dije al mundo adiós.


Última edición por luzoasis el Dom Abr 14, 2013 1:27 pm, editado 2 veces
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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Jue Mar 28, 2013 6:53 pm

Nena, normalmente, creas un solo tema por fic y ah'i subes tooodos los capis. Es para no ocupar tanto espacio creando un tema para cada capi. Puedes arreglarlo, por favor?
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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Jue Mar 28, 2013 6:56 pm

ah vale (jolines, no me había dado cuenta) jajajjaa pongo el primer cap ya después del prólogo y elimino este o ya todos los que ponga los pongo aqui? :/

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Jue Mar 28, 2013 6:59 pm

Primero es el prologo, que yo sepa xD . Ya sabes:
Prologo
Cap 1
Cap 2
etc, etc
En un mismo tema.
Elije uno definitivo para el tema (puede ser este) , eliminas los demás (el otro tema del capi 1) y publicas el capi 1 aquí después del prologo LO mismo con tus otros fics.
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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Jue Mar 28, 2013 7:03 pm

ah siii pense que este era el cap 1 (stoy en las nubes )

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Jue Mar 28, 2013 7:04 pm

Capítulo 1

Abriendo los ojos



“Mi nombre es Dayanne, Dayanne Kimhftow.
De aspecto soy una simple morena de ojos castaños, delgadita y sin nada que pudiese llamar la atención. Tengo casi dieciséis años, y mis días se resumen en un cielo nublado pero sin lluvia. Vivo en Huntsville, en los Estados Unidos.
El mayor error de mi vida, fue cuando me enamoré de un chico, un chico que terminó llevándome a la desgracia.
Pero las desgracias no siempre son finitas ¿no?
Por lo menos la mía no lo era.
Me suicidé, y la verdadera historia de mi vida comenzó cuando me desperté…”



Cuando abrí los ojos todo fue distinto.
¿Dónde estoy? Fue lo primero que me pregunté. ¿En el cielo? ¿En el infierno? Aquello era demasiado cómodo para ser alguno de los dos.
Pude distinguir que estaba en una habitación totalmente desconocida para mí.
Me hallaba sobre una cama de sábanas desgastadas, con medio cuerpo fuera. Por una estúpida inercia, me miré las manos. ¿Cómo… estaba viva… y había llegado hasta allí? Las paredes eran azules claritas, y tenía varias estanterías decoradas de peluches viejos y libros desgastados del instituto.
Con cuidado, me levanté y me dirigí a la puerta con una extraña sensación en el cuerpo. Me notaba… ligera.
El pasillo era de un tono melocotón, muy simple. Lo recorrí hasta llegar a una puerta abierta que daba a la cocina. Entonces me di por vencida: no conocía aquella casa.
Mientras miraba la cocina sin comprender nada de lo que estaba sucediendo, una voz femenina se dirigió hacia mi posición. En una especie de ataque de pánico, intenté esconderme, pero no me dio tiempo y la mujer entró en la cocina. Me preparé para soltarle cualquiera excusa, aunque la verdad, no encontraba ninguna. ¿Qué le iba a decir?, ¿Que me había suicidado, pero que no había muerto, sino que despertado en su casa?
La mujer, que era bastante adulta, se acercó hacía mí, impasible, y me atravesó.
Y entonces quise gritar con todas mis fuerzas, mientras que por un ligero momento el mundo daba vueltas. ¿Me desmayaría? ¿Un fantasma se podía desmayar? Porque yo era un fantasma…
Y entonces apareció él, cortando mis pensamientos por completo.
Erik acababa de entrar por la puerta.
-Oye… ¿A qué no sabes de lo que me acabo de enterar? – le preguntó a lo que supuse que era su madre, mientras se sentaba en la mesa.
-No, ¿Qué ha pasado?
-¿Recuerdas a la chica aquella, Dayanne? – Me puse tensa -, me he enterado de que acaba de morir, y la verdad es que no sé muy bien cómo… - dijo con un cierto tono de tristeza que me resultó desconcertante.
La madre lo miró boquiabierta, sin acabar de creérselo.
-Dios mío… según lo que me contabas parecía una buena chica.
¿Qué? ¿Qué Erik le contaba qué? Aquello tenía que ser imposible.
Me lo quedé mirando, mientras su cuerpo se tensaba.
-Erik… ¿Me… puedes ver? ¿Oír? – le pregunté apenada.
Como me imaginaba, no obtuve respuesta.
Di unos pasos atrás, y decidí salir de aquella casa cuanto antes. ¿Desde cuanto existían los fantasmas? ¿Aquello era una broma pesada? ¿Un sueño? ¿Una pesadilla? Había decidido suicidarme para dejar de sentir, pero ahora me había convertido en un fantasma, nadie me veía ni me oía. Más que nunca, era invisible para el mundo, y aquello me dolía más que nada.
Y nada me garantizaba que pudiera salir de aquello. Quizás estaría así para toda la vida.
Dejé volar mi imaginación. ¿Y si existía una luz a la que dirigirse? Había oído hablar de ella, visto películas sobre ella, e incluso leído libros. ¿Y si existiese? ¿Podría irme?
¿Y por qué había despertado en casa de Erik? Quizás lo había echo porque me había suicidado por su culpa, o porque había sido la última persona en la que había pensado. En tal caso, tenía la sensación de que significaba algo importante en toda esta locura. Y tenía que averiguar el qué.
Me paré en seco. Las cosas se habían complicado. ¿Hace cuánto que he muerto? ¿Cómo estarán mis padres?
Y entonces, todo a mi alrededor comenzó a girar y mi casa apareció frente a mí. ¿Cómo había echo eso?
Varios coches de policía y una ambulancia se amontonaban como podían en la estrecha entrada a mi casa, lo que respondió a mi pregunta: no había muerto hace mucho.
Con lentitud, subí las escaleras. En el salón, se encontraban mis padres delante de un policía. Aquello era un caos. Los policías andaban de un lado a otro como si aquello fuese un asesinato, cuando solo era una estúpida niñata que se había suicidado por un chico.
Mi propia realidad caló en mí.
Eso era lo que era, una estúpida.
Unos hombres se acercaron a la salida con una camilla en el que debía de estar mi cuerpo. La manta estaba llena de mi sangre, y de la camilla asomaba mi mano.
-¿Podemos ver a nuestra hija por última vez? – preguntó mi madre evitando echarse a llorar de nuevo.
El policía asintió y levantó la manta dejando ver la muerte pura. Allí estaba yo, totalmente pálida, con los ojos y la boca entreabiertos. El corte de mi muñeca era una herida larga y profunda, con unos bordes rojos que me provocaron una especie de escalofrío.
Mis padres volvieron a echarse a llorar mientras yo salía corriendo de allí todo lo más rápido que podía, pero los llantos de mi madre taladraban mi cerebro impidiéndome pensar con claridad.
Fallo: primero de los múltiples que me esperaban en mi nuevo vida de muerta.
Necesitaba escapar de aquello, necesitaba un ambiente solitario donde ordenar mis ideas. Necesitaba…
La necesidad habló por mí y en medio de mi torpe carrera sentí que me desvanecía, y todo se volvió borroso. Perdí el equilibrio (no sé cómo podía un fantasma perder el equilibrio) y caí de rodillas. Cuando alcé la vista para ver donde me encontraba, me encontré en una cima de una de las montañas que poblaban el pueblo de Huntsville.
Por primera vez, vi el pueblo en su totalidad. Las casas se amontonaban de derecha a izquierda aglomeradas. Las multitud de casas cesaban de forma brusca a unos cien aproximados metros del gran bosque. Lo observé. Me dio una sensación de profundidad y miedo. Aquel bosque era oscuro, y transmitía una sensación escalofriante.
Suspiré y le di la espalda al bosque observando de nuevo el pueblo. ¿Cómo había cambiado mi vida en tan poco tiempo? Me sentía terriblemente sola, y no llevaba ni un día muerta, pero la sola idea de pensar que podía estar toda la vida así me aterraba.
Pero la cuestión que me preocupaba era con quien había establecido una conexión. Con Erik. El chico que me gustaba.
El chico por el que ahora estoy en esta situación.
Recordaba con total claridad como habían evolucionado las cosas hasta llevarme a este preciso momento. Y como olvidarlo. Cómo olvidar que durante años mi corazón se iba rompiendo de una forma lenta y perezosa, que cada trocito de él me hería con cada impulso. Cómo olvidar cada mirada despreciativa, cada señal de que yo no sería nada para él en la vida. Cómo olvidar la sensación que tuve cuando el último trozo de mi corazón se desplomaba.
Y tres días después, me suicidaba.
¿Cuántas opciones me quedaban en aquel momento? En el suelo, bajo mis pies, una flor intentaba crecer entre todas las plantas que se lo impedían. ¿Qué iba a hacer? No lo conseguiría… ¿Cuál era mi futuro? … no florecería…
Una vez más, expulsé toda la tristeza en un suspiro. Si Erik era mi lazo, por algo sería, y no sé si creer en el destino, pero he de averiguar por qué me ha sucedido esto, y alejándome de él no me responde las preguntas.
Así que decidí que a partir de aquel momento seguiría a Erik a todas partes, hasta que suceda algo, si es que sucedía algo.




El ambiente la mañana después en el instituto donde estudiaba era triste. Todo el mundo parecía conmocionado. Pude observar algunos llantos desconsolados de amigas mías. ¿Qué había hecho? Todo aquello lo había causado yo.
Sarah, Roi, Naomi, Kira, Erika… todos ellos estaban con el rostro tapado en el interior del instituto. Pasé a su lado mirándolos de reojo triste. El mundo pareció ir despacio en aquel momento, una lentitud agonizante en la que la tristeza de mis amigos pareció parecía cobrar vida y atacarme desde las sombras.
Pasé al lado del grupito de Erik. Este se puso rígido cuando aparecí, lo que me dio a suponer que provocaba esa reacción el él, no que ayudo a mi bajo estado de ánimo así que bajé la mirada y continué mi camino hacia las escaleras justo cuando sonaba el timbre que indicaba que las clases iban a empezar. Cuando llegué a clase, todos entraban con lentitud. El profesor llegó detrás y todos, como una rutina, fueron a su sitio.
El profesor dejó el maletín sobre la mesa, y todos supimos que hoy no iba a haber clase de Sociales con él.
-Bueno, he de suponer que todos sabéis lo sucedido, - Hubo un silencio en la clase -, una alumna de este instituto ha fallecido, Dayanne Kimfhtow, una desgracia. Sus padres hacen todo lo posible para que no se sepa cómo murió y así no se perjudique su imagen, así que a la gente que lo sabe - miró a Sarah -, les pido que hagan lo mismo y no digan nada. Hoy no voy a dar clase. Entre todos, podemos hacer una especie de despedida, y que cada uno diga unas palabras hacia ella.
La primera voz se alzó repentinamente, como un impulso.
-Era alegre y simpática - dijo Sarah, como si aquello le ayudara a algo -, era la mejor amiga que una podía tener. Se le podía contar cualquier cosa, y nunca decía nada si tú se lo pedías, porque sabía guardar un secreto… - y se echó a sollozar.
Se escucharon afirmaciones en la clase, y la gente comenzó a hablar con soltura.
-Recuerdo que el día de mi cumpleaños ella se subiera a la mesa e hizo que todos cantarán con ella cumpleaños feliz. - dijo Naomi.
-Sí, quizás era una de las cosas buenas de Dayanne, siempre estaba ahí, apoyándote, nunca se alejaba de ti, y se ganaba la amistad de la mayoría de la gente. - dijo Roi.
-Sin duda era graciosa, y me caía bien. Pena que no pude conocerla mejor, siempre que se deprimía la apoyaban… - dijo una voz inesperada.
La de Erik.
Me quedé impresionada al oírle hablar. La mayoría de la clase lo miró incriminándolo de cómo me había tratado. Sarah lo miró con auténtico asco, porque las dos sabíamos que él, en teoría, me había matado. Nada de lo que había dicho era creíble pero preferí ignorarlo y tomarlo como una anécdota graciosa de su parte.
-¡Por Dayanne! - gritaron varias voces a la vez, y en respuesta, todos los de la clase alzaron la voz eufóricos gritando como si aquello los liberara de la tensión.
Roi salió corriendo de la clase y justo en ese momento entró más gente y entre todos se dieron un abrazo colectivo.
Aquel ambiente me emocionó, y podría decir que me echaría a llorar en medio de la risa, pero no podía. Entonces, al fondo, en un sitio que yo conocía bien, se oyó una voz baja pero que resonó con fuerza en mi mente como si me la hubieran susurrado al oído.
-Por ti, Dayanne, espero que sepas perdonarme por todo lo que te he hecho.
Lo miré. La verdad es que no comprendí por qué lo decía, pero aún así, contesté aunque no me oyera, sabiendo que por mucho que no quisiera, sería así y siempre lo sería.
-No te preocupes Erik, yo, por desgracia, siempre te perdonaré.
Sonó el timbre y todos se disolvieron entre llantos y risas comprensivas. Todo era casi euforia y sentimientos de olvido, aquello era el primer paso para olvidarme y guardarme en el baúl de los recuerdos: el corazón.
En aquel momento no necesitaba ver más. Di dos pasos atrás, y desaparecí allí con una sonrisa en el rostro.
Y una mirada me seguía, sin yo saberlo.
Bajé al patio y caminé sin rumbo fijo. Entonces, lo sentí, un especie de tirón, como si una cuerda atada a mí tirase y me llevase a no sé dónde. Cuando me di cuenta, estaba al lado de Erik, aguantando el equilibrio. Sobresaltada miré hacia los lados sin acabar de comprender lo que había sucedido. ¿Y si ese nexo que nos unía tenía reglas y prohibiciones? ¿Y si había que mantener una distancia máxima?
Al terminar las clases, seguí a Erik hasta su casa, sin otra cosa que hacer. Cuando entré con él, vi su cuarto.
-Así que el cuarto en el que me desperté era el suyo, pues vaya - pensé.
Me puse a examinar la habitación con más profundidad que la última vez. Los libros que había en la estantería eran los de clase, y también algunos que supuse que los compraría por obligación. Los peluches eran sosos y viejos, y la cama tenía unas sábanas cotrosas y desgastadas.
Luego lo miré detenidamente, sus facciones, su cuerpo. La verdad era que Erik era verdaderamente guapo. Era rubio, y tenía el rostro medio moreno, y unos ojos azules mar, algo caídos, y con unas pestañas negras como el carbón. Además, estaba muy bueno.
Entendí que me había enamorado más de su cuerpo que de su posible interior.
Con estos pensamientos me dejé caer al suelo deprimida y me tumbé cerrando los ojos, deseando que pudiese dormir y así el sueño me hiciera olvidar. Quizás al despertar, todo volvería a ser como antes.
Pero la pesadilla que tuve aquella noche, no se parecía a ninguna otra que hubiese tenido.
Fue como si una voz se hubiera introducido dentro de mi mente, y me hiciera preguntas sin parar, de las cuales la mayoría eran incómodas, impertinentes, o tan difíciles o dolorosas de contestar que me echaba a llorar pero no lloraba. Hasta que alguien se acercó con un cuchillo y cuando vi que era Erik él dijo:
-Has perdido, el castigo es la muerte.
Erik me rajó el cuello. En ese momento abrí los ojos de nuevo a mi realidad.

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Jue Mar 28, 2013 8:08 pm

Genial!!
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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Vie Mar 29, 2013 4:40 pm

Wow, quiero que publiques ya el próximo capítulo o.o. ¿Acaso Erik la ve, o hay algún otro fantasma por ahí? Surprised.
¡Saludos!

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Vie Mar 29, 2013 6:27 pm

Jajajajaaa ya sabras ya Very Happy intentare terminar el siguiente capitulo cuanto a sunny ntes!!!

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Lun Abr 01, 2013 9:10 am

Capítulo 2

Descubrimientos




“Toda mi vida se basaba en un ja, ja por parte de los demás que se burlaban continuadamente de mí sin razón ninguna. Mira esto, mira aquello. ¿Pero qué me quedaba más que enfadarme?
El día en el que confirmé que Erik me despreciaba, fue para mí el peor día de mi vida, porque las cosas habían sido más fáciles de llevar cuando alguien vivía en el desconcierto. Pero es que podía verlo hasta en su mirada. Pero a veces su mirada se volvía totalmente confusa. ¿Me odiaba? ¿Me quería? Pero pronto me había dado cuenta que detrás de esos ojos azules, se encontraba la personalidad de un inmaduro despreciable…”




El día de mi funeral.
Suspiré y entré en mi casa una vez más desde que había decidido suicidarme. El pasillo estaba lleno de gente, de familiares, de amigos. Se oyeron unos aplausos. Alguien estaba intentando llamar la atención de todo el mundo. La gente se sentó en sus respectivos asientos. Había personas que sollozaban.
Mi madre habló de lo tanto que me quería y todas esas cosas. Luego fue el turno de mi padre, y después de mis familiares más cercanos. En último lugar, hablaron mis amigos, de lo bien que nos llevábamos y lo buena amiga y persona que había sido.
Nadie, por supuesto, mencionó que esa buena persona, amiga e hija se había suicidado.
Cuando hablaron todos, la gente comenzó a levantarse y a marcharse. Algunos se dirigieron a mi ataúd para decirme adiós.
Entonces, al fondo, observo la silueta de Erik caminar hacia mi ataúd con una orquídea en la mano.
Me acerqué a él sin acabar de creérmelo. Se inclinó sobre el ataúd y colocó la orquídea en mi oreja. Estaba limpia, peinada y bien maquillaba. Me habían puesto un precioso vestido. Me habían puesto guapa. Entonces me imaginé mi cuerpo siendo enterrado, pudriéndose bajo tierra… Cerré los ojos para alejar aquellos pensamientos de mi cabeza, y fue cuando vi una lágrima escaparse de los ojos de Erik. ¿Había sido aquello también una alucinación? Tan rápido como se asomó la lágrima, desapareció. Erik dio media vuelta y salió de mi casa. Yo, confusa, me senté en un banco pensativa.
Antes de darme cuenta todo estaba a oscuras, y hacía un buen rato que se habían llevado mi ataúd. Me disponía a irme cuando oigo unos pasos detrás de mí y veo a mi hermana Rebecca.
Mi hermana era muy famosa por estar loca. Le gustaba mucho esos programas de espíritus tipo Entre Fantasmas, por lo que creía en estos y juraba que los veía y los oía, aunque eso no se lo creyera ni ella.
Caminó cautelosa y miró hacia todos lados como si esperase ver algo. Me quedé mirándola, como muchas otras veces en los que hacía ese tipo de cosas.
-¿Hermana? - dijo de repente - ¿Estás ahí? Si estás muéstrate ante mí…
Me empecé a reír. Era la primera vez que lo hacía desde que había muerto. Acerqué mi boca a sus oídos y, concentrándome, le susurré:
-Hermana, estoy aquí…
Rebecca pegó un grito y salió corriendo asustada. La miré subiendo una ceja, no pensé que fuera a reaccionar así.
Di media vuelta y salí de la casa. Antes de salir, miré hacia atrás, quedándome con lo que había sido mi hogar, y que ahora ya no era nada más que olvido.




Admito que seguir a Erik era muy aburrido. Se pasaba los días hablando y discutiendo con amigos por tonterías, cuando no estaba jugando al baloncesto.
Como todos los días, ambos caminábamos juntos hacía su casa. Me sentí en todo momento extraña, como si presintiera que algo malo iba a pasar.
Cuando entramos en casa, Erik se dirigió a su habitación cerrando la puerta. Sentí que el mundo parecía perder consistencia a mi alrededor y pensé que iba a explotar.
Fue el momento en el que empezaron las premoniciones.
Él estaba sentado encima de la cama con las rodillas dobladas y la cabeza escondida entre ellas. Por un momento, pensé que estaba llorando. Cuando levantó la cabeza, vi sus ojos húmedos. Abrí la boca y alargué la mano por un impulso y todo a mi alrededor pareció ir a cámara lenta. Mi mano no le causó un escalofrío como otras veces. De pronto quise salir corriendo de allí, pero mis pies estaban anclados al suelo, y era incapaz de cambiar mi postura, como si no pudiera controlar mi cuerpo.
Nos miramos a los ojos.
-Erik… tú me ves… no… no puede ser…
Entonces Erik, de forma rápida, se levantó y acercó su rostro al mío…
Y desperté de mi trance. Estaba delante de la puerta de su habitación, con rostro confuso, inmóvil. ¿Qué había sido eso?




Erik al día siguiente había decidido ir a dar un paseo y yo, sin nada más que hacer, fui con él. El silencio se hizo muy pesado y lo miré.
-Cómo me hubiera gustado estar viva para poder hablar contigo, aunque es una tontería, porque no me hubieras escuchado y hubieras hecho lo de siempre. Me da mucha rabia que seas el centro de mis pensamientos. Pienso en ti aún cómo me trataste… - las palabras salían de mi boca sin yo poder evitarlo. De pronto, vi la necesidad de soltar todo lo que pensaba, aunque fuese una manera de hablar sola -, por algún motivo que desconozco, la tienes tomada conmigo, y no sé por qué y espero averiguarlo algún día, porque por tu culpa…
Cuando iba a decir que por su culpa me había suicidado, una rubia entra en escena.
-¡Erik! ¡Cariño! - torcí la boca al reconocer su voz. Era Carla -, ¿Estás deprimido?
-¿Yo? ¿Por qué iba a estarlo?
-No lo sé… tenías cara de concentrado. Cuando estás deprimido pones esa cara…
Aquel comentario me llamó la atención, y hubiera pensado más en ello si Carla no se hubiera, así, como si nada, decidido a darle un beso a Erik, al que había pillado desprevenido.
Mi instinto explotó, y me invadieron unos terribles celos que no fui capaz de controlar. Tal fue mi furia, que provoqué una ráfaga de viento. Una señora que pasaba en aquel momento le pilló desprevenida, y el repollo que tenía dentro de una de sus bolsas de la compra salió despedido hacia la cabeza de Carla, donde se estrelló con fuerza. Esta perdió el equilibrio y cayó al suelo.
-¡Dios! - exclamó Erik aguantando la risa y agachándose para ayudarla a levantarse -, deberías irte a casa. Este viento podría darte otro susto.
Se dio media vuelta dejando a Carla allí, confusa, con una mano en la frente tras el fuerte golpe.





Al día siguiente, de vuelta al instituto, nada más entrar, un grupo de chicos estaban esperando en el patio a Erik. Lo supe en cuanto los vi desperezarse al acercarse Erik, y me temí lo peor.
-¡Eh! Erik ¿no? - preguntó un chico que me resultaba familiar.
-Sí, ¿por?
-Era solo para decirte que como te vuelvas a acercar a Carla de la paliza que te daré no te reconoce ni tu madre.
Hubo un pequeño silencio en el que Erik digirió el significado de todo aquello.
-Lo siento, pero no soy yo quien decide. Si ella quiere acercarse a mí y no a ti no es mi problema.
-¿Qué has dicho? - soltó estupefacto.
Le propinó un empujón a Erik. Empiezo a asustarme. Erik le devuelve el empujón y entonces se enzarzaron en una pelea.
-¡No! ¡Parad! - grité temiéndome lo peor, aunque sabía que iba a ser inútil porque nadie me oiría.
El viento me rozó la mejilla y el oído como si me estuviera susurrando algo. Me enfadé por estar muerta y resultar inútil, por haber cometido tantos errores. Y entonces me di cuenta de que el viento me estaba susurrando de verdad.
Era una voz profunda y grave que me dio escalofríos.
“Tienes un poder especial… puedes evitarlo… déjate llevar por el fuego…”
Sentí que los ojos se me humedecían y tuve miedo porque yo no podía llorar. Los ojos parecían arderme con fuerza y quise chillar de dolor. Entonces, de mis ojos salieron dos lágrimas que de pronto se convirtieron en llamaradas de fuego. Me quedé muda de terror. Estas llamas se suspendieron en el aire, y antes de comprender lo que estaba haciendo, alcé la mano y el fuego salió disparado hacia el chico que estaba pegando a Erik y su ropa prendió fuego.
Se miró la chaqueta, y vio como el fuego comenzó a quemar su chaqueta con velocidad. Empezó a gritar y se tiró al suelo rodando para apagar las llamas. Una vez consiguió apagar las llamas, se quedó en suelo cansado y sudoroso, bajo la placentera y vengadora mirada de Erik.
Me puse delante de él, alarmada, y observé las heridas de su cara. Acerqué la mano sin querer a una de ellas y una gota de sangre corrió por mi dedo sin atravesarlo, y retiré con rapidez la mano por si alguien se diese cuenta. Se había formado un corrillo a nuestro alrededor.
Un profesor con cara de pocos amigos salió al patio, agarró del brazo a Erik y al otro chico, y se los llevó a ambos al interior, posiblemente a junto del director. Yo corrí para no perderles el paso.
¿Cómo había hecho eso? ¿Cómo un espíritu podía provocar fuego? Y lo más extraño, ¿Quién me había susurrado?
Todos entramos en el despacho del director, que estaba sentado detrás de su mesa.
-Señor director - dijo el profesor obligando a los chicos a que se sentaran -, estos alumnos se han peleado, y uno resultó extrañamente quemado, así que no me extrañaría que el otro usara un mechero para hacerlo.
-Yo no he quemado a nadie, no he hecho nada, además de que fue él quién empezó.
-¡Niño cállate! - le gritó el profesor.
Me sentí furiosa y me acerqué al director. Coloqué mi mano donde la suya, y al ver que ambas se fusionaban, me metí dentro de él.
-No tienes ni idea de lo que pasó, ya que no estuviste allí - dijimos el director y yo a la vez -, estoy prácticamente segura de que Erik no es el culpable, aún tiene que darnos su versión de la historia.
Erik se rió, dejó de reírse, y soltó de nuevo otra carcajada.
-Segura… - masculló por lo bajo.
Agité la cabeza al darme cuenta de mi error.
-Erik, tienes que decirnos tu versión de los hechos - intenté decir sin echarme a reír, pero era incapaz.
-Bueno, pues yo había llegado al instituto…
Erik comenzó a contar su versión. Una vez terminó, el otro contó la suya. Pronto me acordé de su nombre, Jackie (sí, es nombre de perro, para mi gusto). Una vez ambos terminaron su versión de los hechos, me tocaba a mí decir mi veredicto.
-Jackie, me parece muy mal lo que has hecho, y sólo por eso te voy a expulsar tres días, para que aprendas a no meterte en más líos - sonó el timbre -, y ahora id a clase.
El profesor también iba a marcharse, pero le frené.
-Señor profesor, no tiene por qué acusar a nadie sin la versión de los hechos, que sea la última vez, en mi instituto quiero que haya orden, pero no malas auras entre los profesores y los alumnos, ¿está de acuerdo?
-Sí, estoy de acuerdo, disculpe mis actos director, no volverá a suceder - respondió claramente enfadado.
Y salió del despacho del director.




Después de aguantar una aburrida clase de matemáticas, por fin escuché el sonido del timbre. Ni siquiera sabía por qué estaba en clase aguantando aquellos tostones ahora que estaba muerta, pero es que no quería perder de vista a Erik. A donde iba él, iba yo.
Tardé en bajar al recreo. Aún seguía dándole vueltas a lo de hoy, a lo de las llamas, pero no conseguía encontrar una razón que me explicase cómo lo había hecho.
Tan centrada estaba en mis cosas, que me di cuenta tarde que Miley, una joven de pelo moreno y también ojos azules, estaba delante de Erik, sonriendo de oreja a oreja porque le había pedido a Erik que fuese su novio, y este, misteriosamente, había dicho que sí.
Me quedé allí de piedra, sin llegar a entender bien del todo lo que había sucedido. No lo comprendía. Ya era de por sí extraño que una chica le pidiese para salir a un chico, y más esa extraña mirada de complicidad que ambos tenían, como si aquello fuese más una alianza que el nacimiento de una pareja nueva.
Aún sin llegar a comprender del todo qué estaba pasando, maldije para mis adentros.
No es para tanto, pensé, ya que mi amor platónico estaba conectado a mí de por vida, si se le puede llamar así.
Vale, lo reconozco, era triste estar unida a un tío que no sabe que existes, y con el que no te puedes ni comunicar, pero visto del lado bueno, de haberlo sabido, no me habría aceptado a su lado en mi estado “espiritual”.
Y en ese momento sentí un fuerte dolor de cabeza y oí gritos. Me giré asustada porque reconocía esa voz. Salí corriendo en la dirección de los gritos. Cuanto más me acercaba, más me dolía la cabeza. Cuando llegué, vi a alguien tirado en el suelo. Aclaré la vista, y para mi espanto vi que era mi amiga Kira.
-¡No! ¡Kira! - grité presa del pánico.
Justo cuando llegó la ambulancia, el fuerte dolor que había provocado que me arrodillase, cesó. La subieron a la camilla. Había un montón de gente rodeando la escena. Y, entre todas esas personas, también estaba Erik.
Kira le agarraba fuertemente la mano a un Erik sorprendido por la reacción. Le susurró algo al oído, pero lo suficientemente alto como para que la frase resonara en mi cabeza como el eco.
-Erik, ella está más cerca de ti de lo que crees, - tose algo de sangre. Observo que su mano empieza a oscurecerse como si la piel se estuviera quemando y me quedó en estado de shock -, y tú lo sabes.
Entró en la ambulancia y yo, ignorando la cara de Erik y lo que Kira había dicho, desaparecí para llegar al hospital y estar allí antes que ella.
Una vez allí, me senté y estuve horas esperando. Entonces oigo una puerta abrirse, unos murmullos, un grito, varios no secos, incluso, en aquel momento de estupor escuché cómo las lágrimas chocaban contra un insensible suelo.
Me tapé la cara. Kira había muerto. Oí algo de que las circunstancias de su muerte habían sido extrañas, como si algo la hubiese quemado por dentro.
Sentí de pronto que algo me cegaba, y aparté las manos de mi cara confusa.
-Kira… - musité.
Kira estaba delante de mí, brillante, sonriente. Se acercó resplandeciendo tranquilidad y me abrazó, susurrándome algo al oído.
-Hola de nuevo mi querida amiga, no te veía ni oía, pero sabía que estabas ahí, te sentía, y eso me hizo reaccionar. No te preocupes, le he dicho lo que creí necesario decirle. Nos volveremos a ver, te lo prometo. Adiós.
-¡Pero no te vayas! ¡Tengo muchas cosas que preguntarte! - le pedí desesperada, pero ella solo me respondió una negativa.
Y se fue.
No volvió a aparecer, ni su voz susurrándome al oído, ni su luminosidad, ni su sonrisa. Se lo llevó todo con ella, dejándome de nuevo en mi círculo de tristeza que me solía envolver, en la oscuridad de aquel maldito hospital, y a merced de los llantos de sus padres, que me desgarraban el corazón.
Como un eco persistente, la frase se repetía una y otra vez en mi mente.
-Erik, ella está más cerca de ti de lo que crees, y lo sabes.

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Lun Abr 01, 2013 1:12 pm

Capítulo 3

Dolor




“Mi existencia fue salvada por amigos como Sarah, Erika, Naomi o Kira entre otros. Ellos fueron mis pilares antes de morir, los que me ayudaban a seguir en pie.
Pero antes de tenerlos a ellos, mis noches eran momentos angustiosos en los que despertaba entre lágrimas. Las razones eran variadas y todas distintas. Pero principalmente mis pesadillas giraban entorno a un nombre. Ángelo. El día que consiga olvidarme de él será un milagro. Desde que murió, mi mundo se limitó a sobrevivir en soledad. Lo amaba, me amaba, me dejó de amar y lo sigo amando en lo más profundo de mi corazón…”




Durante dos semanas, mi mente estuvo totalmente perdida.
En menos de dos semanas, dos jóvenes habían muerto por extrañas causas en Huntsville. El pueblo estaba conmocionado, y no me extraña.
Durante esas dos semanas, las cosas parecieron calmarse un poco. Pero no paraban de suceder cosas raras, sensaciones raras que me recorrían el cuerpo.
Después de dar un paseo, decidí volver a casa de Erik ya que estaba anocheciendo y no tenía más que hacer. Cuando entro en su habitación, me doy cuenta de que no está, y que la ventana está abierta. No supe por qué, pero me preocupé, así que lo busqué a través del lazo que nos unía. Una vez lo localicé me transporté allí.
Aparecí en un parque. Me giré para intentar encontrarlo, y cuando lo descubrí, abrí la boca sin llegar a creerme que Erik hubiese huido de casa a esas horas para quedar con Miley como un vulgar adolescente (sí, ya lo sé, yo soy adolescente). Ambos estaban sentados en un banco muy pegados el uno del otro. No supe qué hacer.
Entonces esa ráfaga de viento volvió a rodearme, susurrándome lo mismo, que tenía poder para lo que quisiese, que me dejase llevar por el mal…
¿Qué estaba sucediendo? No comprendía nada. Pero lo único que sí parecía comprender era que tenía que castigarlos. Levanté las manos y dos perros aparecieron corriendo detrás de mí en dirección a ellos. Ambos vieron los perros furiosos y salieron corriendo.
Aparecí en su casa, cogí la lámpara y la tiré al suelo. Esta se rompió estrepitosamente. Al rato, la madre de Erik entró en la habitación de Erik con un bate de béisbol en la mano. Vio la ventana abierta y el objeto roto en el suelo, y sus ojos se entrecerraron furiosos.
Todo aquello lo hice sin pensar, y aunque por un momento me pareció cruel, no era nada en comparación con todo lo que tenía que devolverle.
Pasado un rato, alguien llamó a la puerta. Bajé para ver el espectáculo. Un policía gordote llevaba a Erik del brazo. Erik parecía verdaderamente enfadado.
-Encontré a este chico por el parque junto a una chica, mis perros lo perseguían, supongo que será su hijo - preguntó.
-Sí, es mi hijo, disculpe las molestias agente, no volverá a ocurrir, ¿Verdad Erik?
-Sí - dijo malhumorado.
-Disculpe de nuevo agente - repitió la madre.
-No se preocupe, la adolescencia de ahora en día es así. Bueno, yo me voy, que duerma bien, y no le eche mucha bronca a su hijo.
Erik enfadado entra en casa y se dirige a su habitación. La madre cierra la puerta y va tras él también enfadada.
No sabía qué le diría, si le castigaría. Di media vuelta y salí de casa. Por un momento me sentí feliz de que ni me viese ni me escuchase. ¿Qué sería capaz de hacerme si sabe lo que le acababa de hacer? No sentía pena, pero de pronto tampoco había ni enfado ni alegría. Me sentía vacía.




Había pasado horas caminando sin un rumbo fijo, perdida, y antes de darme cuenta se había hecho de día. Si seguía así, pensé, iba a acabar siendo un espíritu totalmente loco, tenía que centrarme.
Dejé de dar vueltas y me acerqué a una zona del césped del parque que estaba tapado por árboles, y me tumbé. Aquello hubiera sido agradable si hubiera estado viva, si pudiese sentir la brisa, el tacto fresco de la hierba, el calor de algunos de los rayos del sol atravesando las ramas hasta mi piel.
-Qué va a ser de ti Dayanne Kimfhtow - me dije.
Me di cuenta de que no había estado pensando mucho en mi muerte y tampoco me había preocupado mucho por mí suicidio. Todo el impacto de la noticia de que era un espíritu me lo llevé en un primer momento, pero hasta ahora había conseguido mantener una actitud más o menos tranquila. Suspiré…
… y me vi hundiéndome en la hierba. Sentí miedo y me sobresalté. Por un momento luché contra aquello que me hundía en la tierra, pero era incapaz de moverme, como si bajo mi cuerpo hubiese arenas movedizas. Rendida, cerré los ojos y me dejé hundir.
Sentí una sensación de ingravidez. Abrí los ojos y me hallaba en la mismísima oscuridad, como si estuviera flotando en el Universo. Visto desde una nueva perspectiva, puede que lo estuviera. Miles de puntitos decoraban la oscuridad.
Desde aquel lugar me sentí Dios. Podía abarcarlo todo, sentirlo todo, oírlos a todos. Podía saber qué hacía Erik, que hacían mis padres, mis amigos, y el resto de las personas si me concentraba en ellas. Me quedé fascinada, ¿Cómo era posible? ¿Dónde estaba?
Bajé la mirada y me pareció verme reflejada en una especie de lago. Pero no pude pensar mucho en ello. Oí una voz conocida y sentí que mi corazón se encogía.
-Socorro… - decía alguien muy bajito, casi imperceptiblemente, hasta que me di cuenta de que era Naomi.
Cerré los ojos. Tenía que ayudarla. Me concentré para salir de allí, no sabía cómo lo haría, pero tenía que intentarlo.
Y entonces tuve otra premonición.
Estaba en el mismo lugar en el que había estado antes de hundirme. Me levanté y vi a Naomi tirada en el suelo, en mitad del camino del parque. Mientras, a lo lejos, un hombre con una pistola se alejaba atravesando farolas.
Volví otra vez al mundo oscuro. Me llevé la mano al pecho dolorida, como si me hubiesen herido. ¿Qué había sido eso? ¿Otra premonición?
Todo a mi alrededor comenzó a girar y las luces de lo que creía que eran estrellas se unieron y la oscuridad se fue disipando hasta que tuve que cerrar los ojos cegada. Cuando los abrí el sol me daba en la cara. Me levanté una vez más. Naomi caminaba mientras buscaba algo en el bolso. Detrás de los árboles, el atracador se acercaba sigilosamente. ¿Por qué tenía premoniciones si no podía hacer nada? Les grité a ambos, pero ninguno me escuchó, y aún por encima no había nadie cerca, ni personas ni animales.
Naomi se giró y vio al atracador con la pistola en la mano. Ella intentó escapar, pero el atracador le amenazó con que no se moviese y que le entregara el bolso. Sin saber qué hacer, Naomi se puso a chillar. El atracador alarmado por sus gritos, levantó la pistola y se preparó para apretar el gatillo.
-¡No! - grité.
Corrí para interponerme en el camino de la bala. Sabía que esta me atravesaría, pero no me quedaba nada más que intentar.
Todo ocurrió muy rápido. La bala me atravesó y no pude ver si le daba a Naomi. Sentí un fuerte dolor en el pecho y caí al suelo. Era un dolor agonizante, así que grité de dolor. El atracador cogió el bolso y se largó. Mi vista se nubló y el atracador parecía que estaba atravesando las farolas. Me giré para ver a Naomi.
-Socorro… - pedía ella con voz baja y con dificultad.
Todo exactamente como lo vi. El dolor del pecho fue remitiendo a medida que Naomi dejaba de respirar. Se estaba muriendo.
No pudiste salvarla a ella porque no pudiste salvarte a ti.
Escuché una grave risa sarcástica y me giré para ver de quién era. No encontré a nadie.
Vi un rayo de luz alzarse del cuerpo de Naomi y el dolor de mi pecho desapareció. La figura de Naomi se quedó inmóvil mirándome. Su mirada sólo transmitía paz. Por un momento, quise llevarme por esa paz.
-Dayanne… - dijo con una voz melodiosa -. Qué has hecho…
La miré confusa.
-No entiendo…
Naomi negó con la cabeza como si no hubiera solución para algo. Un hombre se asomó a la calle, curioso, y comenzó a gritar al ver a Naomi tirada en el suelo. La gente comenzó a acudir en su ayuda, pero nada más le tomaron el pulso supieran que estaba muerta.
-Todo esto lo estás causando tú… - terminó diciendo antes de desaparecer.
Sentí que el miedo recorría mi cuerpo una vez más. ¿Qué quería decir con que todo esto lo estaba causando yo? ¿Por qué yo? ¿Qué tenía que ver yo en todo esto?
Di dos pasos atrás y me materialicé en la habitación de Erik con urgencia. Lo hubiera dado todo porque me escuchaba. Necesitaba que alguien me explicase lo que estaba pasando, alguien que me ayudase, alguien que me dijese que todo iba a marchar bien. Pero ese alguien no iba a ser Erik por mucho que quisiese.
-¡No me lo puedo creer! - exclamé. No podía oírme, pero yo podía desahogarme -, ¡Mis amigos están muriendo! ¡Y aún por encima dicen que es por mi culpa! ¿Qué hice yo? ¿Quién será el próximo? ¿Mi hermana? ¿Tú?
Erik estaba buscando algo en la estantería, me enfureció verlo tan tranquilo, ignorándome.
-¡Erik! ¡Por dios! ¡Tienes que oírme! ¡Tienes que verme! - grité tirando al suelo algunos libros - necesitó hablar con alguien, que alguien me diga que todo va a ir bien, ¡Te necesito Erik…!
Erik se había apartado al ver los libros caer al suelo, asustado.
Me dejé caer al suelo observando el desastre que había montado. Uno de los libros había soltado una pequeña hoja. La miré. Conocía esa nota. Yo se la había escrito a una amiga.
“Me gusta mucho, Sarah, Erik me gusta de verdad…”
Abrí mucho los ojos y me quedé mirando a Erik pero sin mirarle.
¿Por qué Erik guardaba una nota escrita por mí sobre él?

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Dom Abr 07, 2013 11:02 am

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Dom Abr 07, 2013 12:05 pm

jajajaja haber si hoy puedo seguir escribiendo xD no tengo tiempo para nada :/

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Mar Abr 09, 2013 5:00 pm

Capítulo 4

Encuentro


“¿Sabes lo agonizante que es sentirse sola? La mayoría cree que sí, pero están muy lejos de llegar a saberlo. Antes creía sentirme sola, ignorada, apartada del mundo, de todos. Pero ahora era mucho peor. Eras totalmente invisible para todo el mundo, y la gente parecía dejar de echarte en falta. Parecía prescindible. Pero siempre crees que todo tendrá solución, ¿Tendrá solución esto ahora?”




-No me lo puedo creer Erik… ¿Cómo tienes esto? Ahora entiendo cómo lo supiste. Ella… Sarah me traicionó.
Erik se agacha a recoger los libros nervioso y guarda la nota con rapidez en su sitio.
Enfadada por lo estúpida que era, me levanté, me dirigí hacia él, le di la vuelta. Me daba igual que pensara que estaba loco por moverse solo, lo giré hasta que estuvimos frente a frente, y, sin pensármelo dos veces, concentré toda la fuerza en mi ano, la eché hacia atrás y lo abofeteé. Erik dio cuatro pasos atrás por la fuerza con la que le di.
Me di la vuelta dolorida. Hacía mucho que deseaba hacerlo. Desaparecí de su habitación y entonces…
…sentí que algo tiraba de mí y como el mundo entero daba vueltas. De nuevo otra premonición. Esta era distinta.
-Erik, ella está más cerca de ti de lo que crees, y tú lo sabes, - empezó diciendo un Erik cruel -, la verdad e que sonó un poco cursi, ya que yo te veía desde el primer momento, pero no te dije nada porque era una pérdida de tiempo, y no me interesaba que me siguieras ni hablar contigo. Pero tuve que aguantarte. Eres peor que una plaga. Menuda pena que al suicidarte no te hubieras ido de verdad, y hubiera sido un regalo a la comunidad.
Lo miré creyéndome por completo la premonición, y de pronto vi que me desangraba. Él me miraba con una sonrisa tenebrosa y dolorida al mismo tiempo. Tenía un cuchillo en la mano, y me lo estaba clavando en el pecho, y yo no podía escapar.
-¡¿Pero qué haces Erik?! - le grité.
-¡Matarte! ¿O yo no te maté? ¡Vamos a cumplir tu maldita frase! - gritaba él a su vez.
De repente mi forma de ser cambió radicalmente.
-¡Sí! ¡Tú me mataste! ¡Y dos veces! ¡Deberías ser tú quien llevase las cuchilladas! ¡No yo!
En esto que Erik para de clavarme el cuchillo y lo gira en dirección a su corazón.
-Así que, según tú, yo debería morir por matarte dos veces - dijo mientras empujaba el cuchillo en su palpitante pecho -, debería morir por mi culpa y sobretodo por la tuya.
Acercó el cuchillo y un hilo de sangre corrió por su camisa.
Me desperté de mi ensueño al otro lado de la puerta de la habitación de Erik. Quise echarme a llorar. ¿Qué significaban aquellas estúpidas premoniciones?




Al día siguiente, mientras Erik se iba a jugar un partido de baloncesto, yo decidí quedarme en su habitación pensativa. Sentada sobre su cama, le daba vueltas a lo sucedido la tarde anterior. ¿De dónde salía que él me había matado dos veces? Se supone que mis premoniciones tendrían que tener un sentido, pero aquella no la tenía.
Alrededor de las diez, él decidió volver a casa, y me fui al salón a ver la televisión mientras él me duchaba. Mientras me sentaba en el sofá para ver en qué canal estaba, asimilé que estaba en su casa de acoplada, y quise echarme a reír.
Pero no tardé nada en aburrirme. Media hora después suspiré y decidí entrar de nuevo en la habitación de Erik para ver qué hacía.
Estaba tirado en su cama totalmente dormido. Sonreí. Estaba muy mono cuando dormía. Me acerqué a su cama, y le tapé. Tenía los ojos llorosos, ¿habría estado llorando?
La ventana no estaba tapada, y la luna entraba por el cristal dándole al rostro de Erik un relieve precioso. Aquello me hechizó profundamente, como si algo interior me empujase hacia él. No pude evitarlo. Me agaché poco a poco, como si aquello lo hubiera hecho mil veces. Dudé. No sabía qué pasaría, como reaccionaría si un espíritu que está ligado a él lo besaba. Después de pensármelo un poco, cerré los ojos y rocé mis labios con los suyos. Sentí un fuerte dejavú que casi me marea. Entonces, de pronto, él me devuelve el beso.
Abrí los ojos y me separé cohibida, cayendo de culo al suelo. En cuanto nuestros labios se separaron, Erik se levantó precipitadamente. Lo observé con los ojos muy abiertos. No parecía dormida, parecía más que despierto. Erik miró las sábanas confuso y asustado, luego de suspirar varias veces, volvió a tumbarse.
Me llevé la mano a los labios, acalorada.
Nos… habíamos besado.




No sé por qué, pero aquel beso me hizo pensar. Aquella extraña sensación de dejavú que intentaba comprender por todos los medios, pero que se me escapaba a mi compresión. Durante aquella noche, había pensado mucho, sin duda. Al día siguiente, cuando me desperté, ya tenía algo que hacer.
Me marché después de salir Erik. Miré triste el pasillo. ¿Estaba segura de lo que iba a hacer?
En casi las afueras del pueblo, había una fábrica que yo muy bien conocía. Me paré en la entrada de aquella fábrica abandonada, con cierto temor. Respiré profundamente y entré. Desde la entrada, pude ver las oxidadas barras de metal que sujetaban el tejado de la enorme entrada de la fábrica. Aquello estaba como siempre. Me sentí como si hubiese vuelto atrás en el tiempo. En una de las paredes aún continuaba escrito: Dayanne & Ángelo.
Ángelo…
Cómo olvidarme de él, mi exnovio, al que tanto amaba. En mi mente aparecieron viejos recuerdos de cómo habíamos cortado. Él había discutido conmigo, la razón, ya no me acuerdo, y luego me dejó, y por último murió. Y ya no recuerdo más, ni por qué murió, ni lo que sucedió los días posteriores, todo forma parte de un extraño hueco vacío en mi mente. Sí, perdí la memoria hace años, y sé que lo que debí de perder tenía que haber sido muy fuerte como para haberlo olvidado todo.
Y ahora ambos estábamos muertos. ¿Seguiría aquí, con la gente viva?
-¡Ángelo! ¿Estás ahí? Soy yo… Dayanne… ¿Te… acuerdas de mí? - dije -. Esto es una tontería - musité.
Sentí que algo me tocaba el pelo y me giré abrumada. No vi a nadie.
-Dayanne Kimhftow muerta, quién lo diría - oí desde lejos.
Alcé la vista sorprendida, y encontré a Ángelo en una de las vigas. Desapareció y antes de darme cuenta estaba frente a mí. Volver a verlo fue extraño y al mismo tiempo excitante. Me faltó la respiración aunque ya no respiraba. Estaba nerviosa. Hacía años que no lo veía, y no creí que lo fuera a ver nunca más.
-Creo que me tienes que contar muchas cosas - dijo vacilón y con una interesante sonrisa en la cara.
Nos sentamos a hablar. Cuando lo veía me daba la sensación de que aún tenía trece años, aún nos abrazábamos al caminar, nos sonreíamos al mirarnos.
-Me suicidé. - Él abrió mucho los ojos -, por un tío.
-Supongo que por mí no fue. ¿Lo conozco?
-No lo sé. Se llama Erik Thairwell, tiene un año más que yo, y está en mi instituto - me sentí incómoda diciéndole esto. Era como si casi hubiese admitido que había superado su muerte.
-Sí, lo conozco - dijo pensativo e impresionado a la vez.
-¿Y de qué lo conoces?
El aire pareció enfriarse a nuestro alrededor.
-Porque fue él quién me mató.
Sentí que todo daba vueltas. ¿Qué me sucedía?
-Cuando empecé a salir contigo - comenzó a explicar -, tú y Erik no os conocíais, pero él te había visto alguna vez, y créeme cuando te digo que le gustabas. Así que un día yo, que estaba borracho porque había cortado contigo, él me siguió enfadado y empezamos a discutir.
»-¡Cómo has podido dejarla! ¡No sabes lo mal que lo está pasando! ¡No sirves para nada!
»-¡Y a ti qué te importa! No la conoces, así que no hables de ella como si la conocieras.
»Erik enfadado había comenzado a empujarme, y así comenzó la pelea. Cogí la botella con la que había estado bebiendo, y la rompí. No sé por qué, pero sentí ganas de clavárselo. Estaba… celoso. Él se defendió e intentó quitarme el cristal de las manos, y cuando yo fui a coger otro trozo de cristal, él me sujetó para evitarlo, tropecé y me caí clavándome el cristal que se había quedado en la tubería. Él, asustado, llamó a la policía y contó lo sucedido. Yo, me transformé en un fantasma, como ahora soy y tuve tiempo para oírle decir que no quería saber nunca más nada de mí y de ti.




Abrí mucho los ojos y las cosas fueron encajando poco a poco en su lugar: por qué me miraba como si me conociese de siempre, por qué me trataba tan mal… por qué él me había matado dos veces.
-¿Sabes una cosa? Desde que morí, después de todo lo sucedido con Erik, me arrepentí mucho por todo lo que te hice. Supongo que me dejé manosear por tus amigos.
-No eran mis amigos - corregí yo.
-Me gustaría ahora, que tú y yo estamos… muertos, que volvamos a estar juntos - me dijo mientras acercaba su rostro al mío poco a poco, cómo si nada hubiese cambiado, como si estuviésemos vivos, como si todo siguiera igual. Cuando sus labios estaban a unos centímetros de los míos, aparté instintivamente la cara.
-¿Ya no te gusto verdad? - musitó triste.
-No es eso, solo es que…
-¿Sabes? Llevo esperándote años, y no he cruzado porque te esperaba a ti, y ahora que por fin llegas no me quieres.
Vi una luz detrás de Ángelo, una luz hermosa y fuerte. ¿Esa era la famosa luz a dónde cruzaban los espíritus? Todo a nuestro alrededor parecía volverse en calma. Ángelo sonrió.
-Podemos hacerlo. Juntos - dijo alargando la mano hacía mí.
Observé la hermosa luz, y pensé en Kira y en Naomi. Pero un vacío me cubrió el estómago al pensar en Erik, en alejarme de él, lo quería demasiado, y sentía que lo estaba traicionando a todos.
-Dayanne, la luz nos espera…
-Ángelo - exclamé con el rostro bajo -, te equivocas. La luz no nos espera - levanté la mirada -, te espera a ti. -Me miró con mala cara.
-Pero llevo tiempo esperándote, no puedo marcharme así porque así, sin ti. Dayanne, no me entiendes, ¡te necesito!
-¡Lo siento Ángelo, pero tendrás que cruzar sin mí! ¡Vete ya! ¡Cruza de una vez!
-Terminarás arrepintiéndote, ¿lo sabes? - su mirada se oscureció de una forma aterradora.
Dio un paso atrás y justo en el momento en el que iba a cruzar la luz, esta estalló cegándome, y de pronto, todo se quedó oscuro.
Todas mis decisiones habían girado siempre en torno a Erik. Él era mi ala rota. Un ala incurable. Me dejé caer al suelo donde sollocé intentando desahogarme de la mejor manera posible.
Después de no sé cuanto tiempo, decidí volver a casa de Erik. Él estaba tirado en su cama, con ese cutre portátil suyo. Me dejé caer en una esquina atolondrada.
-¿Sabes? He estado con Ángelo. Pude haber cruzado, pero no lo hice. Por ti. Maldita sea… - di un puñetazo a la pared, pero mi mano la atravesó.
Aquella noche soñé con miles de Eriks, Ángelos y Dayannes.




Las tres semanas siguientes fueron iguales. El despertador de Erik me despertaba con su desagradable chirrido. Algunas veces lo acompañaba al instituto, otras me iba a pensar a la montaña, y otras a la fábrica.
Algo había cambiado dentro de mí después de lo sucedido con Ángelo.
Cada noche soñaba con aquellos momentos que había pasado viva, la mayoría, malos. Cuando Erik me trataba mal, la primera vez que lo vi, al entrar en un instituto nuevo donde no conocía a nadie. Ahora deseo poder hablar con mis amigos, e incluso aguantar a Erik. Sé que sería capaz de mirar con una sonrisa sincera a Erik por mucho que echara pestes contra mí. En aquel momento, si pudiese estar viva, podría con absolutamente todo. Deseaba sentir calor, felicidad, tranquilidad.
Todo seguía monótono, como siempre. Hasta que días después pasaría algo que cambiaría mi forma de pensar con respecto a mis decisiones, y algo que también se las cambiaría a Erik.
Fueron tres horas y cuarenta minutos contados desde que sentía esa extraña sensación en el cuerpo.
Me levanté, la casa estaba vacía, salvo por el gato que había en la ventana. Tenía un mal presentimiento.
Fui al instituto para asegurarme de que Erik estaba allí. Al llegar vi a Miley y a Erik juntos, e iba a alejarme pero…
-Ya estoy harta Erik, no mientas, sí es por otra - le gritó Miley.
-¿Qué otra? ¡No hay ninguna otra!
-Sí que hay, observo como la miras cuando está contigo.
-Pero si yo no me acerco a otras chicas…
-Sí, claro. Dime, ¿Qué opinas de Dayanne?
Al oír mi nombre, me alteré. ¿Qué tenía que ver yo en todo aquello?
-Que no me gustaba ni me gusta. Además, ahora está muerta. ¿Por qué hablas de ella ahora?
-Bien que la querías - Miley ignoró por completo la pregunta de Erik -, mataste a su novio por ella.
-No lo maté, y no era su novio. - enfadado se gira y se aleja de Miley, que, a su vez, hace lo mismo.
Los dos se fueron por lados distintos. Yo, sin saber qué hacer, extrañamente, me dio por seguir a Miley.
-No te preocupes, es idiota, no te creas lo que diga, no le das asco, pero es que nunca aprende.
Frené en seco creyendo que había alucinado y que no se había dirigido hacia mí. Sin embargo, Miley se giró y nuestras miradas se toparon.
-Sí Dayanne, te puedo ver. Deja de mirarme con esa cara. Además, no soy la única.
-¿Quién más…?
-No te lo puedo decir - me interrumpió -, siento lo que has tenido que oír. Él sólo tiene miedo.
Y entró en su clase, dejándome estupefacta.
En ese mismo momento fue cuando aquel mal presentimiento explotó y sentí miedo. Intenté localizar a Erik por el lazo que nos unía, pero algo fallaba. Me preocupé y salí corriendo buscando a Erik, pero no estaba por ningún lado. Lo busqué por todo Huntsville, pero tampoco.
Y sí…
Corrí. La fábrica no me pillaba lejos, sólo tenía que transportarme y…
El interior de la fábrica se hallaba grandioso. Me llevé la mano en la boca al ver el estado en el que estaba Erik.

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Mar Abr 09, 2013 5:01 pm

Capítulo 5

Revivir



“Una vez mi madre se hizo prometer que jamás dejaría que me pasara nada, ¿por qué?, pues muy fácil: por mi pasado. Un novio al que mataron, y después, aquel vacío que tanto miedo me daba. Pensar en él, era como intentar respirar sin pulmones. Aquel vacío que nadie supo cómo ni por qué sucedió. Aquella pérdida que hace años me hubiera gustado saber, y ahora iba a descubrirlo de una forma cruel. Iba a descubrir un lado de mí que desconocía por completo.
Y no sé si estaba preparada para ello…”




Recuerdos.
Me llevé las manos a la cabeza sintiendo un fuerte dolor en ella. Aquello no era real, no podía ser real… Los recuerdos que se habían mantenido guardados con llave dentro de mi cabeza asomaron de pronto, y creí que me desmayaría estando muerta.
¿Era aquello lo que tanto se había esforzado por estar oculto dentro de mi cabeza?
Erik estaba en el suelo, magullado, sangrando, sin fuerzas.
Casi muerto.
Había varios hombres a su alrededor.
-¿Qué hacemos con él, tío? Nos ha visto - dijo uno de ellos.
-Acabemos con él, pero antes hagamos que se lleve un buen recuerdo al infierno - y se echó a reír otro de ellos.
Se acercan a él.
-Tú, chaval, despierta - le dijo uno abofeteándolo. Yo no sabía que hacer, estaba paralizada. Lo recordaba todo, todo…
Erik abrió los ojos, dolorido.
-Creo que deberías saber que no hay que meterse donde no te llaman.
Empezaron a darle patadas en el estómago, y Erik se retorció en el suelo.
-¡No! - grité por fin -, ni se os ocurra tocarle.
-¿Y quién nos lo va a impedir nena? ¿Tú? Nos ha visto.
-¿Me podéis ver? - pregunté por una inercia tonta.
-Claro, ven a pegarle con nosotros.
Recuerdo que caminé hacia ellos, justo como estaba haciendo ahora. Recuerdo estar drogada y bebida, con una botella en la mano. Bajé la mirada y allí estaba. Todo era exactamente como había sido.
Uno de los chicos me agarró de la cintura.
-Venga cariño, ¿Tienes pena por este tío?
Bebí un poco más de la botella, miré perdida a Erik, y él dolorido, miró hacia mí.
-Dayanne… - dijo él débilmente.
-No digas mi nombre, no me lo manches - le sonreí al que me sujetaba de la cintura -, matadlo, me da igual, él mató a mi novio, no me importa.
-Te has ganado bien el odio de esta muchachita.
-No, por favor, Dayanne, soy Erik, yo te quiero, di mi vida por ti, recapacita… - vi lágrimas salir de sus ojos.
-Lo dudo.
Erik logró levantarse. No sé cómo, se zafó de los demás, y, desesperado, corrió hacia mí y me agarró del cuello, no me dio tiempo a reaccionar.
-Si no queréis que la mate, dejadme salir y no diré nada.
-¿Y a nosotros que nos importa esa niña?
-No querréis estar involucrados en un asesinato ¿no?
Sus caras palidecieron.
Erik acercó sus labios a mi oído.
-Lo siento Dayanne, tú me has obligado a hacerlo. Sé que no eres tú, sé que has cambiado desde aquello. Lo siento, quiero que sepas que no lo maté, que fue un accidente. No sé si mi amor por ti seguirá siendo el mismo después de todo esto, pero me he dado cuenta de que este sufrimiento no merece la pena. Espero no volver a verte, me causas demasiado dolor.
-Que te den - escupí.
Me giró y me dio un puñetazo, dejándome caer contra una tubería. El dolor en la cabeza volvió.
Siempre creía que había algo más, siempre algo más…
Ahora, todo cobraba un sentido completo. Las piezas encajaban. La historia estaba por fin completa.




Cuando desperté me sentí bien. Me levanté y me di cuenta de que estaba viva. En mi habitación. Cuando giré la vista, Erik estaba en una esquina apoyado, transparente al mundo. Reconocí la sensación extraña de una premonición. Estaba viviendo otra.
Todo giró repentinamente y pude sentir todo lo que Erik había sentido durante aquel tiempo conmigo tras él, invisible. Era como si lo hubiera vivido absolutamente todo desde sus ojos.
Me senté en la cama, y observé como se hacía de día y de noche como si alguien le hubiera dado al botón de ir deprisa. Erik y yo nos continuábamos mirando sin movernos ni un ápice.
Entonces la noche llegó y el reloj de mi pared se paró. Erik avanzó hacia mí.
-Hola.
-Hola… - le dije -, Erik… yo te quiero…
-Lo sé - dijo de rodillas en frente de mí. Me agarró de las manos -, yo también te quiero, pero creo que esto es muy duro para los dos.
-Te necesito Erik.
-Lo nuestro es imposible. Y peligroso.
-¡No es imposible! - la habitación se iluminó y la ventana estalló. Pero ningún se inmutó. Sentí calor. Sabía que la casa estaba ardiendo. Oí una risa estridente. Aquella risa…
-¡Pero es que nos une un nexo!
-El nexo que nos une debería ser una causa de más para estar juntos.
-No lo entiendes… - negó con la cabeza.
-Me da igual si mataste a Ángelo, que me hicieras aquello. Me da absolutamente todo igual. El pasado es pasado.
-No es sólo eso… es… es todo. No estás razonando. No ves el peligro. - se levantó - tengo que irme. Todo tiene que volver a su sitio.
Sentí que todo daba vueltas. Las llamas habían entrado en mi habitación.
Cuando abrí los ojos, estaba en la habitación de Erik. Me dejé caer de rodillas temblando. Erik acababa de levantarse como saliendo de una pesadilla. Se llevó la mano al pecho respirando de forma agitada. ¿Habíamos tenido el mismo sueño?

Me apoyé contra la pared pensativa y triste. A Erik y a mí nos unían muchas cosas. Todas habían salido a la luz en aquel extraño sueño. O premonición. O lo que fuera. Habían pasado tantas cosas desde aquello.
Me había imaginado un millón de veces poder estar en la habitación de Erik y poder verle dormir. Pero no de aquella forma. No estando muerta. Quise echarme a llorar, pero como no podía, me aguanté el sufrimiento.
Cerré los ojos.

Que su sonrisa me ilumine, sus ojos me congelen, y cuando sea el momento,
Todo vuelve, vuelve…
Sus hilos de oro me iluminan hasta la más oscura de mi vida,
Eres un ángel, mi amor.
Pero aunque tus pecados te conviertan en demonio,
Tu belleza cubrirá mi corazón.
Sin ti, yo no soy yo…
Siento tu aliento sobre mi hálito de vida.
Para morir a tu merced.
Cuando vuelva la lluvia, volverá el arco iris, y yo seré el rojo, como la sangre que derramé por ti.
Yo seré el amarillo, como un girasol.
Seré el azul, como el cielo, que te vigila bajo las nubes, y el verde como la vegetación,
Que sobre un terreno de fuego crece solo por amor.
Seré el violeta, el color que más te define.
Y así el arco iris seré, todos mis sentimientos,
Cuando te observo dormir.

Sonreí. Había compuesto aquella especie de canción para una posible ocasión en el que aquello sucediera. Sin embargo, ahora no me atrevía a cantarla.
En aquel momento me sentía cobarde.




¿Sabrá algún día lo que pasó? ¿Lo que sucedía cuando estaba muerta? Aunque sigo estándolo.
Todo estaba listo y completamente decidido, no podía continuar allí, aquello era un error. Tenía que alejarme de él, de todo.
Irme de allí supondría un viaje sola, sin nadie a mi lado. ¿Pero acaso no estaba ya sola? Lo observé haciendo los deberes tranquilo. Quise echarme a llorar, pero no debía dejarme llevar por el dolor.
Me di la vuelta y desaparecí de su habitación con intención de marcharme y no volver nunca más. Aparecí delante de aquel bosque que tanto miedo me daba. Olía a humedad. Hice caso omiso de mi miedo y me adentré.
Sentí de pronto un tirón en el lazo, y fruncí el ceño. ¿Tan pronto? Sentí dolor al luchar con todas mis fuerzas contra el lazo que tiraba de lo más profundo de mi corazón de vuelta a junto Erik. Pero no, no iba a poder conmigo, no iba a volver jamás.
No quería volver.




Pasaron horas y horas, caminando, sin cansarme, recordando cosas de mi vida anterior. Quise echarme a reír cuando pensé mi vida “anterior”.
Hacía ya una media hora que había entrado en la ciudad. Observé las tiendas, ya sin ganas y sin ilusión. Apenas había casas, todo eran pisos y rascacielos.
Podía ver una gran multitud de espíritus. La mayoría caminaban sin un rumbo fijo, otros se quedaban inmóviles. No tenían un nexo como yo. ¿Acaso yo era especial o qué?
Entre los espíritus observé a un niño pequeña que sollozaba llamando desesperado a sus padres, ingenuo a su estado. Me acerqué a él con intención de ayudarlo.
-Cariño, lo siento pero… ¿No encuentras a tus padres?
El niño me miró asustado.
-No, me he perdido. ¿Me ayudas a buscarlos?
Yo no sabía qué hacer, si decirle la verdad a aquel niño o ayudarlo a buscar unos padres que puede que jamás encontraría. Opté por la primera.
-Mira, sé que esto es muy difícil de entender, pero no es que estés perdido, es que estás… muerto. - me sentí culpable, ¿Cómo se me ocurría decirle eso a un niño pequeño?
-Yo no puedo estar muerto… - me dijo el niño negando con la cabeza asustado -, estoy aquí, tú me puedes ver…
-Porque yo también lo estoy, pequeñazo - le dije con una sonrisa esperando calmarme.
Pero volvió a echarse a llorar.
-¡Soy un fantasma! - gritó entre llantos.
-¡No! - intenté tranquilizarle -, no lo eres, no te preocupes.
Se abalanzó sobre mí para llorar.
-¡Quiero a mi mamá! - me gritó triste.
-Posiblemente ya se hayan ido, y estén en un sitio mejor, esperándote.
-¿De verdad? ¿Dónde? - los ojos del niño parecieron iluminarse.
Deseé con todas mis fuerzas que la luz apareciera para llevarse a este crío desamparado.
No tuve más que pensarlo, y la luz apareció detrás de nosotros. El niño se separó de mí abriendo mucho los ojos.
-¡Mamá! ¡Papá! - gritó corriendo hacia ellos -, tú también vienes, ¿no?
Ya nada me retenía, pensé. No quería volver con Erik, y podía cruzar porque era lo único que me quedaba. Por fin podría acabar con aquello de una maldita vez. Di un pasó hacia ella, que parecía absorberme.
Y entonces di un paso atrás y la luz desapareció llevándose al niño.
Había fracasado de nuevo. Se había ido la esperanza de un futuro mejor.
Hacía tiempo había descubierto que el agua era lo único que no me podía atravesar. De aquella me había alegrado, pero ahora, que de pronto comenzó a llover, lo único que hacían era molestarme.
Tal fue mi desgracia y confusión, que allí donde me había tumbado me quedé.

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Mar Abr 09, 2013 5:04 pm

Capítulo 6

Erik


“Me llamo Erik. Erik Thairwell.
Supongo que como soy, no importa, lo que hice, tampoco mucho, y lo que pasa, no sé. De momento, esta, es mi historia…”




Todo empezó cuando tenía catorce años. Era un crío, como todos los demás. Sólo hasta que conocí a una chica. No nos llevábamos, pero la conocía de vista. Tenía novio, se llamaba Ángelo, y ella Dayanne. Me fascinó, y creo que me enamoré de ella al instante en que la vi por primera vez. Era la primera vez que sentía algo por una chica.
Pero enamorarse de alguien que tiene un novio es más que un problema.
Más tarde me contaron lo que había pasado.
Ángelo y Dayanne habían discutido. Él había roto con ella por culpa de gente que no era amiga de Dayanne. La vi llorar en el parque, y me acerqué a consolarla, no nos conocíamos, pero era como si hubiésemos estado toda una vida consolándonos las penas.
Pero mi estupidez llegó a tal punto, que fui a ver a Ángelo, quizás no sabría que sería el peor error de mi vida.
Así comenzó todo.
Estaba en la fábrica, borracho. Me dio vergüenza ajena que aquel ser asqueroso hubiera sido el novio de Dayanne. Me acerqué a él y le empujé.
-¿Cómo has podido alejarla? ¿Sabes lo mal que lo está pasando…? ¡No sirves para nada! - le grité para ver si así reaccionaba.
-Y a ti qué te importa, no la conoces, así que no hables como si la conocieses.
Lo volví a empujar fuera de control, y nos comenzamos a pelear.
-Quiero que sepas lo que has perdido, algún día te darás cuenta y te arrepentirás - le dije, y eso le enfureció aún más.
-Tú no sabes nada…
Se abalanzó sobre mí con un trozo de cristal de la botella que previamente había roto. Me defendí e intenté cogerle el cristal, para que ninguno de los dos acabáramos heridos. En cuanto conseguí quitárselo, este cayó encima de unas tuberías. Intentó coger otro, forcejeamos, tropezó, y cayó sobre el cristal roto.
Yo lo maté.
Era la frase más coherente para aquel suceso que había intentado olvidar pero que era imposible. Lo peor, ella se enteró de todo.
Aquello impactó tanto en ella, que no sólo no me volvió a hablar, sino que empezó a beber para evitar sufrir, ya que se pasaba los días llorando. Se pasaba los días en la fábrica, donde siempre quedaba con Ángelo, y donde conoció a mala gente que la metieron en las drogas. Ella se dejó arrastrar sin control.
Un día, harto de todo aquello, me dirigí a la fábrica para hablar con Dayanne y hacerla recapacitar. Pero no conté con que ellos estarían aquí. Pero aún así me enfrenté a ellos. Y perdí.
Me agarraron y empezaron a pegarme. Caí al suelo con la boca llena de sangre y dolorida, y pensé que aquello era una mala broma. ¿Por qué no dejaba de cometer errores por ella?
Mientras me pegaban, una bebida Dayanne salía de su escondrijo. Cerré los ojos al verla. En aquel momento, en aquella horrible situación, ¿Cómo iba a salvarla?
-¡No! - se oye desde el fondo - ¡Esperad!
Dayanne había saltado en mitad de la pelea, y los tres miraron para ella.
-Venga cariño, no tendrás pena por este tío, nos ha descubierto - le dijo el motorista a Dayanne -, ¿Por qué no le pegas con nosotros?
-Dayanne… - comencé yo a decir con esperanza de que me salvase.
Aquello pareció despertar a Dayanne, y vi como su vista se nublaba como si de pronto se hubiera vuelto ciega. Todo a nuestro alrededor pareció detenerse, las risas de los chicos, todo. Dayanne y yo cruzamos la mirada. Su mirada se había oscurecido. Ella ya no era Dayanne.
-No digas mi nombre… - dijo con una voz rasposa que me rasgó el corazón. En aquel momento, supe que ya no había manera de recuperarla. Me sentí furioso. -, no me lo manches. ¿Por qué no? total, él mató a mi novio, no me importa.
¿Tanto me odiaba?
-¡No! ¡Dayanne! ¡Soy Erik! ¡Te quiero! ¡Di mi vida por ti! - le grité furioso.
Ella me volvió a mirar. Nada había cambiado.
-Lo dudo.
-Te has ganado bien su odio - dijo uno, pero lo ignoré.
Ya no quería hacer nada más por ella. No me merecía.
Conseguí escabullirme aunque me dolía todo el cuerpo, y me abalancé sobre Dayanne agarrándole del cuelo con intención de inmovilizarla. Ella no se lo esperaba. Yo jamás me habría imaginado en aquella situación.
-Si no queréis que la mate, dejadme salir, y no diré nada.
-¿Y por qué crees que nos importa esa niña? - dijo uno de ellos.
-Supongo que no querréis estar metidos en un asesinato.
Aquello pareció echarlos atrás. Dieron media vuelta, dejando a Dayanne sola. Esta forcejeó entre mis brazos pero la agarré bien. Sería la última vez que estaríamos tan cerca. Aquello había terminado para ambos. Acerqué mis labios a su oído y suspiré.
-Lo siento Dayanne, tú me has obligado a hacerlo. Sé que no eres tú, sé que has cambiado desde aquello. Lo siento, quiero que sepas que no lo maté, que fue un accidente. No sé si mi amor por ti seguirá siendo el mismo después de todo esto, pero me he dado cuenta de que este sufrimiento no merece la pena. Espero no volver a verte, me causas demasiado dolor.
-Que te den - me dijo.
Y me tomé eso como el final de la conversación.
La giré y le golpeé en la cara. Ella cayó al suelo inconsciente.
Toda mi vida me había arrepentido de todo aquello, y de muchas cosas más. Aquello se había complicado cuando al empezar segundo, en el instituto, me la encontré cara a cara. Aún lo recuerdo. Estaba subiendo las escaleras, y ella venía del pasillo de arriba. Ambos nos cruzamos y sin evitarlo nos giramos para mirarnos. Yo claro que sabía quién era. Su rostro me había torturado durante años.
Pero ella me saludó como si nada, con una sonrisa tímida en la cara, dejándome confuso. Luego, en clase, me cuentan que perdió la memoria. No se acuerda de nada, ni de mí, ni de lo sucedido en la fábrica, nada. El causante: yo.
Para ponérmelo más difícil, empecé a gustarle muchísimo.
Los pocos amigos que sabían del tema me decían que la tratara mal y pasara de ella para que se olvidara de mí. Mi nuevo error, fue hacerles caso.
Aunque hice todo lo posible para que me odiase, ella era testaruda, y no conseguí que se olvidara de mí, sino todo lo contrario. La hice sufrir. Mucho. Y cada vez que la veía se me rompía un trozo de corazón. Verla ya me causaba daño. Verla sufrir me estaba matando.
Pero no me rendí. Sabía que tenía que sentirme mal, pero no era capaz de sentirme así. Y lo peor, es que estábamos rodeados de cosas malas, muy malas.
Los únicos que estábamos seguros de que pasaba algo raro éramos Dayanne y yo. Ya sabíamos que había gente que traficaba con drogas (yo más que nadie), pero también había personas que no tenían reparo en asesinar. Y hablo de gente que aún haber pasado la mayoría de edad sigue estudiando en el instituto
Recuerdo un día en una excursión, en el que ella se había acercado a mí, enfadada, y me había abofeteado. Empezó a insultarme y a gritarme.
-¿Qué te hice yo para que me trates así? Porque me estás jodiendo la vida, y algún día te arrepentirás.
Te arrepentirás, te arrepentirás, te arrepentirás…
Ahora solo son recuerdos.




Por las noches solía tener pesadillas. Sueños de todo tipo. Pero todos eran relacionados con Dayanne. Me pasaba las noches soñando con ella, rememorando el pasado, e incluso soñaba con ella quemándose entre el fuego y gritándome que huya y me salve de él. No sé de quién, pero siempre iba a rescatarla y ambos moríamos quemados entre las llamas.
Por eso juego al baloncesto. Es una forma de desahogar todas las noches de pesadillas. Porque si no soñaba, lloraba. Siempre por ella.
Su vuelta me había cambiado por completo. Hacía cosas que antes no me gustaban. Ella me había despertado de nuevo. Sin embargo yo no hacía más que hundirla. Una vez, recuerdo haber visto un poema escrito en un banco, junto a otros mensajes gravados con fuerza. Desde que lo vi, se convirtió en mi lema.

Cuando la belleza antigua te enamora,
Nunca te desamora…
Puedes olvidarte, tratarla como escoria,
Pero la belleza nunca se olvida…
Puedes intentar que le belleza se olvide de que es bella,
Pero tú nunca la olvidarás…
Y aunque quieras destrozar su corazón,
La belleza persistirá en tu mente…
¿Por qué no se termina el dolor?
¿Por qué no hay oscuridad donde debería haberla?
Tal fue el intento del caballero
De olvidarse de su princesa.,
Que manchó su corazón y el de ella
Y atrajo la oscuridad que tanto deseaba:
Las llamas.

Pero un día cometí un error cuyas consecuencias descubriría más tarde con horror.
Ella se había acercado a mí con la esperanza de un último trozo en pie de su corazón, esperando que por primera vez, me agachase a recoger los que había dejado por el camino y así reconstruirla. Pensé que si dejaba ese trocito caer, quizás…
…me olvidaría.
Sin embargo, cuando ese último trozo se cayó, su mirada se apagó por completo, y entró en un estado que me recordó a cuándo me había mirado aquel día, en la fábrica. Y me arrepentí al instante.
Intenté arreglarlo comprándole un collar, que se lo puse en la mochila. Cuando o encontró lo miró confusa, aunque no sirvió de nada. La última vez que la vi lo llevaba puesto.
La última vez que la vi.
Justo antes de yo enterarme, había decidido rendirme a ella. Ya no podía luchar más. Había perdido. ¿Por qué tuvo que morir? ¿Por qué?
Cuando Sarah me lo dijo, sentí que mi alma se rompía por completo. Creí que allí mismo me desmayaría y moriría con ella. En aquel momento el mundo dejó de cobrar sentido.
Pero las cosas no habían terminado. No aún.
Aquel día, en mi casa, justo después…

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Miér Abr 10, 2013 2:39 pm

Capítulo 7

Silencio


“Cambiar no es nada bueno, eso yo lo sé porque mi vida se ha basado en cambios, tanto malos como buenos, cambios que me han llevado por caminos distintos, a la deriva, y que han terminado en un mismo lugar: donde estoy ahora.
La esperanza nunca se pierde, eso dicen, pero la verdad es que yo la perdí muchas veces, ninguna de esas ocasiones ha durado gran cosa. ¿Qué es lo que estoy haciendo?, hago algo malo, y me pasan cosas malas, hago algo bueno, y también… Sólo quién me ha dado esta vida, solo quién haya decidido escribir mi destino, solo esa persona, sabrá lo que me aguardará el futuro…”




Caminé bastante desde que allí tumbada y mojada había decidido continuar mi misterioso viaje. Me deprimía saber que estaría así toda la vida. Todo, absolutamente todo, seguía igual que antes.
Avancé como una muerta viviente. Ni hablaba, ni me reía, ni pensaba en nada. Era inmune a aquellos sentimientos que tanto me habían afectado. Pasado un mes, el hablar se había vuelto innecesario, mi única actividad era caminar y caminar, y el nexo me tiró durante la mayor parte del tiempo, pero contuve el dolor y continué hacia delante.
Pero entonces una pregunta en mi cerebro me hizo pensar.
¿Era así como acababa un espíritu perdido?
Aquella idea me golpeó de lleno. Y, sin pensármelo dos veces, y harta de todo, cerré los ojos y me dejé ir de vuelta a casa de Erik. Cuando aparecí allí después de tanto tiempo, sentí un gran alivio en el lazo que me oprimía en el pecho. Me deje caer al suelo, y allí me hice un ovillo preparada para dormir y pensar en mi fracaso como persona.
Y como espíritu.




Al día siguiente, lo seguí en silencio hasta el instituto. Aunque continuaba sin hablar y sonreír, recuperé algo importante: la conciencia. Volvía a pensar, lo que era un gran alivio.
Sin duda, durante aquel tiempo me había perdido muchas cosas. Pero la misma rutina de todos los días. Llegada la noche, volvían las pesadillas. Soñaba con que estaba atada y las llamas me rodeaban, y Erik quería salvarme, y yo le gritaba que se fuera, pero siempre venía a por mí y ambos nos quemábamos. Se repetía una y otra vez.
Pero también tenía otro tipo de pesadillas. Soñaba con rumores. ¿Es que qué pensarías si te dijese que mi mejor amiga Sarah, la que siempre había renegado de Erik, estuviese saliendo con el mismo?
Aunque me dolía verlos, yo no podía hacer nada. Erik no me pertenecía. Erik podía hacer lo que le viniese en gana.
Los miraba sin ninguna emoción. Me sentía vacía, como si algo faltase en mi interior. Seguía a Erik de vez en cuando, y cuando él y Sarah estaban juntos, me alejaba todo lo posible. Erik parecía estar más a gusto con ella, lo que me sacaba de mis casillas.
-Triste, ¿Verdad? - me preguntó graciosa Miley.
No contesté.
-¡Ah!, sí, es verdad, que no hablas. Me pregunto quién te habrá comida la lengua. Pero bueno, me da igual si contestas o no, se te nota que no estás contenta con este cambio.
Miré de reojo hacia ella, y me quedé observándola con cara de pocos amigos.
-¿Me equivoco?
La seguí ignorando.
-¿Sabes una cosa? Me parece un poco estúpido lo que hiciste del viaje, no te entiendo. Si no te hubieras ido, quizás, estos dos no estarían juntos.
Me enfadé. El viaje era algo desagradable que no quería recordar.
-Por cierto, un pajarito me ha dicho que no puedes cruzar. Al otro lado no te espera nadie, quiero que lo sepas, para que no vuelvas a intentar entrar en la luz.
Giré la cabeza, estaba a punto de explotar. Sabía que al otro lado me esperaban Kira y Naomi. Me tenía que estar esperando Ángelo.
-Al final no quieres cruzar. Deseas tanto cruzar, olvidarte de todo tu dolor y de todo lo que pasa a tu alrededor, incluyendo a Erik, que por eso no eres capaz - hice un gesto de risa -. Te ríes, dices que no, pero sabes que en realidad es cierto.
Había dado en el clavo.
-Hay algo en Sarah que no sé… no me gusta. No me fiaría de ella.
-¿Y en qué te basas para juzgar a mi mejor amiga si no tienes ni idea de cómo es?, te crees lista, pensando que lo sabes todo pero en realidad no sabes nada - exploté al fin. No sé por qué, pero la voz me salió dura, hosca y rasposa. Tanto Miley como yo nos asustamos.
-Yo soy un importante papel que está aquí para salvarte el culo, así que tú tampoco juzgues lo que no conoces.
-Te conozco lo suficiente para saber qué juzgarte.
-Así vas a acabar mal, ya lo verás… - dijo y se fue.
Observé como se marchaba y me sentí molesta porque había roto mi silencio. Observé a Erik desde la distancia, como si fuera un guardaespaldas.




Miley ya no me dirigía la palabra, ni me miraba, como si estuviese verdaderamente enfadada conmigo. Muchas veces, cansada, intentaba alejarme, pero el lazo me tiraba junto a Eril y yo ya no me resistía. En uno de esos momentos, me cuadró escuchar una conversación.
-Así que, si Dayanne se levantara de la tumba, te daría igual que te viese con el chico que le gusta - preguntó Ian, uno de los amigos de Erik, cual parecía estar nervioso por la conversación.
-Sí, me daría absolutamente igual - contestó ella -, como no va a revivir nunca… - dijo con lo que noté, un poco de rabia.
-¿Cómo puedes decir eso de tu mejor amiga?
-¿Por qué no puedo salir con él? Me gustaba desde hace tiempo.
Qué mentirosa, eso no se lo cree ni ella.
-Yo que tú no decía nada, te podría oír de entre los muertos - dijo Erik serio de pronto.
Sarah comenzó a reírse divertida.
-¡Qué cosas tienes!
Me quedé observándola incrédula, ¿esa era mi mejor amiga?, ¿Desde cuando las amigas se hacen eso? Me di la vuelta confusa y enfadada al mismo tiempo.
-Al final quien tenía razón era yo - dijo de pronto alguien a mis espaldas.
-Sí, tenías razón, ¿Contenta? - le dije malhumorada a Miley.
-No, pero así te demuestro el papel que juego yo en todo esto.
-Mira, necesito estar sola, así que si puedes, déjame - le pedí desesperada por encontrar un momento en el que pensar.
Miley no me discutió y se fue.
Durante un buen rato estuve pensando. ¿Cómo podían las personas cambiar de aquella manera? ¿Acaso yo era la culpable de todas las cosas extrañas que estaban pasando aquí?
-Te lo dije, todo esto lo has causado tú y tu muerte, has cambiado el curso de las cosas.
Me giré y me dio tiempo de ver la sombra de Naomi difuminándose hasta desaparecer por completo. Naomi no había cruzado, seguía aquí.
Cansada de todo, volví a casa de Erik. Lo encontré delante del ordenador hablando con Sarah. Me asomé a la pantalla para leer la conversación.
-¿Por qué dijiste eso antes? Estás loca, Dayanne es tu amiga - decía Erik.
-¿Cómo es que ahora la defiendes? ¿No te caía mal? No te entiendo… - responde ella.
-Simplemente no me parece bien lo que haces.
-Pues lo siento, si soy ahora así, es por su culpa, ella me ha convertido en esto, porque es una egoísta que no piensa en los demás y ya no es mi amiga después de lo que hizo.
-¿Qué hizo? Yo no sé nada, cuéntamelo ya.
-Pues que ella…
Misteriosamente (o quizás no tanto), el ordenador de Erik se apagó y comenzó a echar humo. Antes de aparecer en casa de Sarah, el sobrecalenté también el móvil a Erik.
-Lo que me faltaba… - dijo él casi tirándose de los pelos.
Fui a casa de Sarah e hice lo mismo.
-Ya me lo contará mañana… - dijo Erik justo cuando volví.
-¡Ja! Que se lo voy a permitir… - dije yo.




Al día siguiente Erik se apresuró en irse al instituto. Casi no me da tiempo a despertarme a tiempo, pero fui rápida y con rapidez ya estaba detrás de él, sirviendo de guardaespaldas de mi gran secreto.
-Lo siento, ayer se me estropeó el móvil y el ordenador, no te pude decir nada - se excusó Sarah cuando estos se encontraron.
-No te preocupes, puedes decírmelo ahora…
-Bueno, pues…
Hice que sonara el timbre antes de tiempo para interrumpirlos. Sabía que Sarah tenía un examen muy importante esa mañana y no podía llegar tarde. Vi como se mordía el labio.
-Luego te cuento, tengo que irme.
Y salió corriendo en dirección a clase, dejando a Erik con cara de pocos amigos. Sonreí.
Pero sabía que no terminaría. A la hora del recreo, volvió a la carga. Esta vez, lo que hice fue desviar un balón hasta su cabeza. Quizás fue cruel de más, pero por nada del mundo quería que Erik supiese que me había suicidado por él.
-¡Mierda! - exclamó ella levándose la mano a la cabeza - ¿Sabes? Paso de decirlo, cada vez que lo intento pasa algo malo - y se dio la vuelta dejando a Erik una vez más, con cara de pocos amigos.
Vi como él se acercaba a su grupo de amigos. Entre ellos cabría citar a Patrick. Erika, una de mis mejores amigas, y yo, sabíamos que él se traía algo entre manos, y que no era alguien de fiar. ¿Por qué Erik andaba con él? Podría ser peligroso. Yo ya le había advertido que no se juntara con él… La verdad es que siempre le advertía de las cosas que averiguaba aunque él no me hiciese caso. Hasta que, como todo, dejé de hacerlo.
Me di la vuelta y me fui sin ni siquiera esperar a Erik. Cuando llegué allí, me senté en su silla, pensativa, triste. De nuevo, volvía a mi anterior situación. Y daba mucha pena. Allí mismo, me quedé dormida, y no me enteré ni cuando Erik entró en su habitación.




-Cómo te deprimes tú sola - oí una repentina voz a mis espaldas. Me giré para ver a Miley.
-Es mi problema, no el tuyo.
-¿Por qué eres tan borde conmigo? Yo solo quiero ayudarte.
-¿Eres capaz de devolverme a la vida, de que las cosas vuelvan a ser como antes? - me sentí horrible, eso era culpa mía, solo mía -, ¿no? entonces no me puedes ayudar.
-Sabes a qué me refiero con ayudar Dayanne. No soy un genio, así que las cosas imposibles no se piden, ¿amigas? - me preguntó dándome la mano.
La miré irónica. ¿De verdad pensaba que podría darle la mano sin atravesarla?
-Estás loca… - aún así, junte mi mano con la suya. Mi mano no le traspasó - ¿Pero qué…?
La mañana pasó muy rápidamente. Erik se iba al parque con Sarah, y yo decidí ir a mi verdadera casa. Hacía tiempo que no iba. Fruncí los labios cuando aparecí allí. ¿Cómo estarán viviendo mis padres y mi hermana mi muerte? ¿La habrán superado?
Mi habitación seguía como siempre, no se había movido nada de su sitio. Sentí añoranza y recorrí toda mi habitación con todas las cosas que habían sido mías. Aunque de vez en cuando pasaba por allí para evitar que entrase mi hermana, nunca me había detenido q mirar meticulosamente todo lo que había pertenecido a antes de mi muerte.
Durante el resto de la tarde estuve husmeando entre mis cosas recordando viejos tiempos. Fotos, dibujos, regalos… todo formaba parte de una vida no tan pasada pero que se me hacía muy lejana. Horas después sonaba el timbre, y oía como mi hermana iba a abrir la puerta.
-¿Sí? - pregunta.
-Hola, ¿eres la hermana de Dayanne, no?
Me quedé inmóvil durante unos segundos. Luego me levanté con rapidez. ¿Erik? ¡¿Erik?! ¿Qué hacía él allí?
-Sí. ¿Tú quién eres? - preguntó desconfiada.
-Soy un amigo de Dayanne - ¡Sí venga! ¿Y qué más? - es que… tiene algo mío, y… me gustaría recuperarlo.
Hubo un momento de silencio. ¿Qué? ¿Algo suyo? ¡Yo no tenía nada de él! ¡Y no iba a entrar en mi habitación!
-Bueno, si quieres intentar entrar en su habitación para recuperarlo te reto a que lo hagas. Esa puerta es imposible de abrir - por un momento quise echarme a reír, porque había cerrado la puerta poniendo una silla para que no entrara cuando yo no estaba vigilando.
Entonces oí los pasos de Erik acercarse. Me asomé y lo vi acercarse a la puerta.
-Por encima de mí vas a entrar - me dije.
Erik intentó abrir la puerta y no fue capaz. Agarré la misma desde el otro lado usando toda mi concentración para no traspasar el mango, lo que me costó lo suyo. La culpa era mía por quitar la silla de la puerta.
-¿Ves? Es imposible - dijo Rebecca.
Erik le murmuró algo.
-Pues nada, si no se puede… - dijo de pronto.
Al oír aquello me relajé y sin querer mis manos traspasaron el mango de la puerta y perdí el equilibrio, traspasando también la puerta. La cara de Erik estaba delante de mí. Este, sin previo aviso, decide intentar abrir de nuevo la puerta. Y lo consigue.
-¡Mierda! -exclamé - ¡Fuera de mi habitación! ¡Deja de mirar entre mis cosas! - le grité como una idiota.
Pero dejé de gritar cuando agarró con la mano lo que había estado buscando.
Mi collar.
Me quedé allí de pie, inmóvil, con cara de pena, con unas horribles ganas de llorar. Se hizo el silencio. Erik se quedó mirando el collar que se hallaba en su mano. Siempre lo había llevado encima, desde que empecé a salir con Ángelo aquel había sido mi collar preferido, y todos lo conocían. Era negro, y tenía una palabra colgado de un corazón en llamas: forever.
Lo había dejado de llevar por el que tenía ahora, un collar que había aparecido sin más dentro de mi mochila.
Tanto tiempo que no sabía nada de él…
La mano de Erik se cerró con fuerza alrededor del collar. No pude decir más. La volvió a abrir, y, sin previo aviso decidió ponérselo alrededor del cuello.




Murmullos.
El instituto se llenó de murmullos cuando vieron a Erik con lo que parecía mi collar. Y la que más se escandalizó fue Sarah.
-¿Qué haces con ese collar? ¡Quítatelo! - le gritó sin control.
-No me lo pienso quitar porque a ti no te guste - le soltó Erik enfadado.
-Pues olvídate de que sigamos juntos - responde de repente Sarah.
-Pues mira que bien - contestó él -, odio a las brujas.
Los que estaban cerca se echaron a reír, y la cara de Sarah enrojeció, y enfadada, dio media vuelta y se largó.
Y aunque parecía que con aquello todo iba a volver a ser como antes, a partir de aquel momento todo comenzó a cambiar radicalmente a nuestro alrededor.
El peligro se acercaba.
Sarah cada día estaba peor que el anterior. No me gustaban sus nuevas amigas. Tampoco me gustaba su nuevo recién novio.
Eso pensaba cuando la observaba mientras se besaba con Patrick.

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Jue Abr 11, 2013 2:03 pm

Capítulo 8

Mala amiga



“Los secretos son peligrosos si alguien los descubre, lo son cuando alguien los busca, lo son cuando los secretos buscan.
Todo el mundo tuvo algún secreto en su vida, algunos se rompieron por la presión, otros duraron y desaparecieron en el olvido. A veces, cuando uno sale a la luz, suele de hacerlo de forma brusca, impactante, terrible… si el secreto trata sobre algo peligroso, siempre se lleva víctimas con él, sino… ¿Por qué iban a ser secretos peligrosos entonces?...”




Sarah Parker O’conell era el nombre de mi mejor amiga.
Clarissa Cuffel, Ricky Harper, Lenna Diefer, Emma Guerrild y Molly Jaques, eran los nombres de sus nuevas amigas.
Sarah se había unido a una red de secretos. Un mundo extraño. Un mundo peligroso.
Todo comenzó un lunes a las cuatro de la tarde, en el que, cansada de Sarah, decidí seguirla a ella y a sus nuevas amigas hasta su escondite para saber que están tramando.
Cuando las seguí, pensé que harían lo típico que hacen las chicas cuando están todas juntas en su escondite secreto. Pero en nada se parecía a eso. Su escondite secreto era un sótano en una pequeña cabaña en medio del bosque. Lo único que iluminaba la estancia eran velas. Se sentaron todas en círculo y empezaron a hablar.
-¿Sabéis? Hoy el profesor nos quiso llevar de excursión a la montaña con el tiempo que hace. En fin, que al final, le pinché las ruedas del coche - dijo Sarah de pronto. Las demás se echaron a reír.
-Chicas, ¿seguimos con la idea del otro día? - preguntó Ricky.
-¿Cuál? ¿La de elegir a alguien y crear rumores sobre esa persona, dices? - preguntó Molly.
-¡Sí! - exclamó Ricky.
-¿A quién podemos elegir?
Hubo un rato de silencio, vi como a Sarah se le iluminaban los ojos.
-¿Qué tal sobre Dayanne?
-¿Dayanne? Pero ella está muerta…
-¿Y? Mejor, ¿no creéis? Imagínate cómo se sentirán sus amigos. Bueno, los pocos que tenía, que ya me aseguraba yo de que a nadie le cayese bien.
Me quedé de hielo.
-Bueno, tienes razón, ¿Por qué no?
Desaparecí de allí de forma rápida. ¿Qué había pasado? ¿Qué había sido de mi mejor amiga? Me dolió ver como se volvía en mi contra, como si todos aquellos años a su lado hubieran sido una farsa. Y quizás lo había sido.
Aparecí en la habitación de Erik, y, después de dejarme caer por la pared me eché a sollozar. La verdad es que ya sabía que vivía en un mundo de mentiras.
Al día siguiente casi me levanté mareada. Llegué al instituto con miedo de lo que podría oír por las esquinas. Los rumores no tardaron en llegar.
Eran variados. Uno decía que yo era pobre, que mi casa estaba abandonada, y que convivía con todo tipo de fauna. Erik, molesto, defendió que era mentira, que había visto mi habitación y no era así. Me llevé la mano a la cara cuando lo oí. Tal como imaginaba, pensaron que era porque ambos nos habíamos liado, y, aprovechando esto, soltaron el rumor de que había estado embarazada, lo que empeoró las cosas.
¿Qué hubiera sucedido si hubiera estado viva?




El resto de los días las observé de lejos, cauta. Pero ya no hablaban de cosas importantes tan a la ligera. Estaban más alertas.
Erik, de pronto, comenzó a interesarse también por Sarah y sus amigas, y temí por él, porque no debía meterse en problemas. Miley intentó que dejara el tema, pero no lo logró.
También empecé a preocuparme por Erika cuando les oí decir algo sobre deshacerse de ella. ¿Dónde me estaba metiendo?
No fui yo la única que recibió los golpes bajos de Sarah y sus amigas. Erik también los sufrió porque ellas empezaron a difundir por ahí que había matado a Ángelo, así, sin más, sin razón aparente. Los rumores fueron de boca en boca muy rápidamente.
-¡¿Quién te ha contado eso?! - preguntó Erik fuera de sí a John, uno de sus mejores amigos.
-Joder tío, ya sabes, a mí me lo contaron, y a quien se lo contaron también, y así seguido. Esto es una cadena sin final Erik. ¿Pero de verdad mataste al novio de Dayanne?
-Exnovio - corrigió -, y no, no lo maté, fue un accidente.
-¿Y qué pasó? ¿Por qué Dayanne perdió la memoria?
¿Y eso qué os importa?
Erik gritó sin sentido, y se dio la vuelta dolorido. El resto de los días fue peor. Comenzaron a llamarle asesino
Cuando volví a casa un día me lo encontré llorando de desolación. Y lo peor era que yo no podía consolarlo, así que intenté hacer ruido para que la madre viniese. En cuanto apareció por la puerta, lo vio y salió corriendo junto a él.
-Erik… ¿Qué te pasa?
-Lo saben todo, todo… - confesó.
La madre lo comprendió sin necesitar más explicaciones, y lo abrazó para consolarlo. Erik se abrazó a ella y lloró a escondidas, como si aún fuese un niño pequeño. Me conmovió la escena, y quise echarme a llorar allí, con él.
La madre lo metió en la cama, tapándole, y cuando vio que se había relajado un poco, cuando estaba casi dormido, salio de la habitación y apagó la luz. Me acerqué a su cama y me tumbé con cuidado a su lado, y le acaricié el brazo despacio para no despertarle, pero lo suficientemente suave como para que esa noche no tuviera pesadillas.




Cuando me desperté, decidí ir al escondite de las chicas para echar una ojeada a lo que estaban haciendo. La noche había sido tranquila, y Erik no parecía haber tenido ninguna pesadilla (atrás había descubierta que a veces las tenía, y con todo esto era posible que las tuviese peores).
Cuando llegué no las encontré en el sótano. Sin embargo, oí rumores en la parte trasera de la casucha abandonada. Y un ruido que me resultaba familiar.
El ruido de una pala cavando.
Cuando las encontré, me quedé de piedra.
-¿Cabrá? - preguntó Emma.
-Yo creo que sí, Erika es pequeñita, no te creas.
-Nuestros antepasados hacían esto por ellos. Nosotras haremos lo mismo.
¿Por ellos? ¿Lo mismo? ¿Caber? Di un paso atrás para ir digiriendo toda aquella información, y corrí en busca de Miley.
-¡Miley! ¡Miley! - grité cuando la encontré. Le conté lo que había averiguado.
-¿Qué? Lo sabía… - respondió ella una vez le conté todo -, estaba segura de que algo raro se escondía detrás de esas… agh. ¿Qué hacemos?
-No lo sé. Yo no puedo hacer nada, sólo tú puedes.
-¿Yo? - Miley se mordió el labio inferior nerviosa -, puedo alertarla, pero eso no las frenaría.
Miley respiró profundamente y fue en busca de Erika. Desde lejos, las observé hablar tranquilamente. ¿Qué estarán diciendo? ¿Por qué no me acercaba para ver qué decían? Justo en el momento en el que iba a junto ellas, Miley se da la vuelta y camina hacia mí.
-No la veo yo muy preocupada - dije.
-Y no lo está. Dice que no pasará nada.
-Lo que nos faltaba.
Y volví a casa de la misma forma en la que había salido, con la preocupación en el cuerpo. Pensativa me tumbé en el suelo. ¿Cómo la íbamos a proteger? Miley no podía ser su guardaespaldas o correría tanto peligro como ella, y yo sólo era un espíritu. ¿Qué podía hacer yo?
Ese día tuve una pesadilla. Estaba en la fábrica. Esta tenía una zona que la gente solía llamar laberinto, por ser fácil perderse en ella. Pues me encontraba en pleno laberinto. Erika corría por el laberinto escondiéndose de vez en cuando, perdida. Oí gritos y supe que las demás la estaban persiguiendo.
-Nos han encontrado - decía ella.
-No, aún no, tú eres más fuerte que ellas, tienes que correr, escapa, la salida no estará muy lejos - le dije.
-No Dayanne, no soy yo quien tiene que huir, si no tú, y por eso tienes que correr.
Respiré profundamente y el sueño se volvió muy real, que hasta lo creí, y asustada eché a correr, pero no encontraba la salida. Estaba perdida.
Oí unas risas horribles, las mismas que siempre oía, y vi llamas que me cerraron uno de los lados de una bifurcación, obligándome ir a por el otro. ¿Pero qué sucedía con el maldito fuego? ¿Es que me seguía?
-¿Dónde estás Dayanne? - gritaba al fondo Ricky.
Corrí todo lo que pude, Ricky casi me ve, pero conseguí esquivarla a tiempo. Entonces, me encuentro con Sarah.
-¿Necesitas ayuda amiga mía?
-¡No, gracias! No necesito ayuda de una traidora - levanté la mano y le golpeé en la cabeza con un martillo que había salido de la nada.
Sarah cayó inconsciente, pero no muerta, y aproveché la ocasión para continuar huyendo. Al fondo vi una luz, en ella estaba Erik observándome. Las demás ya casi me habían alcanzado, y en mi mente resonaban los gritos de Erika.
¡Corre… corre… corre…!
Seguía corriendo, pero la luz y Erik se alejaban. Entonces tropecé y cuando me di la vuelta, ellas ya me habían alcanzado.
-¿Creías que ibas a conseguir escapar?
Erika me observaba desde las sombras inquieta.
Emma se acercó y levantó el cuchillo. Yo, con un reflejo, levanté el brazo para protegerme, y en un abrir y cerrar de ojos, ella, el cuchillo y las demás desaparecieron, y me vi otra vez en la habitación de Erik.




Cuando fui al instituto al día siguiente, las cosas no parecían ir mejor. Busqué por todas partes a Erika, pero no la encontré. Era como si estuviese desaparecida. Sentí inquietud, y busqué a Sarah y a sus amigas por si ellas podrían aclararme algo. ¿Y si habíamos llegado tarde?
-¿Sabes si intentará escapar? - oí a Lenna susurrarle a las demás muy bajo.
-No. está bien escondida e inconsciente, no podrá escapar - respondió Sarah mirando hacia los lados alerta - será mejor que no hablemos de esto aquí, podrían… oírnos. Mañana por la noche, que es Halloween, sacamos nuestros uniformes y pasaremos inadvertidas.
Todas asintieron. Maldije para mis adentros. ¿Qué iba a hacer ahora? Una vez más, fui en busca de Miley.
-¡La tienen! ¡Tienen a Erika!
-Eso es imposible… ¿Tan rápido? ¿Cómo la cogieron? - preguntó llevándose la mano a la boca.
-No lo sé, pero lo que sí sé es que piensan hacer algo mañana por la noche, en Halloween.
-Pues mañana las vigilaremos de cerca e intentaremos saber dónde la tienen encerrada.
-¿Y después, qué? ¿Te enfrentas a ellas?
-Nos enfrentamos. Aunque estés muerta, eres de utilidad ¿sabes? Intentaremos liberarla sin que ellas se enteren.
-Eso es muy complicado. No estoy segura de que tu plan vaya a salir bien.
-Pero es lo único que tenemos hasta ahora.
Nos quedamos un momento en silencio, pensativas.
-¿Y si vamos a investigar a su sótano? Esta tarde tienen clases.
Miley asintió.
Esa misma tarde, como quedamos, nos acercamos al sótano de Sarah y sus amigas.
-Dios, esto es muy… tétrico - exclamó ella.
-Lo sé. Ya te acostumbrarás. Empecemos a buscar, haber qué encontramos.
Al principio no encontramos nada más que velas, libros de vampiros, libros psíquicos, espirituales, satánicos... ¿Pero de qué iban? ¿Qué tramaban? Mientras rebuscaba entre los libros, cayó una hoja al suelo. Le eché un vistazo.
-Miley, mira.
Miley se acercó. Ambas nos quedamos mirando el papel. En ella había una lista de nombres con una cruz verde al lado. Naomi Patterson, Tony Brice, Elliot Gregori, Carly Thairwell…
-¡¿Qué es esto?! ¿¡¿No será…?!?
Miley se quedó callado durante un rato.
-Sí. Me da que sí porque da la casualidad de que todos ellos están muertos.
-¿Ellas…? ¡Es imposible! ¡A Naomi la mató un atracador!
-Podría estar en el ajo, ¿sabes?
-Y… y… Carly Thairwell… - empecé a tartamudear. Aquello me superaba.
-Sí Dayanne, es la hermana de Erik.
-¿No había muerto en un accidente con el padre? ¡Tiene que saber que todo es una mentira!
Miley pareció alarmarse.
-Dayanne, ¿Recuerdas que estás muerta? ¡Abre los ojos! ¿Qué crees que pensará y hará si lo sabe?
-Yo confío en él - aunque después de todo lo que me había hecho, confiaba en él. Ya no sentía odio por la persona que amaba. Ya no. No desde que el vacío desapareció y por fin lo comprendí todo. Ahora lo miraba con unos ojos nuevos -. Y tiene que saberlo.
Me difuminé llevándome la hoja conmigo. Lo encontré durmiendo. Me acerqué a él y le dejé el papel encima de la cama. Luego le susurré al oído metiéndome en sus sueños.
-Tu hermana no murió en un accidente, debes saberlo…
Justo cuando me iba, el abría los ojos como si le hubiese despertado una pesadilla. Me imaginé la cara que pondría nada más ver la hoja, y me sentí mal por él. ¿Qué haría? ¿Decírselo a su madre? ¿Llamar a la policía? Me mordí el labio. No volví a junto de Miley. Anduve paseando sola, pensativa. Para cuando volví, contemplé a Erik bañado por los rayos de la lluvia, echo un ovillo, con la hoja en la mano echa un puño. Deseé estar viva para poder tocarle y abrazarle y consolarle. ¿Algún día lo miraría normal? ¿Algún día me despertaría y descubriría que ya no lo amo? Pero de momento, ese día solo existía en mi habitación.




Por fin llegó Halloween.
Miley y yo nos encontrábamos en medio del parque, donde se concentraba la mayoría de la gente. Habíamos llegado hasta allí siguiendo a Sarah, que iba con una capa negra.
Referente al disfraz de Miley, no sabía qué pensar.
-¿De qué vas disfrazada? - le pregunté dudosa.
-Pues de vampiro, ¿no me ves los dientes?
Miley abrió la boca y vi unos pequeños colmillos que no le quedaban bien.
-Ah… te pega, sí.
-Pues a mí me gusta el tuyo - fruncí el ceño -, vas de fantasma invisible.
La miré con mala cara.
-Ja ja ja, me río.
Las dos pusimos de nuevo la atención en Sarah. Se había acercado a un grupo de chicas que iba con la misma capa, pero con la capucha puesta, por lo que supuse que serían las demás. Sarah asintió, se colocó también la capucha, y todas comenzaron a caminar.
-Vamos, no las perdamos de vista - le dije a Miley adelantándome.
Ambas adelantamos el paso. Las seguimos con cautela, sobretodo Miley, que podía ser vista. Entonces, comprendí que nos dirigíamos a la fábrica. Sentí miedo. No se dieron cuenta de que las seguíamos pero… ¿Por qué no nos dimos cuenta de que alguien… nos seguía a nosotras?
Entramos en la fábrica y entonces se metieron por la zona de laberintos, y recordé la pesadilla de anoche. ¿Y si había sido una premonición?
Nos metimos en el laberinto, hasta que llegamos a una habitación final, en el que vimos a Erika maniatada en una silla. Miley se escondió tras un mueble con rapidez.
-Hola querida, ¿Qué tal? - La mirada de Erika estaba llena de ira y de miedo -. Tenemos que hacer algo, sólo venimos un momento para que no te olvidases de nosotras. Ahora volvemos.
Todas abandonaron la estancia. Me asomé hasta que ver que habían desaparecido. Le indiqué a Miley que podía salir.
Miley corrió hacia una Erika sorprendida. La desató y esta se levantó agitada. Ambas salieron corriendo de allí. Al ser una zona llena de pasillos, nos perdimos. Oí gritos al fondo y supe que habían descubierto que no estaba. Todo comenzó a parecerse más aún a mi sueño.
-Marchaos, yo la distraeré - nos dijo Miley.
Erika la miró extrañada.
-Miley, sólo estoy yo.
-No Miley, no pienso dejarte sola, tú te vendrás con nosotras, si te quedas corres el riesgo de que te maten.
-No te preocupes Dayanne, sé defenderme.
-¿Qué? ¿Dayanne? - Erika alzó la voz.
-Ahora no hay tiempo para explicaciones, corred… ¡Corred!
Ante sus gritos las dos comenzamos a correr, perdidas entre los pasillos, sin saber hacia dónde ir, dejando atrás a Miley. Entonces la oí gritar, y sin poder evitarlo, me di la vuelta y corrí en su busca. Miley se hallaba en el suelo, tirada. Tenía un brazo sangrando.
-¿Qué haces aquí? ¡Tienes que estar con Erika! ¡Tienes que ayudarla! Estoy bien, no te preocupes.
Me mordí el labio e hice lo que me dijo, volviendo a correr en su contra. Pero mis peores temores se hicieron realidad, y me perdí. No encontraba a Erika por ninguna parte. ¿La habrían encontrado ya?
Oí gritos y corrí hacia ellos. Vi a Ricky tirada en el suelo. Erika forcejeaba con Sarah. Enfadada, cogí lo primero que vi en la pared.
Un martillo.
La golpeé en la cabeza.
OH dios.
-Gracias Dayanne - dijo Erika al aire.
Salió corriendo dejando a Ricky y a Sarah atrás, inconscientes. Lenna y Molly nos perseguían, así que Erika decidió esconderse en el enorme agujero de una pared. Pasaron de largo. Y las dos suspiramos aliviadas. Entonces, al asomarme, vi como Lenna giraba la cabeza hacia atrás, y avisaba a Molly para que parase un momento. Ambas volvieron hacia nosotras.
-Mierda… - exclamé.
Se asomaron a nuestro escondite, y ya no pudimos evitar que nos descubrieran. Abrí los ojos y abrí la mano con fuerza hacia una piedra que había en la parte superior de la entrada al agujero, con la extraña sensación de que podría moverla.
Fue extraño. La piedra se movió y las piedras que sujetaba cayeron con ella sobre ambas, dejándolas inconscientes, y espero que no muertas.
Erika y yo salimos del escondite con rapidez. Buscando la salida, volví a perder de vista a Erika. Por el camino me encontré a Emma, pero como no me veía capaz de encontrar a Erika, decidí plantarle cara a Emma. Pero cuando volví sobre mis pasos la encontré tirada en el suelo. Miley no habría podido ser, y Erika aparecía corriendo detrás de mí. Entonces… ¿Quién la había dejado inconsciente?
Mis preguntas se cortaron cuando oí a Clarissa, la última que quedaba en pie, a lo lejos. Erika y yo comenzamos a correr, pero terminamos en un callejón sin salida. Erika golpeó la pared con furia.
-Esto no tiene salida…
Clarissa se asomó con un cuchillo en la mano.
-Por fin te encuentro.
-¡Quieta! ¡Tire el cuchillo al cuello!
Clarissa se giró y vio al agente de policía apuntándole con una pistola. Abatida, la soltó. El agente la arrestó, y un médico se acercó a Erika para examinar si se encontraba bien.
-¿Está bien? - le preguntó.
Erika asintió. Estaba feliz de no morir. Yo también estaba feliz de que todo hubiera acabado bien. Conseguimos salir de allí. En el exterior, vi a Miley en una camilla.
-¡Miley! ¿Estás bien? - corrí hacia ella.
-Mejor, me duele el brazo, nada más. ¿Cómo está Erika?
-Bien, salió ilesa. ¿Fuiste tú quien llamó a la policía? - le pregunté.
-La verdad es que no - dijo negando con la cabeza -, pero estamos vivas, eso es lo que importa.
Un policía se acercó a ella.
-¿Han arrestado a todas? - le preguntó Miley.
-Creemos que sí, son cinco, ¿me equivoco?
Ambas nos miramos.
-No, son seis, agente.
-Déjeme ver… Molly, Clarissa, Emma, Lenna y Ricky. ¿Falta alguna?
-Anote. Sarah Parker. Ella es la que falta.
-¿Está segura? - preguntó seriamente.
Miley asintió con total seguridad. Al final, había conseguido huir.
-La buscaremos lo antes posible - dijo, y después se giró alejándose de nosotras.
-Miley… ¿fuiste tú la que dejó inconsciente a Emma? - le pregunté.
-No, no me podía mover.
Ni Miley ni Erika habían sido. Entonces… ¿Quién?
La acompañé hasta el hospital, y una vez llegaron sus padres, me fui. ¿Dónde podría estar Sarah? ¿Dónde se habría escondido? ¿Cuánto tardarán en encontrarla? De momento, teníamos suerte porque todo se había arreglado.
Huntsville se hizo famoso con aquello.
Pero para mi desgracia, las cosas no habían terminado.
Golpeé una de las paredes de la habitación de Erik. ¿Cómo había podido…?
En la cocina, la madre discutía por teléfono con un policía diciendo que su hijo había desaparecido.
Nos había seguido. Y sabía dónde estaba.
Donde Sarah estuviese.
-Erik… - me dije derrumbándome en el suelo.

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Jue Abr 11, 2013 5:09 pm

CAPITULAZOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO (LO QUE TARDÉ EN REESCRIBIRLO POR DIOS)

Capítulo 9

Erik confiesa




“Muchas veces había llegado a pensar que nada le podría hacer daño a la persona que yo quiero. Que, al contrario que yo, sería fuerte e invencible. Pero te das cuenta tarde cuando el peligro ya se lo ha llevado.
Sentí una puñalada en mi corazón cuando todas las ideas se juntaron para formar una sola idea: Sarah se había llevado a Erik. Se formaron en mi mente mil ideas. ¿Seguiría vivo?
Pero los recuerdos a veces carecen de valor. Los actos son solo actos de rebeldía. Las mentiras dejan de ser mentiras. Y las confesiones a veces, pueden cambiarte la vida…”




Me quedé impotente de pie en su cuarto, intentando pensar. Pero la mente se me bloqueaba cada vez que intentaba encontrar una explicación a por qué Erik había seguido a Miley hacia el peligro, y por qué Sarah se lo habría llevado con él.
Me llevé las manos a la cabeza y cerré los ojos fuertemente, reteniendo la furia que me obligaba a destruir el mundo, pero que al mismo tiempo me lo impedía.
Di vueltas por su habitación y cansada de caminar por una habitación vacía, me materialicé en la montaña, donde pensé con más tranquilidad. Entre Miley y yo podríamos encontrarlo y salvarlo igual a cómo lo habíamos hecho con Erika. Seguro que no era tan complicado pensé.
Suspiré. Tenía que haberme dado cuenta de que corría peligro, de que nos seguía de cerca. ¿Por qué no lo había notado? Se suponía que ambos estábamos unidos por un lazo.
Sin embargo, durante los dos siguientes días, no hubo noticia de ninguno de los dos. Nadie sabía dónde estaba Sarah, y mucho menos Erik. Busqué por todos lados, pero no encontré pistas que me llevaran a ellos. O por lo menos, no las vi. La desesperación se estaba haciendo más que notable. Intenté localizarlo mediante el lazo, pero la sensación era como la cobertura de un móvil, era débil. ¿Estaba acaso Erik…?
No, negué con la cabeza. Si estuviese muerto los abría. La razón por la que apenas lo noto al otro lado del lazo era otro motivo. Tenía que serlo.
-¿Qué tal estás? - me preguntó Miley con cara apenada.
-No muy bien. Sigo sin encontrarlos. Sé por el lazo que está débil, que está sufriendo, y por eso yo sufro.
-¿Buscaste bien? ¿En la fábrica?
-También busqué en la fábrica, ¿Pero crees que si Sarah huiría, además cargada con Erik, se escondería en el mismo sitio donde deberían haberla encontrado? Además, no quiero perderme de nuevo en aquel sitio. Me trae malos recuerdos.
-Pero a Sarah la dejaste precisamente ahí. A lo mejor ahí tienes la pista para encontrarlos. Por algún lado tuvo que escapar.
La miré. Tenía razón.
-También me encontré con Carla. Parecía… culpable.
-¿La seguiste? - preguntó.
-Sí. Pero no me llevó a ningún sitio claro. Parecía un pato mareado.
-Quizás…
Nos miramos.
-¿Quizás qué? ¿Quizás sabe que la seguía? No digas tonterías…
Aquel día dijimos en voz alta delante de Erika que existías. Pudieron habernos oído y decírselo a Carla.
-¿Pero Carla metida en todo esto? ¿Tú crees?
Miley suspiró.
-A estas alturas ya nada me impresionaría.
Hubo un rato de silencio, en el que ambas miramos al lado del parque.
-Voy a ver en la fábrica.
Miley, seriamente, asintió.
Me costó entrar allí. Pero me hice valor, y aunque me faltaban ganas, entré y me puse a buscar por todos lados en busca de pistas. Encontré el lugar donde se había derrumbado la pared. Por último conseguí encontrar el lugar donde había dejado a Sarah inconsciente. Miley tenía razón, la pista estaba allí, tan fácil.
Observé sangre en el suelo. Me quedé de piedra. ¿Sería de…? En un alambre había un trozo de tela azul enganchado. Me acerqué, lo cogí y…
… mi mente visualizó algo.
Apreté la tela con fuerza mientras parecía ser transportada a un sitio confuso que mareaba. Erik había estado allí, hacia Ricky que estaba en el suelo. Pero Sarah no. Entonces, esta apareció de la nada y le golpeó en la cabeza. ¿Cómo no lo había sentido? Luego lo agarró de los pies y lo arrastró dejando un reguero de sangre. Temblé. La visión desapareció.
En la realidad, el reguero de sangre seguía allí, un poco menos notable. Lo seguí hasta una alcantarilla, y bajé por ella. Allí solo había gotas de sangre que giraban a la derecha, y supuse que lo habrían llevado a hombros. Pero Sarah no habría podido así que necesitaba ayuda.
Patrick hubiera sido una buena ayuda, por ejemplo.
Volví a junto Miley.
-Tenías razón. Encontré pistas allí. Sé por donde escaparon. ¿Vienes?
-¿Ya? ¿Nosotras solas? - preguntó Miley preocupada.
-¿No pudimos nosotras con el resto? Ahora son menos, sé que podremos. Estoy segura.
Después de un rato, Miley asintió, y las dos nos dirigimos hacia la fábrica. Una vez llegamos allí, continuamos por los pasadizos hasta llegar al punto de partida.
-Aquí golpeó a Erik y lo arrastró hasta la alcantarilla. Posiblemente Patrick la ayudó a cagar con él, porque lo bajó y luego… - fui explicando mientras ambas bajábamos -, alguien cargó con él. Lo sé por las gotas.
Miley asintió. Caminamos siguiendo las gotas, que cada vez eran menos. Hasta que desaparecieron totalmente. Al final había tres salidas diferentes.
-Vale, ¿Por cuál vamos ahora?
Tú vete por el del centro y yo iré por el de la derecha. Si no es ninguno iremos por el de la izquierda.
-¿Y si es alguno? - preguntó.
-Pues se espera por la otra - dije sin más, y avancé. Quería encontrar a Erik cuanto antes y liberarlo.
Después de un buen rato caminando, comprendí que aquella no era la correcta, y con rapidez, retrocedí. Justo cuando salía, también Miley se había percatado que no era la correcta.
-La de la izquierda entonces - asentimos las dos a la vez.
Más adelante, volvimos encontrar gotas de sangre. Íbamos por la correcta. El túnel se hizo largo. Por fin, encontramos el final. Había un ventilador al final, que se movía muy lentamente.
-Habrá que atascarlo para poder pasar ¿no? - dijo Miley molesta por aquel problema que se le había presentado.
-No sé, inténtalo. Te espero - dije, y traspasé el ventilador.
-Claro, así cualquiera - se quejó.
-Si quieres, puedes suicidarte.
-No, gracias.
Aunque le dije a Miley que la esperaría, no pude evitar curiosear. Encontré varias puertas. Atravesé una de ellas.
-¡Que quieres que hagamos! Mira, te busca la pasma, paso de marrones, te las apañas tú sola.
Al otro lado, estaba Patrick y Sarah discutiendo. Sentí un gran alivio. Los había encontrado. Posiblemente allí estaría también Erik. Lo había logrado.
-Sois unos traidores, no servís para nada., ¿así me apoyáis? Vale, iros, dejadme sola, sé arreglármelas sin vosotros.
Patrick enfadado abandonó la estancia. Sarah no me podía ver, pero observé que no paraba de mirar hacia los lados como si intentara percibir algo. Aquello respaldó la teoría de que podía saber de mi existencia. Salía de allí y fui en busca de Erik, entrando en todos los compartimentos que encontré.
En la última puerta, di con él.
Se me partió el corazón. Igual que Erika, él estaba atado a una silla, pero en peor situación. Tenía el cuerpo lleno de magulladuras. El sufrimiento de todos aquellos golpes los había sentido. En la cabeza tenía una enorme mancha de sangre que resaltaba con su pelo rubio, debido al golpe que le dio Sarah. Parecía muy cansado y dolorido.
-Dios… no entiendo cómo pudiste hacer esto, eres un absoluto idiota, ¿Cómo te salvaré si estoy muerta? - le dije con el corazón partido.
Oí pasos. Erik abrió los ojos débilmente y soltó un quejido. Sarah entró por la puerta, y se lo quedó mirando.
-Hola de nuevo - dijo con una sonrisa maliciosa.
Patrick entró tras ella. Llevaba a Miley a sus hombros, inconsciente. La soltó sobre el suelo.
-Nos ha descubierto.
Sarah primero miró a Miley, luego a Patrick.
-¿Ahora es nos? ¿No era me? No juegues conmigo Patrick - le advirtió.
-La he tenido que dejar inconsciente - dijo rehuyendo del comentario -, sino se lo diría a la policía.
-Si está aquí, ella andará cerca. Lo intuyo.
En esto, Miley abre los ojos y posa su mirada en mí.
-Dayanne… - dijo débilmente.
-No te preocupes, estoy aquí.
-Dile que se vaya - dijo Sarah a mis espaldas.
Me giré y la vi con un cuchillo alrededor del cuello de Erik. Ahogué un grito y me quedé inmóvil aunque no servía de nada.
-Dile que se vaya o lo mato - advirtió.
Miley dijo que no con la cabeza, y Patrick la golpeó dejándola inconsciente de nuevo.
-¡Miley! - grité.
-Te lo advierto Dayanne, o desapareces, o mato a tu querido Erik - amenazó. La miré. ¿Qué había sido de la dulce Sarah? ¿De mi amiga?
-¡No! ¡O romperás el trato! - una nueva voz irrumpió. Era Carla.
-¿Qué haces aquí? Te dije que no vinieses - le gritó Sarah furiosa.
-Me dijiste que no le harías ningún mal, sino me chivaría.
-¡Pero las cosas han cambiado! Ella está aquí.
Carla tembló ante aquello. Pero su atención siguió sobre Erik.
-Tengo gente que lo sabe que podría decírselo a la policía si me matáis. Suéltalo.
-¿Y? Cuando te maté y ellos lo sepan, si es que lo saben, ya me habré ido.
Impotente, vi como de la garganta salía un pequeño hilillo de sangre. Me acerqué aprovechando que estaba distraída y le agarré de la muñeca alejando el cuchillo del cuello de Erik. Hubo un rápido forcejeo en el que Sarah terminó cortándose la palma.
-¡Patrick! Deja de estar ahí haciendo el idiota. ¡Haz algo!
Observé a Patrick que se preparó para abalanzarse donde creyó que estaba mi cuerpo por la posición del cuchillo. Levanté el cuchillo y dejé que me traspasara. Con fuerza, eché el brazo hacia atrás para lanzárselo. El cuchillo le dio en la pierna, y este gritó, agarrándose a Sarah, que intentó quitárselo de encima con repugnancia. Mientras, me acerqué a Erik y le quité las cuerdas que lo amarraban. Carla se acercó y agarrándolo con fuerza lo alejó de Sarah y Patrick.
-¡Suéltame! - gritó Sarah furiosa al ver que habían liberado a Erik. Se agacha y le arranca el cuchillo que tenía en la pierna, y con fuerza, se lo clava en el hombro a sangre fría. Patrick grita de nuevo y se suelta. Sarah nos mira, y vuelve a quitarle el cuchillo a Patrick.
-No pienso dejar que viva - dijo tajante.
Lanzó el cuchillo en dirección al pecho de Erik.
En aquella milésima de segundo todo pareció ir a cámara lenta. Las cosas se habían complicado mucho, quizás demasiado. El rescate de Erik no había sido tan sencillo como planeaba. Las cosas habían salido mal. Con horror, me lanzó en la trayectoria del cuchillo, igual que hice una vez con Naomi, con la esperanza de que no me atravesara.
Pero me atravesó.
Caigo al suelo y giro la cabeza imaginando a Erik falleciendo. Pero lo que veo es a Carla delante de él, en modo de protección, y con un cuchillo clavado en el pecho.
-¡NO! - gritó Sarah una vez. Carla cayó al suelo, delante de un Erik ya totalmente despierto, que se agachó sobre ella con la cara pálida, tomándole el pulso para ver si seguía viva. - ¡Ese cuchillo no iba para ti! ¡Siempre estás en medio de todo!
Mi mirada se movió con lentitud sobre la estancia mientras me levantaba. Los sonidos desaparecieron por completo a medida que Sarah alzaba el volumen como una loca gritando y gritando. Miley continuaba tirada en una esquina, inconsciente por los golpes. Patrick estaba sin fuerzas para gritar después de las dos cuchilladas, que no cesaban de sangrar. Y mientras, Erik miraba a Carla con ojos vidriosos, como si ella fuese algo delicado que podría romper. Sentí una agonía que me subió por la garganta. Sentí que algo dentro de mí, algo desesperado, se calentó. Algo que me incitaba a buscar una solución. Algo fuerte que ardía en mi pecho, y que se transmitía a mis ojos. Cerré los ojos y sin poder evitarlo, lloré. Igual a cuando Erik tuvo aquella pelea, me dejé llevar por un susurro ahogado dentro de mi cabeza y dos frágiles llamas asomaron por mis ojos captando la atención de Sarah que dejó de gritar, y miró el fuego en forma de lágrimas con un rostro dolorido. Un rostro apenado. Un rostro traumatizado.
Durante un momento de silencio, las gotas de fuego se dejaron llevar por la gravedad hacia el suelo de madera húmedo. En cuanto estás tocaron suelo, el silencio se disipó dentro de mis oídos, y sólo pude oír el sonido hambriento de las llamas que prendieron fuego en el suelo y llegaron a un armario que fue lo primero que empezó a arder con fuerza.
Aquello había sido mi culpa. Si todos ardíamos había sido mi culpa.
Algo dentro de mi corazón me llevó a tranquilizarme. Sin saber muy bien qué hacía, mi cuerpo se giró en dirección a Erik. Posé mis manos en sus hombros y sentí una fuerza que nos rodeó. El mundo pareció girar a nuestro alrededor. Sentí como su cuerpo y el mío se materializaban sobre el exterior, en un lugar donde había hierba, en el que Erik cayó soltando todo el aire de los pulmones.
Me giré preparada para volver y hacer lo mismo con los demás, como si lo hubiese hecho durante toda mi vida.
-Gracias… gracias… - frené en seco y giré la cabeza hacia Erik de forma veloz. Él abrió la boca con una palabra atascada en su garganta. Levantó la cabeza y sus ojos se toparon con los míos -… por ayudarme - dijo al fin.
El silencio parecía volver a adueñarse a nuestro alrededor. Nos miramos. Pensé que iba a echarme a llorar mientras una mueca extraña se apoderaba de mi cara, mientras Erik me miraba culpable. Después, de forma rápida, bajé la mirada con la sensación de que todo volvía a dar vueltas y me iba a desmayar. Volví a materializarme dentro de la estancia.
Me llevé las manos a los ojos en cuanto volví a aparecer allí. Las llamas habían crecido y casi toda la estancia estaba ardiendo.
-¡Tú! ¡No deberías seguir aquí! - oí a Sarah gritar con dolor en sus palabras -, sé que estás ahí Dayanne, y pagarás por lo que me hiciste. ¡Te suicidaste sin pensar en mí!
La miré seriamente. Me acerqué a ella y me metí dentro para poder hablar con su propia boca, pero dejando algo de su conciencia para que pudiese escucharse.
-Yo no me suicidé sin pensar en ti, yo me suicidé porque el dolor era insufrible. Necesitaba liberarme.
-¡Y aún así salvas a Erik, siendo el culpable de todo! ¡No te importa nada más que Erik! ¡Tú no eres mi amiga!
-¡Yo si soy tu amiga!, ¡Además fingiste a mi lado!
-¡Yo no fingí nada, estúpida! Solamente te odiaba por haberme abandonado. ¡Y pagarás por ello!
Algo en su voluntad me expulsó fuera de su cuerpo. Cogió una tabla suelta y corrió hacia Miley con intención de matarla.
-¡No! - grité. Corrí hacia ella antes de que causara más muertes, y la empujé en el último momento. Sarah se precipitó contra la pared y chocó contra la misma. Quedó inconsciente.
-¿Qué ha pasado? - oí la voz débil de Miley, que parecía volver a estar consciente.
-Tenemos que irnos - le dije seriamente. Aquello no tardaría en derrumbarse.
Los bomberos no tardaron en llegar. Entraron y con rapidez se llevaron a los que quedaban antes de que muriesen quemados. Yo, allí en medio, observé el desastre que había montado. La estructura de lo que fuera aquella estancia estaba apunto de derrumbarse. A Erik le habían secuestrado por mi culpa. Erik… él me volvió a la mente de una forma brusca.
Me veía y posiblemente también me oía.
Quizás fue desde el primer momento, pero claro, no me había dicho nada. Lo había ocultado. No hizo falta preguntarme por qué lo había hecho. La historia parecía repetirse una vez más. Los malos cuentos no terminaban nunca.
La estructura se derrumbó, y yo, me imaginé lo que sería perecer de verdad allí. Deseé hacerlo de verdad.




Hospital.
Siempre el último sitio donde alguien está después de pasar momentos como el que pasé yo. Llevo sentada tanto tiempo en la sala de espera que el único entretenimiento fue ver a los padres de cada uno aparecer.
El médico sale por la puerta, y todos nos levantamos para saber las noticias.
-La chica que se llama Miley ha tenido un fuerte golpe, pero se recuperará - me alegré. -El que se llama Patrick venía con dos puñaladas, una en el hombro y otra en la pierna, y perdió mucha sangre, así que estará con nosotros unos días, ya que una le tocó la vena femoral, pero está estable. -La joven llamada Carla falleció nada más llegar al hospital. Lo siento. - Los padres de Carla se echaron a llorar desolados.
-¿Y mi hijo? ¿Cómo está Erik? - salta su madre desesperada.
-Su hijo está bien. Sólo tiene un golpe en la cabeza y algunas contusiones. Le recetaremos pastillas para lo de la cabeza y listo. Hoy ya le damos el alta. Sin embargo, la chica llamada Sarah, recibió un golpe muy fuerte, y no sabemos si le afectó a la memoria, si habrá perdido recuerdos de hace días, semanas o meses, lo sabremos en cuanto se despierte.
Me mordí el labio. ¿Le había hecho perder la memoria a Sarah?
Por la puerta vi aparecer a Erik con su chaqueta en la mano, caminando con tranquilidad. Levantó la cabeza y nuestras miradas se toparon. Rápidamente, bajó la mirada. Desaparecí de allí y me materialicé en la habitación de Miley.
-Eh… Miley… ¿Me oyes? - Miley abrió débilmente los ojos.
-Hola héroe, ¿Cómo estás?
-Bien. ¿Cómo estás tú? He estado preocupada por ti.
-De momento solo me duele la cabeza. ¿Qué pasó? ¿Cómo están los demás? ¿Qué me he perdido?
-Bueno - suspiré -, Carla ha muerto, Sarah le clavó el cuchillo en el corazón por error, porque se interpuso para salvar a Erik. Luego Patrick está estable con cuchilladas, y Erik está bien. Además, prendí fuego a la estancia.
-Vaya… ¿Y Sarah? ¿Por qué nunca la mencionas?
Suspiré.
-Sarah recibió un buen golpe y quizás perdió algo de memoria. No sabremos cuánto habrá olvidado hasta que se despierte - ella asintió - ¿Tú lo sabías verdad?
Me miró seria, cansada.
-¿Qué es lo que sabía?
-Que Erik podía verme de siempre.
Suspiró y volvió a cerrar los ojos. Tardó en responder.
-Sí, lo sabía - terminó diciendo.
-¿Por qué no me lo dijiste? - le dije dolida.
-Por muchos motivos, Dayanne. Él no quería decírtelo, tú no debías saberlo aún, las cosas tenían que seguir su rumbo, fluir…
-¿Fluir? - quise echarme a reír -, no tienes ni idea cómo lo pasé pensando que jamás me volvería a ver. Supliqué incluso volver a estar viva y soportarlo a estar muerte y totalmente invisible. En este tiempo lo que habré conseguido es que me odie más aún. Ahora me siento avergonzada Miley - la culpé.
Ella me miró triste.
-Lo siento.
Suspiré una vez más.
-No te preocupes, no estoy enfadada contigo, pero ahora no sé qué hacer, ya no va a ser lo mismo.
-Seguro que todo sale bien.
La miré indecisa, intenté relajarme, y me senté en un asiento.
-¿No vas a ir con Erik? Seguramente ahora quiera hablar contigo ahora que lo sabes - me dice.
Dudé de si eso sería cierto.
-De momento no quiero estar con él. Necesito pensar. Quizás luego me pasé a ver como está.
Ella asintió.




Erik lloró toda la noche por Carla, culpable.
Le había ido a visitar para ver cómo estaba, y había visto, sin que se diera cuenta, cómo se había pasado la noche llorando. Aquello me entristeció mucho, y no sé si quizás me molestó. Por mí jamás lloró así.
A veces, se dormía, pero luego tenía una pesadilla, se despertaba y volvía a comenzar a llorar. Volví al hospital, y di un paseo por la zona pensativa, triste.
-¿Supongo que no te habrás olvidado de mí? - oí una voz a mis espaldas. Me giré. Carla estaba apoyada en una columna.
-¿Qué es lo que quieres?
-Sólo mandarte algunos mensajes. Primero que, de parte de tu Kira, que no intentes cruzar porque sería un gran error, que aún no es el momento y blah blah blah… de parte de Naomi, que está contenta de que hubieses arreglado el problema y más mariconadas de esas. Y bueno, de parte mía - se dejó de apoyar en la columna -, que tengas mucho cuidado con todo lo que se te avecina - me miró con unos ojos crueles y sádicos, que me dieron miedo. Entonces, Carla desapareció.
Unos días después a Miley le dieron el alta, y yo ni siquiera había pasado por casa de Erik ni una sola vez. No tenía fuerzas para hacerlo. Lo evitaba a toda costa. En el instituto, todos se le quedaban mirando de forma extraña. No había nadie en todo el famoso Huntsville que no conociese lo sucedido.
Pero posiblemente eso ya ni me parecía importante.

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Vie Abr 12, 2013 5:36 pm

Capítulo 10

Amistad




“Lo único que he descubierto de todo esto, es que lo único que puede tener un fin concreto es la soledad. La suerte nunca es la misma, no todos la tienen, y no se sabe cuando llegará ni cómo. Quizás la soledad sea igual. Quizás venga sola, quizás no.
Es muy triste mi vida, pero tengo que enfrentarme a la realidad: él me ve, él me oye, él lo sabe todo. Pero… ¿Qué se yo? Sabía incluso más que yo misma, y eso me molestaba. Pero tengo que aprender a no tener miedo. Debo aprender…”




Después de lo de Carla, esta se apareció varias veces para amenazarme sobre un nuevo peligro que yo había despertado. Conseguí volver a casa de Erik. Pero no hemos hablado desde aquello.
Sarah hacía días que se había despertado. Al parecer, no sé acordaba de nada de lo que había hecho, y volvía a ser la misma de siempre. Se merecía ser feliz, por lo que me alegré por ella.
Miley y yo nos hicimos amigas inseparables, y no volví a saber nada más de Kira y Naomi desde el aviso de Carla. Las demás, las antiguas amigas de Sarah, están en la cárcel porque eran mayores de edad.
Dos semanas después de tantos acontecimientos, las cosas comenzaron a normalizarse. Yo continuaba siguiendo a Erik y lo hacía en silencio y a distancia. A veces, ni siquiera lo acompañaba a dónde sea que fuera, y me quedaba en su casa, pensativa.
Aquel día era como otro cualquiera. Estaba sentada en el sofá, con las rodillas dobladas, mirando lo que ponían en la tele, dejando pasar el tiempo.
Erik entró y se quedó un rato en la entrada, en silencio. Lo ignoré y no me moví de mi postura. Con paso resignado, se dirigió a su habitación para ducharse. Cerré los ojos como si así pudiese relajarme. Las cosas ahora eran así. Mi presencia ya no era invisible como antes, y de igual modo antes deseaba que me viese, ahora deseaba todo lo contrario.
Después de la ducha, salió de su habitación y decidió sentarse a mi lado. Me sentí nerviosa. Tenerlo tan cerca me violentaba, así que me levanté y me senté en el otro sillón.
Él suspiró.
Cerré los ojos una vez más, intentando tranquilizarme.
-¿Sabes? Creo que esto ya es demasiado, ¿no crees que tenemos que hablar de una vez del tema? - me preguntó con cansancio.
-No creo que tengamos que hablar de nada. Se supone que ni me ves ni me oyes - le eché una puya entrecerrando los ojos hastiada.
-Me estoy empezando a hartar un poquito de esto.
-Me sorprendes. ¿Te molesta tu propia medicina? - fui todo lo borde que fui, explotando al fin - ¿De quién es toda la culpa? ¡Te lo callaste todo! Y yo como una imbécil creyendo que era invisible para ti… - giré las cabeza intentando controlarme -, ¿De qué quieres hablar entonces? A ti no te importa lo que yo te pueda decir. Estoy cansada de ti, Erik.
Nunca le había sido tan sincera en mi vida, y me sentí bien soltándole todo aquello. Él durante un momento se sintió dolido. Luego pareció enfadarse.
-¡Lo siento! - con sentirlo no valía nada -, siento no haberte dicho nada, sé que hice mal. Y sí me importa si sufres, porque yo no quiero que lo hagas, y lo siento si me comporté como un estúpido estando tu viva, y lo siento por comportarme como una estúpido ahora.
-Dios sabe si no te comportaste como un estúpido - le reproché -, pero me da igual, nada de nuestros sentimientos han cambiado.
-¿Te refieres a esa tontería de que me das asco? ¡Te equivocas! Sólo lo hice para evitar que ambos sufriéramos, pero solo conseguí que tú sufrieras más y… no quería que se repitiera aquello…
Ambos miramos al suelo incómodos. Nunca me habría imaginado estar hablando con Erik después de todo aquel tiempo, y más sin sentir desprecio de su parte.
-Me da igual, ya todo me da igual.
-Pero a mí no me da igual, no solo me arrepiento de ser un idiota, sino que aún por encima, me salvas la vida.
Le miré. Sonreí por primera vez en mucho tiempo.
-¿Sabrás perdonarme?
-Ya deberías saber que yo te perdono siempre, pero nos hubiéramos ahorrado mucho si me lo hubieras dicho desde el principio.
-Quería… volver a disculparme por lo sucedido con… Ángelo…
-No te preocupes. Fue un accidente.
-Y sobre lo que pasó después…
-Lo sé. Sé que fui una estúpida - reconocí pasándome una mano por el pelo nerviosa.
-Yo… ¿Te sigo gustando? - ambos nos miramos de nuevo incómodos.
-Creo que eso se sabe - aclaré.
-Y sobre aquello de que me gustabas y…
-Tranquilo. Ya sé que eso es pasado, no removamos tierra.
Él levantó la cabeza y me miró de una forma extraña que provocó que todo mi cuerpo temblase. Rápidamente, apartó la vista.
-¿Qué te parece si hablamos de todo lo que ha pasado durante este tiempo? para aclarar cosas - me puse nerviosa - ¿Qué pasó aquella noche? - sabía que se refería a la noche del beso.
-Un descuido - dije nerviosa. Él entrecerró los ojos. - Siento haberte pegado cuando descubrí la nota.
-Ah nada, no era la primera vez que lo hacías así que. Pero no te enfades con ella, lo hizo por tu bien.
-¿Te dolió mucho… la muerte de Carla? - pregunté, y pronto quise morderme la lengua.
-No es eso, pero es que… me siento culpable. Ese cuchillo no iba para ella, sino para mí. Murió por mi culpa.
-No te culpes Erik, ella quiso interponerse, lo hizo de propia voluntad, no es tu culpa. - el asintió frotándose la cara.
-Oye, ¿Qué es lo que pasó en el parque?
-Pues… celos supongo - me excusé.
-Pues te vuelves peligrosa cuando estás celosa. Ni siquiera cuando te enfadas, que andas quemando a gente y casas.
-Perdona - dije culpablemente -, no lo hago aposta, es algo que no puedo explicar ni yo.
Ambos nos reimos.
Estuvimos el resto de la tarde hablando amigablemente. Hablamos de todo, de cuando estaba viva, de antes de saber que me veía. Hicimos por fin las paces y arreglamos todos nuestros problemas como personas civilizadas.
Por primera vez en mucho tiempo, era feliz.




Los siguientes meses fueron extrañamente felices. Erik, Miley y yo salíamos continuamente juntos. Erik y yo nos llevábamos genial. ¿Qué más podía pedir?
-Asó que al final, los dos estáis muy contentos de que Dayanne y tú estéis unidos, ¿Eh, Erik? - le dijo dándole un codazo. Me reí.
-Sin comentarios. Erik me aguanta porque no le queda otro remedio - dije yo sonriente.
-Si tuviera que aguantarte, no te diría que podía verte… - me miró de soslayo.
Erik y yo hablábamos mucho, como dos cotorras. Le ayudaba a hacer los deberes, mirábamos la televisión juntos, jugábamos al parchís… Incluso me permitía dormir en el borde de su cama, y me pidió perdón por haberme tirado alguna que otra vez.
-¿Qué se siente al morir? - me preguntó una vez.
-Pues… - suspiré -, primero sientes como si las fuerzas se escapasen muy rápido, te sientes relajada como si estuvieses descansando, como cuando en los sueños quieres correr pero sólo eres capaz de caminar. Y luego hay una presión, y te vas como durmiendo, hasta que te envuelve una oscuridad profunda, y entonces, todos tus pensamientos se cortan y ya nada. Bueno, en mi caso, como ves, fue como dormir y volver a despertar.
-¿Cómo…? - se lo pensó bien - ¿Cómo moriste?
Me puse muy nerviosa.
-Prefiero no hablar del tema.
-¿Por qué? - preguntó extrañado, mientras fruncía el ceño.
-Porque sí Erik, no me obligues a decírtelo.
Él me miró intuyendo que había algo raro en todo aquello, pero lo dejó pasar.
Hace días que las clases se habían terminado, y el verano se abría paso entre nosotros con un calor infernal. Erik y yo pasábamos mucho más tiempo juntos. A veces, íbamos al lago con Miley, y otras nos quedábamos en casa charlando, aprovechando que la madre no estaba.
Pero la felicidad no duró mucho.
Miley se fue de vacaciones sin avisar.
Y Naomi se apareció ante mí y ante un Erik impresionado.
-Dayanne. Ya veo que has averiguado cuál era tu cometido en este mundo. Por fin has visto tus errores, así que ya puedes cruzar.
La miré seriamente, no quería irme. Era simple, y estaba decidido, me quedaría con Erik.
-Lo siento pero no voy a cruzar - le dije seriamente.
-Deberías. Has cambiado demasiado el curso de las cosas, debes frenar esto.
-Pues intentaré frenarlas desde aquí.
-Serán cosas más complicadas Dayanne, ¿Quieres sufrir más? Pasarán cosas que te harán daño a ti y a tus seres queridos ¿Quieres arriesgarte a ello?
Hubo un momento de silencio.
-Me arriesgaré.
El rostro de Naomi se ensombreció y desapareció.
-¿Por qué has decidido quedarte conmigo? - me dijo, devolviéndome al mundo.
-No hace falta que lo entiendas, sólo compréndelo, con eso basta - le sonreí, él me devolvió la sonrisa, y comenzamos a caminar hacia casa.
-¿Nunca te molestó que te siguiera como un perrito faldero? - le pregunté.
-Bueno, algo sí era, pero no para tanto - se echó a reír.
-Es que cuando supe que eras mi lazo, no supe qué hacer, así que decidí seguirte - me reí con él.
-Sobretodo si me seguías con cara de enfadada. Estabas todo el rato enfadada - paró un momento para doblarse de la risa, y se golpeó la pierna a carcajadas.
Si aquello hubiese sido una escena cómica de dibujos animados, me habría salido el símbolo del cabreo en la cabeza y hubiera corrido detrás de él hasta pegarle una paliza.
-Mi cara es mía, y tienes estados de ánimo ¿sabes? Y no me vayas a enfadar que te puedo llevar al hospital - le dije con suficiencia.
Ambos llegamos a casa, que como casi siempre, estaba vacía.
-¿Ah sí? Pues lo dudo, ¿A qué no consigues pegarme? - me retó.
Torcí la cabeza aceptando el reto, y empecé a correr detrás de él, que escapó metiéndose en su cuarto. Cerró la puerta, que yo rápidamente atravesé con un grito de triunfo. No tenía escapatoria, y sin saber dónde meterse, se tiró encima de la cama, rebotó, y se cayó de morros contra el suelo.
Al ver lo cómica de la imagen me doblé de la risa, pero al ver que no decía nada, me asusté y corrí a junto de él.
-¡Erik! ¿Estás Bien? ¡Erik! - le zarandeé. Tumbado boca arriba y sin abrir los ojos, me temí lo peor. Durante una fracción de segundo, mi mente se centró en una especie de calambre que me recorrió el cuerpo al tocarle, y que de pronto, me hizo sentir más viva.
Iba a colocar la oreja en su pecho para ver si por lo menos latía, y para, de paso, averiguar qué había sido ese latigazo de electricidad. Pero de pronto, él se levanta y mi grita ¡Buh!, pegándome tremendo susto que me eché hacia atrás y me golpeé contra el borde de la mesa.
Me llevé la mano a la zona del golpe con el ceño fruncido. ¿Por qué no había traspasado la mesa? Erik me miró también confuso durante un rato. Luego se echó a reír.
-¡Me las vas a pagar, Erik! - le grité dramáticamente mientras me abalanzaba sobre él. Pero él fue más rápido, me esquivó y se dispuso a hacer cosquillas. La electricidad volvió.
-¡No! ¡Para! - grité riéndome. ¿Desde cuando podía tener cosquillas? ¿Qué estaba sucediendo aquí?
-Esto es mortal para los muertos - dijo con voz grave, provocando que ambos nos echáramos a reír.
-Supongo que estás bien ¿no? Después de la caída… - volví a echarme a reír.
Después de un rato calmados, se dispuso a levantarse. Entonces vi en su cuello el collar que me había robado. Me había olvidado de él.
-Erik… ¿Se puede saber por qué entraste en mi habitación sin mi permiso para robarme un collar?
Erik frenó en seco como si la pregunta lo hubiese pillado por sorpresa. Se giró sobre sus talones y me miró con una sonrisa culpable.
-Es que… lo quería - dijo como excusa.
-¿Y ya está? ¿Suficiente motivo para entrar y llevarte algo mío?
-¿Me perdonas? Es que este collar me recuerda a ti.
Nos quedamos en silencio un rato. ¿Le recordaba a… mí? Si hubiera podido me hubiese puesto roja.
Erik miró mi reacción y sonrió dulcemente, lo que sin duda provocó que me pusiese nerviosa.
-Tú me regalas tu collar, y así tenemos algo el uno del otro.
-Algo… el uno del otro… - por un momento lo miré confundida sin comprender bien lo que decía. Erik volvió a sonreír. ¿Por qué me hacía esto? - ¿Y qué tengo yo de ti?
Erik se llevó la mano al cuello indicándome que hiciera lo mismo. Yo confusa me llevé la mano al cuello. Encontré la cadena del collar que llevaba puesto y lo cogí.
-¿Esto…? - dije sin habla mientras sujetaba el collar que me rodeaba el cuello en el aire.
Era un collar con una cadena de plata que tenía como colgante una lágrima, y a ambos lados de la misma una palabra: With you.
Erik asintió sinceramente esperando una respuesta.
-¿Fuiste tú…?
-Sí. Fui yo.
Abrí mucho los ojos. Él era el que me había dejado el collar en la mochila tres días antes de suicidarme.
-Pero… ¿Por qué?
Erik levantó los hombros.
-Me había cansado de la situación. El collar era el primer paso para convencerme de que podía arreglar las cosas contigo. Pero bueno, te moriste después.
-¿Ibas a… arreglar… las cosas? - sentía que algo dentro de mí se rompía en mil pedazos. ¿Por qué tenía que ser el mundo tan cruel? ¿Por qué?
-Relájate mujer - dijo notándome nerviosa. ¿Para eso me había suicidado? ¡¿Para eso?!
Me dejé caer como si de pronto me sintiese muy cansada.
-¿Estás bien? - me preguntó.
-Sí, lo estoy, tranquilo.
Erik dudó por un instante, pero al final asintió y se dirigió al escritorio.
-Gracias, por cierto. Por el collar.
Erik sonrió.
-De nada.
Me lo quedé mirando mientras encendía el ordenador. Agarré de nuevo el collar cuyo dueño al fin había sido descubierto, y sonreí. Me sentía feliz de que todo aquel tiempo hubiese llevado algo que Erik me había regalado.
-Oye, Dayanne… ¿Te puedo preguntar algo?
-Sí, claro, dime.
-Pero prométeme que la responderás. Porque me da que no querrás oírla - advierte él.
Su aviso me echa un poco para atrás.
-Bueno, probemos.
-¿Qué te gusta de mí?
Me quedé con cara de póquer. Erik se giró y me miró.
-Ahora vas a responder sí o sí.
-¿Para qué quieres saberlo? - respondí cauta.
-Siento curiosidad - se echó a reír.
Suspiré. ¿Podría?
-Pues… - Erik se apoyó mejor en la silla para oírme mejor, y yo entrecerré los ojos -, me gustan tus ojos, tu forma de ser… bueno, tu forma normal de ser - aclaré -, y que me pareces muy guapo y que… stsbeno.
-¿Qué? - dijo él con una sonrisa - lo último no te lo oí.
-Que stasbeno… - dije de nuevo con rapidez. ¿Por qué no habría decidido omitir ese dato?
-¿Lo qué? - volvió a preguntar.
-¡Huy! - grité - ¡Que estás bueno, joder!
Erik y yo nos miramos durante un instante, y luego él se echó a reír.
-Me encanta esto - dijo mientras se partía. Puse cara de enfado y le tiré una almohada. Le di en la cara.
Después de eso comenzamos con una mini pelea de almohadas. Luego, ambos nos fuimos a dormir cansados. Fue cuando la frase de Naomi me vino a la cabeza.
“Serán cosas más complicadas Dayanne, ¿Quieres sufrir más? Pasarán cosas que te harán daño, a ti y a tus seres queridos, ¿Quieres arriesgarte a eso?”
¿Qué cosas malas faltaban por pasar aún? ¿Es que ni muerta las cosas iban a ir bien?

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   Dom Abr 14, 2013 1:28 pm

En el primer mensaje del tema, donde está el prólogo, puse la imagen del primer libro (un poco simple, lo sé, pero es que no tengo tiempo para diseñar la que yo quiero, así que decidí que se quedara así), y la introducción del libro en forma de dos poemas. Es que se me olvidara ponerlo

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MensajeTema: Re: Saga Nexo (Libro primero: NEXO)   

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